Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Especie emblemática de la región

"O se controla el cormorán, o la tenca desaparece de Extremadura"

Piscicultores y sociedades de pesca alertan de que la expansión de esta ave está reduciendo la producción, encareciendo la repoblación y vaciando las charcas de tencas en Extremadura. El pez extremeño por excelencia celebra este fin de semana su fiesta anual en Mata de Alcántara mientras el sector reclama medidas urgentes para frenar la amenaza

Alevines de tencas criados en una piscifactoría.

Alevines de tencas criados en una piscifactoría. / El Periódico

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Cáceres

Ramón Barrera vio hace cuatro años una oportunidad de negocio en la cría de tencas. Conocía el sector como aficionado a la pesca y comprobó que existía una demanda a la que los productores apenas si conseguían abastecer. "Había un nicho de mercado", explica. Así nació Tencas Chiquitín, una pequeña piscifactoría que puso en marcha en Casar de Cáceres como actividad complementaria a otras de su empresa. La explotación se especializó exclusivamente en producir tencas para repoblación, fundamentalmente destinadas a sociedades de pescadores.

Su última producción salió en mayo. Detrás de la decisión de echar el cierre estuvo un motivo que Barrera coloca por encima de todos los demás: la creciente presencia del cormorán y las pérdidas que eso le ha provocado. Porque si en un principio el negocio iba funcionando, el aumento del número de ejemplares de esta especie hizo que la producción se redujera "por encima del 30%" durante los dos últimos ejercicios.

Ejemplar de cormorán.

Ejemplar de cormorán. / El Periódico

El problema, precisa, es tanto la voracidad del ave como su capacidad para adaptarse a los métodos utilizados para espantarla: "Es sumamente inteligente", asevera. Los productores recurren a "medios visuales, auditivos, lanzamiento de cohetes" y distintos elementos destinados a proteger los peces. Pero su efectividad, según Barrera, dura muy poco: "Al final, ellos a eso se acostumbran y en dos días es como si no hubieras puesto nada".

La presión puede ser enorme cuando las aves llegan en grandes grupos. Barrera calcula que "cada ejemplar come un kilo y medio de tencas al día" y que, dependiendo del tamaño de los peces, eso puede representar "entre 15 y 20 diarios cada pájaro". Además, sostiene que el número de aves que frecuentan la zona se ha disparado. "Hemos pasado de tener una presencia de bandos de 30 o 40 a que sean de 300 o 400 pájaros. Multiplica por cada día lo que comen de peces", resume. Además, "trabajan de manera coordinada para la pesca, se organizan en los grupos para que el éxito sea mayor", cuenta.

Alevines de Tinca tinca en Tencas Atanasio, en Montijo.

En una piscifactoría dedicada a la reproducción, el daño es todavía mayor porque los cormoranes, según explica, se dirigen hacia los ejemplares que ya presentan un cierto desarrollo. "El más pequeño lo descartan porque les requiere mucho esfuerzo y gasto de energía. Ellos van ya al pez que está más desarrollado, que está previo a lo que es el tamaño adulto", aclara.

Una presencia cada vez más permanente

Barrera apunta que también se ha observado un cambio en el comportamiento de estas aves. Antes, dice, su presencia era estacional. "Era una especie migratoria que aparecía por los meses más o menos de diciembre y estaba aquí hasta marzo", explica. A día de hoy, en cambio, "hay algunas que ya se han quedado aquí de manera permanente y están todo el año". A su juicio, esa permanencia genera además "un efecto llamada" sobre los ejemplares migratorios y hace que su número aumente progresivamente.

La tenca, añade, es especialmente vulnerable. Suele vivir en charcas poco profundas y tiene un comportamiento defensivo que puede resultar eficaz frente a otros depredadores, pero no frente al cormorán. "Es un pez que es muy tranquilo" y, cuando se siente amenazado, "suele quedarse inmóvil para huir del depredador". Frente al cormorán, esa estrategia se vuelve en su contra: "El cormorán bucea, se sumerge, es un gran nadador, tiene una visión espectacular fuera y dentro del agua", por lo que esa inmovilidad "le facilita la pesca". "El único medio que sería eficaz, tristemente, sería el descaste mediante caza, pero no está permitido", apostilla.

La paradoja es que la tenca tiene mercado. Y mucho. "Ahora mismo el problema es que se demanda muchísimo más de lo que se está produciendo", aduce. Si el cormorán sigue proliferando así "y no se ponen medios", este pez, el más emblemático de la región (este fin de semana celebra su fiesta anual en la localidad cacereña de Mata de Alcántara), "acabará desapareciendo", pronostica.

Sociedades de pesca en alerta

"Si no se hace nada, nos vamos a quedar sin tencas en Extremadura", coincide Jesús Pacheco, secretario y tesorero de la Asociación de Sociedades Deportivas de Pesca y Productores Acuícolas de Extremadura, una organización fundada precisamente para buscar soluciones ante una situación que, asegura, no ha dejado de empeorar. El colectivo agrupa actualmente a unas 40 sociedades de pesca (casi la mitad de las que hay en la región vinculadas a este ciprínido) que en conjunto reúnen a más de cinco mil pescadores. "La creamos el año pasado a raíz de toda esta problemática con el cormorán", detalla Pacheco, quien señala que la entidad mantiene conversaciones con la Junta de Extremadura para tratar de encontrar una salida.

Suelta de ejemplares para repoblar La Charca, en Casar de Cáceres.

Suelta de ejemplares para repoblar La Charca, en Casar de Cáceres. / El Periódico

Pacheco incide en que la protección de esta ave a escala europea potenció su expansión y que el cormorán ha encontrado en las charcas extremeñas un lugar especialmente favorable para alimentarse. "Es un ave oportunista y es muy inteligente" y se encuentra con "unas charcas limpias, con animales que no tienen espinas y tienen un tamaño que para ella es ideal". "No es solo lo que se come. Muchas se mueren de estrés, muchas salen del agua cuando vienen los cormoranes", describe.

Las sociedades de pesca combinan la reproducción natural de las propias poblaciones de peces de sus charcas con las compras a productores. Pero si hace unos cinco años había "diez o doce" instalaciones de cría en Extremadura, actualmente quedan únicamente tres.

Un pescador muestra una captura.

Un pescador muestra una captura. / Rafa Javier

Esta reducción de la producción ha tenido además una consecuencia económica inmediata. La tenca disponible para repoblación es más escasa y considerablemente más cara. "Se ha multiplicado por dos y por tres el precio", señala. Recuerda que hace cinco o seis años podían comprar ejemplares "a menos de 50 céntimos" y que actualmente una tenca de unos 15 centímetros "está de media a 1,50 euros la unidad". Además, menos tencas significa menos capturas y, por tanto, menos aficionados interesados en mantener su vinculación con estas entidades. La consecuencia, razona, es que "los socios están disminuyendo", porque "un socio lo que quiere es pescar y si no hay peces, pues la gente no va".

Varios aficionados pescando en La Charca, en Casar de Cáceres.

Varios aficionados pescando en La Charca, en Casar de Cáceres. / El Periódico

Pone como ejemplo su propia sociedad, en Casar de Cáceres. "Seis o siete años" atrás, recuerda, contaban con "350, 400 socios" y actualmente se encuentran en torno a los 220. No se trata, según afirma, de un caso aislado, ya que otras sociedades importantes de la zona, la tenquera por excelencia en Extremadura, también han sufrido descensos acusados en su número de integrantes. La preocupación se extiende asimismo al relevo generacional. "No conseguimos animar a niños; si un niño va a pescar y no coge peces, ¿qué hace? Se acaba la afición", argumenta. A ello se suma el mantenimiento de los gastos fijos de las sociedades, que deben afrontar costes como el de los guardas mientras cuentan cada vez con menos asociados para sostenerlos. "Hay muchos pueblos en los que van a empezar a desaparecer las sociedades de pesca", aventura.

Entre las soluciones planteadas aparece el control de la población de cormoranes. Pacheco recalca que ya no se trata únicamente de una cuestión extremeña o española, sino de "un problema europeo". De hecho, avanza que se están estudiando actuaciones en las zonas de cría del norte de Europa para limitar la reproducción de la especie.

Pérdidas de hasta el 70%

"En un par de charcas este año me han dejado el 30%. Se han llevado el otro 70%". Manuel Atanasio, propietario de una piscifactoría en Montijo, sintetiza así el impacto que está teniendo el cormorán sobre su explotación. Asegura que el problema ha alcanzado este año una dimensión especialmente grave: "Nos ha azotado muchísimo". Las lluvias abundantes, como las del inicio de 2026, puntualiza, pueden agravar la situación. Cuando los ríos bajan cargados de sedimentos, el cormorán encuentra más dificultades para localizar los peces y busca aguas más claras. "Se viene a las charcas de piscifactoría, donde no está entrando todavía el agua con fuerza y el agua está clara, y se pone morado", relata.

Manuel Atanasio, en las instalaciones de su piscifactoría, en Montijo.

Manuel Atanasio, en las instalaciones de su piscifactoría, en Montijo. / El Periódico

Frente a esta situación, el propietario de Tencas Atanasio considera que el control poblacional es una de las posibles alternativas, aunque reconoce las dificultades administrativas y sociales que conlleva actuar sobre esta especie. Lo primero sería, además, "demostrarle a las autoridades que hemos empleado todas las posibilidades que hubiera sin muerte anteriormente".

Por ahora, el uso de otros sistemas obliga a piscifactorías y sociedades de pescadores a asumir el coste de sistemas disuasorios cuya eficacia considera muy reducida y que en ocasiones tienen además limitaciones adicionales por la afección que provocan en el resto de la fauna silvestre.

Fiesta de la tenca de 2022, en Villa del Rey.

Fiesta de la tenca de 2022, en Villa del Rey. / Carla Graw

La experiencia de su propia explotación le lleva a ser especialmente escéptico con estos métodos. "Nosotros hemos probado cometas, espantapájaros, sonidos, luces..., y se acaba acostumbrando a todo". El problema, señala, es también de horarios: el cormorán aparece "justo al amanecer", se alimenta y se marcha antes de que muchas de las medidas puedan aplicarse. Incluso ha observado ejemplares entrando en estanques de apenas seis metros de diámetro. "El primer día se paran en un árbol a ver, pero el segundo, cuando confirman que la cosa está tranquila, aterrizan ya en él".

Un modelo productivo trastocado

El cormorán no solo reduce el número de peces disponible, sino que, según Atanasio, ha alterado el funcionamiento tradicional de la producción de tenca en Extremadura. La función tradicional de los criaderos consistía en producir alevines y suministrarlos a esas sociedades para que terminaran de desarrollarse en las charcas. El sistema permitía que los peces crecieran allí durante meses y que los ejemplares que no fueran capturados permanecieran para la temporada siguiente. "El cormorán lo ha trastocado todo". "Tú ahora mismo echas tencas en una charca y lo que no se pesque ese año, el cormorán en invierno se lo come. Y las charcas las deja peladas".

Como consecuencia, las sociedades han cambiado también sus pedidos. "Actualmente solicitan tallas de 15 centímetros, ya pescables o muy próximas a ella", explica. La intención es soltarlas una vez que se ha marchado el cormorán, permitir que alcancen rápidamente el tamaño necesario y capturarlas ese mismo año.

Para las piscifactorías, ese cambio supone un importante cuello de botella. "Nosotros podemos crear mucho alevín, lo que no podemos conseguir en nuestras explotaciones es coger tantísimo pez y llevarlo a talla grande, porque no hay recursos, no hay suficiente espacio". Antes podían abastecer al sector con peces pequeños; ahora, reconoce, "no damos abasto con las tallas grandes".

A ello se suma la creciente presencia del propio cormorán. A partir de recuentos anteriores y de sus propias extrapolaciones, sostiene que podrían haberse superado "los 20.000 cormoranes por temporada en Extremadura". Según sus cálculos, con un consumo medio aproximado de 450 gramos de pescado por ave y día, los ejemplares que llegan durante esos cuatro meses podrían retirar de las aguas extremeñas "más de 1.000 toneladas de peces".

Atanasio agrega que el impacto no recae únicamente en pescadores y piscicultores. "Lo sufren nuestros ecosistemas", esgrime, al recordar que numerosas especies —entre ellas garzas, martines pescadores o culebras— también dependen de los peces para alimentarse.

Después de once años al frente de su piscifactoría, considera que el sector atraviesa uno de los momentos más delicados para la actividad. Y recalca que la situación no puede atribuirse exclusivamente al cormorán: "Es un acoso total por todas las especies".

Otras especies agravan el problema

Entre las amenazas más recientes menciona la pseudorasbora, una especie cuya expansión le preocupa especialmente. "Este pez tiene una capacidad de proliferación brutal", asegura. Ya lo ha detectado en una charca y "es una locura ver las tencas delgadas y al mismo tiempo millones de estos peces comiendo todo lo que puedan encontrar".

También cita el percasol y la gambusia. Esta última, explica, se reproduce con enorme rapidez y puede depredar sobre huevos y larvas de otras especies. La vulnerabilidad de la tenca es especialmente alta durante la reproducción: "La tenca suelta sus huevos, se fecundan y no hay un nido, no hay una protección del pez hacia sus huevos, con lo cual quedan expuestos durante unos días a los depredadores".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents