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Efectos de las llamas

La residencia de Caminomorisco fue el gran refugio frente al fuego: 202 camas listas en solo 15 minutos

Julio Bravo, director del instituto, relata cómo el centro se prepara cada verano para recibir evacuados y recuerda que ya ha tenido que abrir sus puertas en cuatro incendios en los últimos cuatro años

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

La residencia de estudiantes de Caminomorisco se ha convertido en los últimos años en mucho más que el lugar en el que se alojan durante el curso los alumnos que viven en las alquerías más alejadas de Las Hurdes. Cuando llega el verano y aumenta el riesgo de incendios, el edificio queda preparado para transformarse en cuestión de minutos en centro de evacuación, con 202 camas disponibles para recibir a quienes tengan que abandonar sus casas por el avance de las llamas.

Quien conoce bien ese funcionamiento es Julio Bravo, profesor y director del Instituto de Caminomorisco, que en los cuatro años que lleva al frente del centro ha visto cómo la residencia ha tenido que utilizarse cuatro veces para alojar a personas evacuadas por incendios forestales.

«Llevo cuatro años de director y llevamos cuatro incendios en los que hemos utilizado la residencia como centro de evacuación», resume Bravo. Su cometido no forma parte propiamente del dispositivo de extinción, pero comienza en cuanto los primeros vecinos llegan al edificio. «Al final todo tiene que pasar por nosotros: dónde los ubicas, cómo los ubicas, qué necesidades tienen, si pueden subir escaleras o no pueden subirlas...», explica.

La experiencia acumulada ha llevado al centro a establecer casi una rutina preventiva. Durante julio, la residencia acoge los cursos de verano de la Junta de Extremadura y, una vez terminan, sus instalaciones quedan preparadas para una posible emergencia.

«Cuando cierro en julio dejo la residencia con 200 camas habilitadas, 202 para ser exactos», señala el director. Eso permite reaccionar con enorme rapidez si se ordena una evacuación: «En 15 minutos puedo meter ya a 200 personas porque lo dejamos preparado para eso».

Habitaciones, biblioteca y gimnasio

La magnitud del último incendio volvió a poner a prueba esa capacidad. La dificultad añadida esta vez era que buena parte del personal se encontraba de vacaciones. Bravo destaca especialmente el trabajo habitual del responsable de mantenimiento, al que atribuye buena parte del excelente estado de las instalaciones y que, aunque se encontraba fuera, permaneció pendiente del teléfono para ayudar a poner en funcionamiento todo lo necesario.

La residencia comenzó alojando a los evacuados en sus habitaciones habituales, generalmente preparadas para cuatro o cinco usuarios, pero la llegada de más personas obligó a ampliar progresivamente los espacios disponibles.

«Cuando ya llenamos todas las camas que teníamos, se utilizaron las zonas comunes, la biblioteca, las zonas de estudio, el gimnasio y también el CPR que está dentro de la residencia», explica. «Hemos estado al límite de nuestra capacidad», reconoce.

Pese a ello, Bravo subraya que las características del edificio permitieron ofrecer unas condiciones muy diferentes a las que suele asociarse con una evacuación masiva. Las familias pudieron instalarse juntas en muchas de las habitaciones, que cuentan además con baño propio, aseos y duchas.

«Dentro de la situación trágica que estás viviendo, estás cómodo. No estás en un pabellón con 600 personas», señala.

El centro también se ocupó de atender las necesidades básicas de quienes tuvieron que abandonar precipitadamente sus viviendas, incluida la alimentación. Según relata su director, la valoración trasladada por los propios evacuados fue especialmente positiva.

«Todos me decían al final: “Hemos estado mejor que en casa, hemos estado súper cómodos”», recuerda.

Hasta el punto de que, una vez que se permitió el regreso a determinadas localidades, algunas familias prefirieron pasar una noche más en Caminomorisco antes que emprender el viaje a última hora. «Decían: “Nosotros ya nos quedamos, mañana nos vamos después de desayunar tranquilamente”», cuenta Bravo.

Llegó antes de recibir la llamada

La preparación de la residencia comenzó incluso antes de que existiera una petición oficial. Bravo recuerda que se encontraba tomando un café en Pinofranqueado cuando observó la columna de humo del incendio.

La experiencia de los últimos años le hizo anticipar lo que podía ocurrir. «Vi la columna de humo y pensé que me tenía que ir para allá. Subí a casa, cogí ropa, el cepillo de dientes, el cargador del móvil y me fui», relata.

Cuando posteriormente recibió la llamada para activar el recurso, la residencia ya estaba abierta y preparada para empezar a recibir evacuados. «Me fui media hora antes de que me llamasen. Cuando recibí la llamada, ya estaba todo aquello preparado», recuerda.

Una reacción que resume hasta qué punto los incendios se han incorporado a la realidad cotidiana de un centro educativo que cada verano deja sus habitaciones listas por si vuelven a ser necesarias. En Caminomorisco, 202 camas permanecen preparadas para que quienes tengan que salir de sus casas a causa del fuego encuentren, al menos durante la emergencia, un lugar donde dormir con cierta intimidad y seguridad.

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