Infraestructuras hidráulicas
Unas 80 presas y azudes extremeños afrontan un posible derribo por la normativa europea
El catedrático de la Universidad de Extremadura Julián Mora Aliseda calcula que unas 60 estructuras en la cuenca extremeña del Tajo y otras 20 en la del Guadiana podrían encajar teóricamente en procesos de evaluación para recuperar la continuidad de los ríos

Imagen de un azud en un curso fluvial. / El Periódico
E. B.
La situación de la presa de Hijadilla, en el río Salor a su paso por el término municipal de Cáceres, no es única en Extremadura. La posible retirada de esta pequeña infraestructura se enmarca en una política europea de restauración fluvial que puede afectar a numerosas barreras artificiales repartidas por las cuencas del Tajo y del Guadiana. Según las estimaciones de Julián Mora Aliseda, catedrático de Ordenación del Territorio y Desarrollo Sostenible de la Universidad de Extremadura, este caso no sería ni mucho menos aislado y alrededor de 80 estructuras de la región podrían ser, al menos sobre el papel, susceptibles de entrar en procesos de evaluación para su retirada o demolición.
Una normativa europea detrás de las actuaciones
Mora Aliseda explica que estas actuaciones derivan del reglamento europeo de restauración de la naturaleza, uno de cuyos artículos obligan a inventariar las barreras artificiales existentes en los cursos de agua y determinar cuáles deberían retirarse. El catedrático subraya que se trata de una norma europea de aplicación común, pese a que, a su juicio, las características de los ríos varían considerablemente entre unas zonas y otras del continente.

Imagen de la presa de Hijadilla, en Cáceres. / El Periódico
"No es lo mismo el flujo de agua en los cauces del norte y centro europeos, o del Cantábrico, que en los mediterráneos del sur y suroeste peninsular", sostiene Mora Aliseda. El profesor recuerda que la normativa establece que deben abordarse prioritariamente las barreras consideradas obsoletas, entendidas como aquellas que ya no resultan necesarias para la generación eléctrica, la navegación, el abastecimiento urbano, la protección frente a inundaciones u otros usos.
Una extensa red de azudes y pequeñas presas
Extremadura conserva en las cuencas hidrográficas del Tajo y del Guadiana una red hidráulica histórica formada por azudes, pequeñas presas, represas, vados y otras obras construidas a lo largo de siglos en ríos, afluentes y pequeños cursos de agua. Muchas de estas infraestructuras están vinculadas a antiguos molinos, huertas tradicionales, abrevaderos, aprovechamientos ganaderos o pequeños núcleos rurales.
Para Mora Aliseda, estas construcciones no pueden analizarse únicamente como obstáculos en los cauces, ya que también forman parte de la configuración histórica del territorio extremeño. El agua, arguye, condicionó los asentamientos humanos de manera especialmente intensa en zonas de clima seco y veranos muy calurosos, características presentes en buena parte de Extremadura.
Entre 400 y 600 obstáculos en las dos cuencas
A partir de los inventarios disponibles, el catedrático estima que podría haber entre 300 y 450 obstáculos transversales en la parte extremeña de la cuenca del Tajo y entre 100 y 150 en la del Guadiana. Se trataría, por tanto, de cientos de obstáculos fluviales distribuidos por el territorio regional, aunque Mora Aliseda advierte de que son estimaciones y no cifras absolutas.
Si se toman como referencia las proporciones europeas de barreras consideradas obsoletas o actualmente sin uso y se trasladan de manera orientativa a Extremadura, alrededor de 60 estructuras de la cuenca del Tajo y unas 20 del Guadiana podrían resultar, según sus cálculos, "potencialmente susceptibles de retirada o demolición". De esta forma, en conjunto, serían unas 80 estructuras regionales que podrían encajar teóricamente en evaluaciones destinadas a recuperar la denominada continuidad fluvial.
No hay decisiones tomadas
El propio catedrático matiza que estas cifras no implican que las administraciones hayan decidido ya eliminar esas infraestructuras. "Esto no significa que exista ya una decisión administrativa de derribarlas", precisa. Por tanto, no existe decisión administrativa sobre la demolición de ese conjunto de azudes y barreras, sino una estimación de las estructuras que podrían ser analizadas conforme a los criterios de la política europea.
Mora Aliseda se muestra crítico con las consecuencias que una aplicación generalizada de esta estrategia podría tener en Extremadura. A su juicio, la dimensión territorial preocupa especialmente por las particularidades climáticas y pluviométricas de la comunidad, donde los periodos de escasez de precipitaciones y los prolongados estiajes forman parte del comportamiento habitual de numerosos ríos. La disponibilidad de agua durante los meses más secos, señala, diferencia claramente a muchos cursos extremeños de los grandes sistemas fluviales del centro y norte de Europa.
Entre los ríos donde estas circunstancias adquieren especial importancia, Mora Aliseda cita el Almonte, el Salor, el Ardila, el Guadámez, el Ruecas, el Búrdalo o el Ortigas, cursos sometidos a una marcada irregularidad hídrica. Son ríos con fuertes sequías y acusados descensos de caudal durante parte del año, una realidad que, según el catedrático, debería incorporarse a cualquier análisis previo sobre la eliminación de pequeñas presas o azudes.
Manifiesto conjunto
Pensando Extremadura, asociación presidida por Julián Mora, junto a la organización agraria APAG Extremadura Asaja y la Federación Extremeña de Caza, han firmado un Manifiesto por la conservación y gestión de las infraestructuras hidráulicas, fundamentado en "razones técnicas, medioambientales y sociales que justifican la necesidad de paralizar estas actuaciones y apostar por soluciones de mantenimiento consensuadas, como parte también de un patrimonio histórico". En el texto se alude sobre todo a la posible demolición de la presa de Hijadilla, que los firmantes piden que no se materialice mientras no pueda demostrarse que "el escenario posterior presenta un balance ecológico neto más favorable que el actualmente existente". En este sentido, piden una caracterización hidroecológica previa, especialmente durante el verano, y que se comparen alternativas como la conservación de la presa, la mejora de la permeabilidad para los peces, su adecuación ambiental o la demolición antes de adoptar una decisión irreversible.
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