"Llevamos diez años bebiendo agua de garrafa": el testimonio de los vecinos de Las Hurdes tras otro incendio forestal
La técnica del helimulching se estudia para la recuperación del monte en Las Hurdes, buscando proteger el suelo y frenar el desplazamiento de cenizas hacia los cauces tras el incendio
En Avellanar y Horcajo ya ha regresado el agua corriente

EL PERIÓDICO

El fuego está controlado, los vecinos han regresado a sus casas y la emergencia que obligó a desalojar numerosas alquerías de Las Hurdes ha quedado atrás. Pero sobre el terreno empieza ahora otra batalla. Las cenizas que cubren miles de hectáreas quemadas están siendo arrastradas por el agua y las primeras lluvias ya han provocado problemas de abastecimiento en varios puntos de la comarca. "Ahora llega lo peor del incendio", resume uno de los vecinos afectados, casado y padre de una niña pequeña. En su casa llevan años recurriendo al agua embotellada, pero la situación actual ha llevado esa precaución mucho más lejos. "No solo la usamos para beber, es que la usamos hasta para cocinar. Abres el grifo y el agua es negro chocolate", asevera ya acostumbrado a una estampa que le resulta familiar y por la que se le ve resignado.
La imagen explica por sí sola una de las principales preocupaciones que quedan después de las llamas. El incendio de Pinofranqueado ha afectado, según la última medición provisional del Infoex, a unas 3.765 hectáreas, y la desaparición de la cubierta vegetal deja ahora grandes extensiones de suelo expuestas a la lluvia. Cuando el agua cae sobre esas laderas, puede arrastrar cenizas, tierra y restos vegetales hacia cauces y captaciones. Es precisamente lo que ya ha ocurrido en Las Hurdes tras las precipitaciones registradas una vez pasado el fuego. El Ministerio para la Transición Ecológica advierte en sus actuaciones de restauración tras grandes incendios de que la pérdida de vegetación favorece la escorrentía y puede acelerar el arrastre de cenizas y sólidos, especialmente con lluvias intensas.
Cisternas para garantizar el suministro
El problema ya ha obligado a activar un abastecimiento alternativo. El Consorcio MásMedio de la Diputación de Cáceres mantiene cisternas homologadas de 10.000 litros para garantizar agua potable en las zonas afectadas. Dos fueron instaladas en Nuñomoral para atender también a Cerezal, La Fragosa y Martilandrán, mientras otra permanece en Avellanar, donde el incendio había dañado además las conducciones. La propia institución provincial ha confirmado que las lluvias provocaron la contaminación del agua por un "importante arrastre de cenizas" y que las cisternas seguirán funcionando hasta que existan todas las garantías sobre la calidad del suministro.
Es una consecuencia que preocupa especialmente porque el problema no termina con una única tormenta. Mientras las laderas continúen desnudas y cubiertas por los restos del incendio, cada episodio de precipitaciones puede volver a movilizar materiales. Por ello, entre las medidas que se estudian para la recuperación del monte figura el helimulching, una técnica que permite cubrir desde el aire las superficies quemadas con material vegetal para proteger el suelo, reducir la erosión y frenar el desplazamiento de cenizas hacia los cauces. La Junta ha señalado el abastecimiento de agua como una de las prioridades inmediatas de la recuperación.
El "Machu Picchu hurdano", entre las cicatrices
El paisaje que ha quedado después del incendio añade otra dimensión al golpe sufrido por la comarca. Uno de los lugares que menciona el vecino es El Moral de Horcajo, la antigua alquería deshabitada situada junto al río Horcajo, un conjunto de construcciones tradicionales de piedra y pizarra integrado en plena montaña y que él define como el "Machu Picchu hurdano". "Es una zona preciosa, se estaba reconstruyendo, con casas al lado del río, y se ha quemado. Se ve perfectamente que el fuego ha pasado por allí", lamenta. Durante los peores momentos del incendio las brigadas forestales llegaron a trabajar específicamente en la defensa de El Moral y realizaron quemas de ensanche para proteger también Horcajo.
El agua turbia es así la última imagen de una emergencia que Las Hurdes ha vivido durante días entre evacuaciones, carreteras cortadas, pueblos amenazados y centenares de efectivos luchando contra las llamas. El fuego obligó a salir de sus casas a cientos de vecinos de numerosas alquerías antes de que todos pudieran regresar y dejó una comarca que ahora empieza a medir daños en el monte, infraestructuras, senderos y recursos básicos.
Con las llamas ya controladas, la preocupación cambia de forma. Ya no es el humo que se acerca a las casas, sino qué ocurrirá cuando vuelva a llover sobre miles de hectáreas calcinadas. "No tenemos más remedio que ir adaptándonos", explica este vecino mientras describe un agua que ya no se atreve a utilizar ni siquiera para cocinar. En Las Hurdes empieza la recuperación, pero también una etapa en la que cada tormenta recordará que las consecuencias de un gran incendio pueden continuar mucho después de apagarse el último frente.
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