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Vocación por su trabajo

Anabel Montero, la médica extremeña que cuida los corazones más pequeños: "Los niños que están en un hospital son un referente para mí"

De Zarza la Mayor, estudió Enfermería y Medicina, se formó como pediatra en Salamanca y ahora amplía su formación en Cardiología Pediátrica en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona

La Cardiología Pediátrica se ha convertido en la gran vocación profesional de la médica de Zarza la Mayor.

La Cardiología Pediátrica se ha convertido en la gran vocación profesional de la médica de Zarza la Mayor. / Cedida a El Periódico Extremadura

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Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

Carismática, cercana y con una sonrisa casi permanente, Anabel Montero Placeres siempre ha tenido facilidad para conectar con quienes tiene delante. Y, a la hora de elegir su futuro, lo tuvo claro. Quería dedicar su vida a ayudar a los demás. "Fue algo completamente vocacional", reconoce. Aquella inquietud la llevó hacia la rama sanitaria y fue construyendo, paso a paso, una formación tan exigente como completa. Primero estudió Enfermería, después Medicina, se especializó en Pediatría y ahora continúa creciendo en Cardiología Pediátrica. Todo ello con una idea que ha ido ganando peso con los años. Escuchar, acompañar y ponerse en el lugar del paciente son también una parte esencial de la medicina.

Nació en Coria, pero es de Zarza la Mayor y presume de su pueblo con orgullo. Allí están sus raíces, su familia y sus amigos, ese lugar al que sigue sintiéndose unida por muchos kilómetros que haya sumado su trayectoria. Madrid, Oviedo, Salamanca y ahora Barcelona forman parte de su historia académica y profesional, pero cuando habla de casa aparece constantemente Zarza la Mayor. Medicina llevaba años rondándole la cabeza, aunque antes llegó Enfermería. Comenzó la carrera en Madrid y disfrutó del contacto directo con los pacientes, pero en tercero volvió una sensación que nunca había desaparecido del todo. "Creo que me falta algo", apunta a este periódico. El sueño de convertirse en médica seguía ahí.

La cercanía con los pequeños pacientes es una de las señas de identidad de su manera de entender la medicina.

La cercanía con los pequeños pacientes es una de las señas de identidad de su manera de entender la medicina. / Cedida a El Periódico Extremadura

Dos carreras y una misma vocación

Su padre le aconsejó terminar primero aquello que ya había empezado y Anabel siguió su consejo. Finalizó Enfermería, comenzó a trabajar en las Urgencias del Hospital Gregorio Marañón y, prácticamente al mismo tiempo, volvió a ponerse delante de los libros para alcanzar el objetivo que llevaba dentro. "Soy cabezona y cuando quiero algo, voy a por ello", admite. Poco después ya estaba cursando Medicina. Aquella primera carrera nunca quedó atrás, porque le aportó otra mirada sobre la atención sanitaria, el trabajo en equipo y, sobre todo, sobre la importancia de estar cerca del paciente.

El tramo final de Medicina coincidió con la pandemia y, cuando llegó el momento de preparar el MIR, decidió marcharse a Oviedo para concentrarse por completo en el examen. Después tocaba elegir especialidad y destino. Esta vez pesó del mismo modo la cercanía a casa. "Soy un poco Willy Fog, pero también soy muy familiar y muy de casa", explica. Eligió Salamanca para realizar la residencia de Pediatría, atraída por la formación que podía recibir en su hospital y por la posibilidad de permanecer relativamente cerca de Extremadura. Fueron años "duros", reconoce, pero decisivos para descubrir dónde quería continuar su camino.

En un principio pensó que su futuro estaría en Neonatología. Siempre le habían atraído las técnicas y quería profundizar en ecografía y ecocardiografía, así que una rotación la llevó al Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Allí todo cambió. La Cardiología Pediátrica la atrapó casi sin esperarlo. "De repente me di cuenta de que me encantaba la cardio, me encantaba la eco y me encantó el hospital", recuerda. La experiencia fue tan positiva que pidió volver para una segunda rotación y acabó recibiendo la oportunidad de continuar su formación en el centro.

Tras finalizar este año su residencia de Pediatría en Salamanca decidió "apostar por la cardio a tope". Actualmente amplía su formación en Cardiología Pediátrica en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y la compagina con trabajo asistencial en urgencias pediátricas. En ese entorno se enfrenta a corazones diminutos y, en ocasiones, a diagnósticos enormes. Cardiopatías complejas, recién nacidos que pueden necesitar varias operaciones a lo largo de su vida y familias que deben aprender a convivir con noticias que nunca imaginaron recibir forman parte de su día a día.

La especialista continúa ampliando su formación en uno de los ámbitos más complejos de la Pediatría.

La especialista continúa ampliando su formación en uno de los ámbitos más complejos de la Pediatría. / Cedida a El Periódico Extremadura

"Los niños me enseñan cada día"

Son precisamente esos pequeños pacientes quienes le han dejado algunas de las enseñanzas más profundas de su carrera. "Los niños me enseñan cada día", asegura. Le impresiona la naturalidad con la que muchos afrontan situaciones extremadamente difíciles y también la fortaleza de las familias. "Te hacen relativizar. Creemos que tenemos problemas y luego ves a recién nacidos que van a tener que pasar por mucha cirugía y a familias que, aun así, te agradecen todo. Ellos sí son referentes para mí". Anabel intenta ayudarlos como médica, pero afirma que del mismo modo ellos la hacen crecer a ella como profesional y como persona.

Esa experiencia ha reforzado una convicción. Tan importante como acertar con un diagnóstico es saber explicarlo. En Pediatría, además, delante del médico no está únicamente un niño, sino unos padres que necesitan comprender qué ocurre. Por eso observa con interés avances como la inteligencia artificial, aunque cree que hay una parcela imposible de reemplazar. "Hacer un diagnóstico cada vez es más fácil y la inteligencia artificial puede ayudar bastante, pero hay algo que la IA jamás va a poder sustituir, el trato con el paciente y con los padres". Y cuando no hay una respuesta inmediata, sostiene, hay que saber reconocerlo. "Puedes explicarles que no lo sabes, pero que vas a hacer todo lo que esté en tu mano y que estamos en el mismo barco", manifiesta.

Esa voluntad de hacer fácil lo difícil la ha llevado también a las redes sociales. Anabel cuenta con un perfil de Instagram dedicado a la Pediatría en el que publica vídeos para acercar información médica a las familias utilizando un lenguaje sencillo y cotidiano. "Me gusta explicar las cosas médicas con un lenguaje informal para que la gente me entienda, no para demostrar que yo sé mucho", destaca. La idea cobra especial sentido entre padres primerizos, para quienes una fiebre, una tos o un cambio en el comportamiento de un niño pueden generar muchas dudas al no saber todavía qué puede vigilarse en casa y qué signos requieren consultar con un profesional. "Lo importante es que esos padres sepan qué tiene su hijo y para eso hay que explicarlo de la forma más llana y sencilla posible", insiste.

Anabel Montero, durante la atención a uno de sus pequeños pacientes en el hospital.

Anabel Montero, durante la atención a uno de sus pequeños pacientes en el hospital. / Cedida a El Periódico Extremadura

Menos pantallas y más movimiento

Cuando habla de lo que las familias pueden hacer para proteger la salud cardiovascular de sus hijos, Anabel se aleja de grandes tecnicismos y señala tres cuestiones muy cotidianas. Alimentación, actividad física y sedentarismo. Le preocupa observar a niños cada vez más pequeños pasando muchas horas delante del móvil, la tableta o la videoconsola. "No somos conscientes de la cantidad de obesidad infantil y sedentarismo que hay", advierte. Por eso insiste en fomentar el ejercicio, cuidar la alimentación y vigilar "el uso y el mal uso de las pantallas", porque los hábitos adquiridos desde pequeños pueden terminar condicionando su salud en el futuro.

Pero detrás de la bata también está una Anabel extrovertida, habladora y muy cercana, y una de sus grandes pasiones termina colándose incluso en las consultas. Cantar. Durante una ecocardiografía, un niño pequeño puede tener que permanecer quieto bastante tiempo y ella ha encontrado una forma muy suya de hacerlo más llevadero. "Me pongo a cantarles, canto con ellos y eso crea un vínculo muy bonito", cuenta. No figura en ningún protocolo, pero consigue tranquilizarlos, romper distancias y, muchas veces, arrancarles una sonrisa mientras ella observa en la pantalla ese pequeño corazón.

Después de años entregada a los estudios, las guardias y la formación, asimismo empieza a hacer hueco a sus proyectos personales. "Me encantaría ser madre el día de mañana", confiesa. Profesionalmente, sin embargo, no sueña con títulos ni reconocimientos. "No quiero ser la mejor cardióloga pediátrica. Quiero ser la mejor médica para mis pacientes, darles la mejor atención posible y hacer las cosas de corazón. Con eso ya he triunfado". Y aunque su camino la ha llevado lejos de Zarza la Mayor, la distancia ha acrecentado el orgullo por sus raíces. "Ahora estoy fuera y pienso, qué tierra más bonita, qué cultura, qué gente". Si tiene que elegir lo mejor de Extremadura, no duda. "Su gente". Quizá por eso, después de estudiar Enfermería y Medicina, convertirse en pediatra y adentrarse en la Cardiología Pediátrica, una de sus mayores lecciones no procede de ningún manual. "Saber escuchar es tan importante como saber hablar", finaliza.

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