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Espacio de uso cultural

El castillo que convirtió Montánchez en el ‘balcón de Extremadura’

De fortaleza musulmana a gran enclave de la Orden de Santiago, sus murallas, aljibes y torre del homenaje resumen siglos de lucha por el control del corazón de Extremadura

Vista general del Castillo de Montánchez.

Vista general del Castillo de Montánchez. / EL PERIÓDICO

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Juan José Ventura

Juan José Ventura

Montánchez

Hay castillos que se explican por sus murallas y otros que comienzan a entenderse mirando el paisaje que los rodea. El de Montánchez pertenece a los dos grupos. Levantado sobre uno de los puntos más elevados de la sierra, su silueta domina el caserío y una enorme extensión del territorio extremeño. No es extraño que este privilegiado mirador haya terminado ganándose el sobrenombre de ‘balcón de Extremadura’. Desde allí se controlaba un espacio estratégico para las comunicaciones entre Cáceres, Trujillo, Mérida y otros puntos del centro y sur de la región. El paisaje que hoy busca el visitante fue durante siglos una de las grandes razones de ser de la fortaleza. En la actualidad acoge cada año un ciclo de actividades culturales que alternan los conciertos y el teatro: Encuentros en Montánchez. Diálogo de culturas, con más de veinte años de trayectoria.

El castillo que ha llegado hasta nuestros días es el resultado de muchas épocas superpuestas. Tradicionalmente se han relacionado sus antecedentes más remotos con la presencia romana y existen materiales de aquella época reutilizados posteriormente, aunque la huella medieval más clara es islámica. Algunos lienzos del primer recinto, torres y sistemas de almacenamiento de agua remiten a ese pasado. Fueron especialmente los almohades quienes, durante el siglo XII, dieron forma a buena parte de la fortificación medieval. De aquel periodo sobreviven uno de sus rasgos más reconocibles: tres aljibes, imprescindibles para asegurar el abastecimiento de agua cuando la fortaleza quedaba sometida a un asedio.

Concierto de Acetre en la última edición de los ‘Encuentros en Montánchez’.

Concierto de Acetre en la última edición de los ‘Encuentros en Montánchez’. / EL PERIÓDICO

Un enclave disputado

La primera referencia histórica conocida de Montánchez como fortaleza musulmana aparece en 1095, cuando formaba parte del reino aftásida de Badajoz. Su posición convirtió el enclave en una pieza codiciada durante el avance de los reinos cristianos hacia el sur. Cambió de manos en distintas ocasiones a lo largo del siglo XII. En 1166 cayó en poder cristiano, pero los almohades volvieron a hacerse con la plaza en 1196. La incorporación definitiva al dominio cristiano llegó en 1230, dentro de las campañas de Alfonso IX de León que transformaron el mapa político de la actual Extremadura.

A partir de entonces comenzó otra etapa decisiva para el castillo. Alfonso IX entregó Montánchez a la Orden de Santiago, que convirtió la fortaleza y su territorio en uno de sus principales puntos de apoyo en la Alta Extremadura. Montánchez llegó a ser cabeza de encomienda y adquirió una notable importancia administrativa y militar. Los santiaguistas ampliaron y modificaron las defensas musulmanas, recrecieron muros y levantaron nuevas cercas y recintos alrededor del núcleo primitivo. El castillo que hoy contempla el viajero es precisamente fruto de esa suma de arquitectura islámica y cristiana.

Su irregular trazado se adapta a las dificultades naturales del terreno. La mampostería, el ripio y la cal predominan en una construcción en la que sobresale la torre del homenaje, levantada en la zona más elevada. En su interior existieron diferentes dependencias, entre ellas una cámara, sala de armas, espacio noble y una zona destinada al almacenamiento de grano. Junto a ella, murallas, torres, bodegas y los aljibes ayudan a reconstruir cómo funcionaba una fortaleza concebida no solo para defenderse, sino también para permitir que hombres, víveres y agua resistieran en su interior.

La importancia militar de Montánchez tampoco terminó con la reconquista. Durante los siglos siguientes continuó participando en algunos de los conflictos internos de la Corona castellana. En 1429, el castillo estuvo relacionado con la rebelión de los infantes de Aragón contra Juan II hasta que Álvaro de Luna consiguió recuperar la plaza para la Corona. Con el paso del tiempo perdió parte de su función estrictamente defensiva y llegó a emplearse también como prisión. A comienzos del siglo XVII pasó por ella Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y una de las figuras más poderosas y controvertidas de la corte de Felipe III, antes de ser trasladado a Madrid.

La Virgen del Castillo

Pero la historia de esta fortaleza no pertenece únicamente a soldados, reyes y órdenes militares. Dentro del conjunto se levantó una ermita que terminó vinculando para siempre el castillo con una de las principales señas de identidad sentimental de Montánchez. Allí tiene su hogar la Virgen de la Consolación del Castillo, patrona de la localidad. Su presencia hace que el viejo recinto militar continúe formando parte activa de la vida de los montanchegos siglos después de perder su utilidad defensiva.

Cada año, las fiestas patronales vuelven a unir simbólicamente la fortaleza y el pueblo. La imagen abandona su ermita para descender en procesión hasta el casco urbano y posteriormente regresa al castillo. Es una tradición que convierte el camino entre la localidad y la cima en algo más que un recorrido monumental: durante esos días vuelve a ser el vínculo entre el Montánchez que vive a los pies de la sierra y la fortaleza que lleva siglos vigilándolo desde las alturas.

Hoy el Castillo de Montánchez conserva la contundencia de una construcción que ha sobrevivido a conquistas, reformas y cambios de función. Sus ruinas consolidadas mantienen visibles las distintas etapas de su historia y el recinto permanece abierto a su dimensión turística, patrimonial y religiosa. Pero quizá sea el paisaje el que mejor explica por qué todas aquellas civilizaciones quisieron dominar esta cima. Más de siete siglos después de la conquista cristiana, Montánchez continúa mirando Extremadura desde su castillo, y el castillo sigue siendo el gran vigía de Montánchez.

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