ENTREVISTA | Pablo Schnell Quiertant Gerente de la Asociación Española Amigos de los Castillos
"Siempre es el monumento el que manda y tiene la última palabra"
Pablo Schnell, licenciado en Prehistoria y Arqueología por la Universidad Autónoma de Madrid, es autor de más de cincuenta artículos de investigación y numerosos libros, entre cuyos temas predominan la arquitectura defensiva. Reclama una visión más amplia del patrimonio defensivo, pide extender la conservación preventiva y alerta de la necesidad de preparar los castillos frente a incendios y otras emergencias

Pablo Schnell en un observatorio republicano en la provincia de Guadalajara. / EL PERIÓDICO

El año pasado hablábamos del Plan Director de Arquitectura Defensiva de Extremadura como un proyecto que acababa de ponerse en marcha. La primera fase ya está entregada y la definitiva debe concluirse en octubre. ¿Estamos ante un antes y un después para conocer realmente el patrimonio fortificado extremeño?
Cuando se encarga el Plan Director y empiezan a entregarse los resultados, evidentemente la cuestión ya está encauzada. Un plan director es un manual de uso sobre cómo hacer las cosas. Lo primero es inventariar y, después, establecer una serie de buenas prácticas e identificar los lugares donde es más urgente intervenir. Aunque pueda parecer que un plan director no sirve para nada, es básico. Es por donde hay que empezar siempre, por los cimientos y no por el tejado.
El año pasado cifraba en unas 400 las fortificaciones extremeñas inventariadas por la Asociación, pero la propia Junta reconoce que todavía no existe una cifra exacta. ¿Cree que el Plan Director puede deparar sorpresas y descubrir que el patrimonio defensivo extremeño es mayor de lo que pensábamos?
Evidentemente. El problema del patrimonio defensivo depende también de lo que se quiera encontrar. A veces las administraciones establecen que determinados elementos de la Prehistoria o de otros periodos no forman parte del patrimonio defensivo. Si se dejan fuera determinados periodos o elementos, las cifras serán unas. Pero si lo entendemos como establece el Plan Nacional de Arquitectura Defensiva, un documento de referencia aprobado por la Comisión de Patrimonio, la arquitectura defensiva empieza en la Prehistoria y termina en el siglo XX. Si se inventaría de acuerdo con ese criterio y no se establecen fechas de corte artificiales, como limitarse a la Edad Media, evidentemente nos iremos a cifras muy superiores a los 400 ejemplos. Pensemos en la riqueza de Extremadura en fortificación romana, en las obras relacionadas con las guerras sertorianas o en la Guerra Civil. Tengo aquí el inventario de Badajoz publicado el año pasado y solo en fortificaciones de la Guerra Civil hay más de 400 obras. En el momento en que se empieza a buscar, se encuentra.
Extremadura ha destinado este año más de 4,8 millones de euros a arquitectura defensiva y han concluido las restauraciones de Marmionda, Montemolín, Salvaleón y el Castillo de Luna. ¿Percibe un verdadero cambio de tendencia en la conservación de los castillos extremeños o estamos ante un impulso puntual ligado en buena medida a los fondos europeos?
Las dos cosas. Cuando hay dinero se invierte y cuando existe interés por parte de la sociedad también se invierte. Los políticos detectan que la sociedad está interesada por este tema y canalizan inversiones hacia él. Evidentemente, los fondos europeos son una ayuda y, cuando falten, lo que hay que hacer es que la sociedad no afloje y siga mostrando interés para que los políticos continúen destinando recursos. Pero no se trata solo de los fondos europeos. Hace unos años el 2% Cultural era el 1% Cultural. Ahora se destina el doble de la inversión de obra pública a restauraciones o intervenciones culturales. La sociedad española va demandando que se invierta más en cultura y rehabilitación patrimonial y se va respondiendo tanto con fondos europeos como con fondos propios. No creo que cuando falten los fondos europeos vaya a producirse una caída significativa de las inversiones. A lo mejor habrá menos recursos o será más difícil conseguirlos, pero no tiene por qué haber una caída.
Una vez restaurado un castillo, ¿empieza realmente la parte más difícil? ¿Existe el riesgo de invertir millones en recuperar una fortaleza y que después falten presupuesto, mantenimiento, personal o un uso estable que garantice su conservación?
No, si se hacen las cosas bien. Los planes directores y las recomendaciones del Plan Nacional de Arquitectura Defensiva siempre señalan que, cuando se dispone de dinero, no hay que pensar únicamente en la restauración y en la inauguración, sino también en el mantenimiento posterior y en los fondos que harán falta para garantizarlo. Es menos dinero y resulta menos vistoso, pero es igualmente necesario. Primero hay que darle un uso y, segundo, garantizar su mantenimiento. Cuando se distribuye el presupuesto, no hay que gastar el 100% en restaurar e inaugurar. Se puede destinar el 90% y reservar una parte para los primeros años, además de dejar un manual de uso con instrucciones sobre cómo debe mantenerse en el futuro. Cuando el monumento se entrega a un ayuntamiento, este tampoco tiene por qué saber cómo actuar si se cae una piedra, salta un mortero o se deteriora una torre. Un buen plan director debe dejar esas instrucciones. Si las cosas se hacen bien, el problema no tiene por qué producirse. Hoy existen herramientas para hacerlo correctamente.
El Castillo de Villalba de los Barros ha sido declarado este verano Bien de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica. Ya tenía una protección genérica como BIC, pero carecía de una delimitación concreta y de un entorno de protección. ¿Qué cambia realmente para un castillo cuando se da este paso?
Tener unas instrucciones concretas y una protección específica para ese castillo no tiene nada que ver con disponer únicamente de una protección genérica. Cuando se realiza una declaración individualizada con su entorno, como en este caso, se atiende a las circunstancias concretas y se establece hasta dónde llega la protección. Todos los castillos españoles están protegidos de manera genérica por ministerio de la ley por el mero hecho de ser castillos, pero una declaración específica determina sus características concretas. Es como la diferencia entre tener una protección genérica para una casa y contar con otra que diga exactamente dónde empieza el jardín, dónde termina, qué zona tiene la máxima protección y cuál funciona como espacio de amortiguación o proximidad.
La propia Asociación y el Instituto del Patrimonio Cultural de España van a celebrar en septiembre un seminario que parte de una pregunta aparentemente elemental: «¿Qué es un castillo?». ¿A estas alturas sigue habiendo problemas jurídicos y patrimoniales para decidir qué debe considerarse arquitectura defensiva?
Este curso es gratuito y se puede apuntar quien quiera. Es la segunda parte de otro que se celebró el año pasado mediante un seminario en línea y que está disponible en la web del Instituto. Quedó tan claro que no está claro qué es un castillo que ha sido necesario organizar este segundo seminario para seguir explicando qué entendemos por castillo y por arquitectura defensiva. Ahí entra la cuestión de si dejamos fuera los castros y las murallas romanas, el siglo XX o la Guerra Civil, o si todo ello se integra dentro de un concepto amplio del castillo como arquitectura defensiva. Si existe una protección genérica para los castillos y entendemos como castillo únicamente un edificio con cuatro torres en las esquinas y almenas, dejando fuera un fuerte, un castro celtibérico u otros elementos, tenemos un problema. Son cuestiones que ya se abordaron el año pasado y que continuarán tratándose este año porque no están tan claras. Además, tenemos una legislación que ya tiene sus años: el decreto de protección de los castillos es de 1949.
Ese problema de definición puede ser especialmente relevante en Extremadura, donde junto a castillos medievales existen alcazabas, murallas, torres, casas fuertes y fortificaciones de la Guerra Civil. ¿Hay patrimonio defensivo que pueda estar quedándose fuera de la protección porque seguimos pensando únicamente en el concepto tradicional de «castillo»?
Evidentemente. Es precisamente de lo que estamos hablando y por eso se celebran estos seminarios. No se trata de una discusión teórica, porque detrás existe una cuestión práctica: determinar si la ley está protegiendo todos esos elementos de arquitectura defensiva o si algunos están quedando fuera, aunque hablemos de una protección genérica. Cuando se elaboró el Plan Nacional de Arquitectura Defensiva se propuso Extremadura porque era un ejemplo perfecto de los problemas que presenta la arquitectura defensiva española. No es una cuestión específica de Extremadura. Esa indefinición afecta a todo aquello que no responde al modelo de castillo medieval perfectamente reconocible y es un problema que se plantea en todo el país. Por eso estamos organizando estos seminarios.
En julio un incendio declarado en la ladera del castillo de Medellín estuvo muy cerca de afectar tanto a la fortaleza como al teatro romano. ¿Los incendios y los episodios meteorológicos extremos deben empezar a considerarse una amenaza prioritaria para el patrimonio defensivo? ¿Están preparados estos monumentos para una emergencia de este tipo?
Yo creo que sí. Ahora mismo estamos todos asombrados por la potencia que tienen los incendios y por las riadas y otros fenómenos naturales. Todo eso es desastroso para las viviendas y para el patrimonio de uso cotidiano, pero el patrimonio cultural también está completamente expuesto a unas amenazas que son nuevas en el sentido de que tienen una magnitud mucho mayor. Ante los grandes incendios hay que crear cortafuegos y, cuando se produce una emergencia, lo primero es apagar el fuego, lo que puede obligar a hacer pistas y otro tipo de actuaciones. Evidentemente, los planes directores deberían empezar a abordar específicamente este asunto. El patrimonio es una parte de un problema más amplio. Hay que contar con planes de emergencia ante los denominados incendios de sexta generación, inundaciones y otras catástrofes. La población debe saber qué tiene que hacer y el patrimonio cultural debe formar parte de esa planificación ante una amenaza nueva y de enorme magnitud.

Pablo Schnell en blocao nacional en Burgos. / EL PERIÓDICO
«El patrimonio cultural está completamente expuesto a unas amenazas que son nuevas»
¿Deberían los principales castillos disponer de planes específicos de emergencia ante incendios, inundaciones, desprendimientos o episodios de calor extremo, igual que se planifica su restauración?
Sí, aunque no solo los castillos. Cada población debería saber cómo tiene que actuar ante este tipo de catástrofes, dónde debe dirigirse y cuáles son las vías de evacuación. Creo que eso es básico y elemental y, por supuesto, el patrimonio tiene que estar incluido. Los bomberos también deben saber cómo actuar para ser lo más respetuosos posible con el patrimonio y deberían estar previstas las vías de ataque al fuego o las actuaciones necesarias. Desde la protección de la vida de las personas hasta la del patrimonio cultural, hay que tener muy claro cómo actuar en cada momento. Creo que es un tema al que todavía no se está dando la importancia adecuada y que la población no sabe cómo afrontar. En el caso del patrimonio habría que establecer planes específicos, zonas de actuación contra el fuego, vías de ataque y evacuación. Todo eso es muy importante.
La Asociación está acometiendo este mismo año una nueva campaña arqueológica y de restauración en su propio Castillo de Villafuerte de Esgueva. ¿Qué aprende una asociación dedicada a defender los castillos cuando tiene que enfrentarse directamente a los costes, permisos, excavaciones y mantenimiento de uno de ellos?
Aprende lo mismo que cualquier propietario: que es algo muy caro y muy difícil de hacer. Cuando uno se mete en una obra de este tipo sabe cuándo empieza, pero no cuándo termina. Nosotros comenzamos con un proyecto de actuación y la arqueología nos indicó inmediatamente que las cosas no eran como se habían pensado, por lo que hubo que modificar el proyecto sobre la marcha. Afortunadamente, el arquitecto es Fernando Cobos, uno de los grandes especialistas en restauración de castillos, y sabe que cuando se interviene en un castillo o en un bien cultural es la arqueología la que manda. No se puede llegar con un plan preconcebido e intentar adaptar el monumento a ese plan, sino al revés: el proyecto tiene que adaptarse a lo que va diciendo el monumento. Nosotros creíamos que existía un subterráneo de una determinada manera y descubrimos que no era así, por lo que hubo que modificar el acceso, la escalera y otros elementos. Esa es la enseñanza: es el propio monumento el que te dice cómo es. No eres tú quien tiene que decirle al castillo dónde debe estar una puerta, sino que es el castillo el que debe ir marcando las decisiones. Cuando las estructuras están tapadas por la tierra no resulta sencillo conocerlas. En una obra de este tipo hay que comprender cómo era el castillo y las distintas intervenciones que ha tenido. Siempre debe ser el monumento el que mande y tenga la última palabra.
Precisamente a partir de esa experiencia de Villafuerte, ¿cree que en España estamos poniendo demasiado énfasis en conseguir dinero para grandes restauraciones y demasiado poco en asegurar pequeñas actuaciones periódicas de conservación preventiva?
Sí. Estoy convencido de que ese deslumbramiento por las grandes obras está dejando sin atención a una inmensa mayoría de castillos que no se encuentran en lugares muy visibles y que simplemente necesitan pequeñas obras de consolidación para evitar que sigan deteriorándose. Cada vez que se invierten millones en un gran castillo es una gran noticia, pero también puede ser peligroso si no existe esa lluvia fina que llegue a todo el territorio. Aquello que no sea muy bonito, muy grande, muy llamativo o esté junto a una carretera puede continuar en el olvido cuando, con intervenciones de decenas de miles de euros, mediante rehabilitaciones o consolidaciones relativamente económicas, se podría hacer mucho. Esa lluvia fina es muy necesaria, aunque resulta más difícil de vender a nuestras administraciones que las grandes obras. Es un tema pendiente, peligroso y complicado de gestionar.
Este año se han publicado también las actas del VI Congreso Internacional de Castellología dedicado a las fortificaciones de frontera. Para una región como Extremadura, marcada durante siglos por La Raya, ¿queda todavía mucho por estudiar conjuntamente con Portugal? ¿Tendría sentido abordar el patrimonio fortificado hispano-portugués como un único recurso cultural y turístico?
-Parece mentira, pero cada vez que se realiza una campaña de prospección, por ejemplo por parte de la Universidad de Huelva o de otros investigadores que trabajan en la frontera con Portugal, empiezan a encontrarse castillos, torres almohades y otros elementos que no eran conocidos. Todavía desconocemos no solo restos de la Prehistoria, sino también elementos medievales bastante visibles que pueden ser conocidos por los pastores o por la gente de la zona, pero que no están inventariados ni estudiados. Este tipo de trabajos y de congresos son muy útiles.
La frontera, además, tiene muchas lecturas. Hoy puede entenderse más como una zona de contacto que como una zona de enfrentamiento, un espacio en el que se han producido contactos entre culturas e intercambios. Y en Extremadura, ¿qué frontera tomamos como referencia? ¿La de los almohades? ¿La de Portugal? ¿La de las guerras sertorianas? ¿La de Viriato? ¿La de la conquista romana? Hay miles de fronteras y muchas formas de aproximarse al patrimonio defensivo en un territorio como Extremadura. Todo ello genera patrimonio, cultura y elementos para investigar, pero también lugares que después pueden visitarse para que la gente disfrute de la cultura y de la historia de su país.
- La Primitiva deja este sábado un premio de 46.509 euros en Extremadura
- Extremadura pide frenar las importaciones de aceite de oliva sin aranceles si perjudican a los productores
- Llega a Extremadura uno de los grandes espectáculos otoñales, la berrea: cuatro zonas donde verla
- Llamamiento urgente para cubrir plazas de profesores de Educación Física en Extremadura
- Educación pacta con los sindicatos otros 130 euros para los docentes extremeños y el pago de las tutorías
- La noche de las Medallas de Extremadura se viste de gala: tres galardonados, la ausencia de Pedro Porro y el broche de Sanguijuelas
- Una dombenitense y un Borbón ponen a prueba su amor en 'La isla de las tentaciones'
- Oliva de Mérida decreta luto oficial por la muerte de un joven de 23 años en un accidente de moto