Ana Yáñez Otero: «Las mujeres enfrentamos exigencias que pueden generar depresión»
La psicóloga y sexóloga extremeña analiza la diferencia de los datos entre hombres y mujeres en cuanto a salud mental. «El sesgo de género en la medicina nos ha llevado a sobrediagnosticar», asegura

Ana Yáñez Otero, psicóloga y sexóloga. / Cedida
Desde 1992, cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental para equiparar la salud mental con la física. Según un estudio internacional sobre Salud y Bienestar Mental de 2024, un tercio de la población española reconoce que tiene algún problema. Sin embargo, los datos del Consejo General de la Psicología en España evidencian que las mujeres sufren el doble de trastrornos de ansiedad que los hombres. La psicóloga sanitaria y sexóloga clínica, Ana Yáñez Otero, analiza para El Periódico Extremadura estas cifras. Yáñez es directora del Máster en Sexología de la Universidad de Extremadura, miembra de la Junta Directiva de de la Federación Española de Sociedades de Sexología y del Comité Asesor de la Asociación Mundial para la Salud Sexual.
Seis de cada diez bajas laborales por salud mental fueron de mujeres en 2021, ¿por qué se da esta brecha de género?
No es que las mujeres enfermemos más por ser mujeres. Los motivos responden más bien a la presión social a la que estamos sometidas y la diferente educación que recibimos respecto de los hombres, en lo que respecta a los roles de género. Es decir, a menudo las mujeres enfrentamos exigencias y autoexigencias a la hora de alcanzar expectativas sociales que pueden generar problemas de estrés, ansiedad y depresión cuando se mantienen sostenidas en el tiempo, como la conciliación entre el trabajo y las responsabilidades familiares, además de llevar una vida sin descuidar el área social y de pareja. Con frecuencia, el autocuidado y la dedicación personal desaparecen de la lista de prioridades, favoreciendo que surjan algunos problemas de salud. También, las mujeres seguimos siendo más susceptibles a experiencias de violencia, acoso sexual y discriminación en el entorno laboral, lo que puede tener un impacto negativo en nuestra salud mental y capacidad para trabajar, rendir en tareas cotidianas e incluso en el descanso.
¿Tiene algo que ver la sociedad patriarcal?
Sí, haber sido educadas en una sociedad patriarcal influye en nuestra salud mental. El patriarcado es un sistema social que históricamente ha asignado a los hombres más poder que a las mujeres en las diferentes esferas de la vida, públicas y privadas. A ellos se les facilita el control y poder sobre las estructuras económicas, políticas y sociales, mientras que las mujeres hemos sido subordinadas en los diversos ámbitos. Se asume que llevemos mayor carga de las tareas domésticas o del cuidado de hijos e hijas y de personas dependientes, a la vez que se nos exige mostrar valía constantemente en el área profesional, infravalorando el trabajo doméstico o de cuidados. Se estigmatiza nuestro malestar emocional, se infradiagnostican problemas de salud física y hormonales asumiendo que son normales en las mujeres y se normaliza que sacrifiquemos nuestras necesidades dando prioridad a las necesidades de los demás. Esto nos lleva a tardar más en buscar ayuda o a no dedicar tiempo al autocuidado. Y todo ello favorece un desequilibrio en la salud de hombres y mujeres, siendo nosotras más propensas a sufrir problemas de salud mental que derivan en bajas laborales.
¿Qué provocan los estereotipos en la salud mental de las mujeres?
Entre otros, expectativas de estar siempre perfectas, lo cual es una exigencia que puede afectar a la autoestima e imagen corporal, y también a estar dispuestas para cuidar, para sacrificarnos personal y profesionalmente por los demás (hijos, hijas, nietos, nietas, pareja, familia, etcétera). Esta carga psicológica y emocional influyen en un mayor estrés y ansiedad, además los estereotipos de género también nos califican a las mujeres como emocionalmente inestables o hipersensibles, lo que facilita que se subestimen nuestros problemas de salud mental. La falta de reconocimiento en los éxitos personales y profesionales puede generar sentimientos de frustración.
¿Acuden ellas más a terapia? ¿Por qué?
Tardamos más en buscar ayuda, pero sí, las mujeres tendemos a acudir más a terapia que los hombres. Solemos estar más abiertas a hablar sobre nuestras emociones, a ser más conscientes de ellas y a buscar apoyo profesional cuando enfrentamos problemas de salud mental. Solemos enfrentar menos presión social negativa cuando decidimos buscar terapia en comparación con los hombres, porque culturalmente se ha identificado como signo de debilidad el necesitar ayuda profesional.
¿Está relacionado, a su vez, con el sesgo de género en la medicina?
El sesgo de género en la medicina nos ha llevado a sobrediagnosticar a las mujeres con trastornos como la ansiedad y la depresión. Las dolencias físicas o emocionales se pueden asociar más rápidamente con problemas psicológicos en mujeres, mientras que en los hombres se tiende a buscar una causa médica más tangible o física. Así, la tendencia es la de minimizar los síntomas físicos que presentamos las mujeres. También, el desconocimiento del cuerpo de las mujeres y sus procesos hormonales, influye en que no sean tratadas muchas dolencias o se invisibilicen, como ocurre con la endometriosis, entra otras.
La prevalencia de los trastornos de ansiedad en la población general es del 12,6%, con mayor proporción entre las mujeres (16,5%) que entre los hombres (8,7%), esto supone el doble, ¿cómo analizas este dato?
En esta prevalencia desigual influyen factores biológicos, sociales, culturales y psicológicos. Por ejemplo, cambios hormonales, embarazo, postparto o menopausia. Estar sometidas a un estrés prolongado por sobrecarga en tareas y emocionalmente al asumir las necesidades de otras personas, sufrir mayor violencia y otras situaciones de riesgo o el sobrediagnóstico de problemas emocionales en las mujeres.
¿Habría alguna solución para que este dato se equilibrara?
Promover la igualdad en la distribución de tareas y responsabilidades, una mayor educación emocional y el acceso a unos recursos sanitarios con perspectiva de género, donde se aborde el contexto de la mujer y no sólo el síntoma. Para ello sería bueno sensibilizar y formar a los y las profesionales sanitarios, al igual que facilitar el acceso las redes de apoyo a las mujeres vulnerables.

Junta de Extremadura. / JuntaEx
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