El blog del cronista
Morcillo (Cáceres), el pueblo que compró su libertad y esconde una joya gótica en la vega del Alagón
La antigua Villa revela su imponente portada tardogótica, su historia independiente y un turismo tranquilo entre huertas, río y tradiciones única

Imagen de Morcillo. / Cedida a El Periódico

En una tierra de gigantes turísticos como Cáceres, Plasencia o Coria, es fácil que los pueblos más pequeños pasen desapercibidos, devorados por la prisa del viajero que va de un gran monumento al siguiente. Sin embargo, Extremadura guarda sus mejores secretos en esos desvíos discretos, en esas plazas silenciosas que, de repente, te cuentan una historia fascinante.
Ese es el caso de Morcillo. A primera vista, un tranquilo pueblo blanco enclavado en la fértil vega del Alagón, pero en realidad, es una "Villa" con un orgullo ganado a pulso y una joya arquitectónica que te dejará con la boca abierta.
Morcillo juega con ventaja. Se encuentra en el corazón de las Vegas del Alagón, en el norte de Cáceres, una comarca que es sinónimo de huertas fértiles gracias al regadío. Su gran baza es la cercanía: está a solo 12 kilómetros de la majestuosa Coria, lo que lo convierte en el "campamento base" perfecto para explorar la zona sin renunciar a la tranquilidad.
Para entender Morcillo, hay que entender su relación con su poderosa vecina. Durante siglos, este pueblo fue un arrabal, una aldea que vivía bajo la jurisdicción del Señorío de Coria. Pero Morcillo no se conformaba con ser un simple apéndice.

Morcillo. / Cedida a El Periódico
En el siglo XVII, los vecinos protagonizaron un hito que define su carácter. Tras un esfuerzo económico titánico, reunieron el dinero necesario para, literalmente, "comprarle" su independencia al rey Felipe IV. En 1635, Morcillo se ganaba el título de "Villa", un estatus que, aunque perdió y recuperó, forjó una identidad propia.
Ese orgullo de villa independiente se materializa en piedra. Su patrimonio no es extenso, pero es exquisito. La parada obligatoria, y la gran sorpresa del viaje, es la Iglesia de Santa María de los Apóstoles.
Construida en el siglo XVI, su exterior de mampostería y sillería es robusto, pero es su portada la que roba el aliento. Nos encontramos ante una filigrana de piedra, una espectacular portada gótica tardía con varias arquivoltas finamente decoradas que demuestran la importancia que tuvo el templo. Dentro, la sorpresa continúa con un notable retablo mayor barroco.
Qué ver y hacer: Más allá del campanario
El plan en Morcillo es de slow travel. La visita comienza admirando cada detalle de la iglesia y, desde allí, pasear hasta la Ermita de San Antonio de Padua. Es una construcción más popular y sencilla (siglos XVII-XVIII), pero es el centro neurálgico de la fiesta más querida del pueblo.
Pero Morcillo no es solo piedra. El río Alagón y el cercano Embalse de Borbollón marcan el ritmo natural. Las riberas del río son un paraíso para los aficionados a la pesca deportiva, que encuentran aquí un refugio ideal para tentar a barbos y carpas. Y para el caminante, los alrededores ofrecen senderos sencillos entre campos de regadío.

Morcillo. / Francesc Gómez Núñez
Como decíamos, su ubicación es clave. Desde aquí, estás a un salto de visitar las murallas romanas y la Catedral de Coria, o de descubrir la artesanía y las famosas "gorras" de Montehermoso.
Si el agua define el paisaje, la tierra define el plato. La gastronomía de Morcillo es extremeña en estado puro, una fusión perfecta entre la huerta y la dehesa. Gracias al regadío, aquí se disfrutan verduras y hortalizas de primera, base de platos frescos como el Zorongollo (ensalada de pimientos asados).
Pero estamos en Extremadura, y aquí mandan los platos contundentes. No puedes irte sin probar una caldereta de cordero o unas buenas migas camperas. Por supuesto, los ibéricos son religión. Para el postre, hay que dejarse tentar por los dulces de sartén: perrunillas, floretas y huesillos que saben a receta de abuela.
El alma de la fiesta: San Antonio y el Ofertorio
Si quieres conocer el alma verdadera de Morcillo, hay dos fechas marcadas en rojo. La primera, el 13 de junio, cuando estallan las fiestas patronales en honor a San Antonio. El pueblo se transforma: la devoción de la procesión da paso a la adrenalina de las vaquillas, la música de las verbenas y un ambiente festivo que une a toda la comarca.
La segunda cita es en pleno agosto (alrededor del día 15) con El Ofertorio. Esta es una de las tradiciones más visuales y auténticas, una fiesta de la cosecha donde los vecinos, a menudo ataviados con trajes regionales, ofrecen los mejores productos del campo a la Virgen en señal de gratitud.

Morcillo, paraíso de Cáceres / Francesc Gómez Núñez
Morcillo no es un pueblo para ver en diez minutos. Es un lugar para saborear. Es la parada perfecta para el viajero que ya ha visto los grandes titulares y ahora busca la letra pequeña, la historia sorprendente.
Es el destino ideal para quien busca una base tranquila desde la que conquistar el norte de Cáceres, para el pescador que busca un buen río o, simplemente, para el curioso que quiere saber qué se siente al descubrir una joya gótica donde menos te lo esperas. Morcillo es el orgullo de una villa que supo comprar su libertad y que, hoy, te la ofrece en forma de calma, sabor y patrimonio.
Desde estas líneas, un fuerte abrazo a sus habitantes por su bonito pueblo.
Francesc J. Gómez es Presidente de los Cronistas Oficiales de Extremadura
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