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La curiosa impertinente

Polarización y futuro incierto

Un niño huye de las llamas y el humo de un edificio residencial objeto de un ataque aéreo en Gaza.

Un niño huye de las llamas y el humo de un edificio residencial objeto de un ataque aéreo en Gaza. / Omar Ashtawy - Europa Press

Carmen Martínez-Fortún

Carmen Martínez-Fortún

Con todo lo terrible que está ocurriendo en estos momentos en el mundo, dan ganas de bajarse de él. Es cierto que la historia universal de la infamia parece no tener fin y su principio coincide con el del hombre mismo ya desde Caín, y que ha habido épocas seguramente más violentas, oscuras y tenebrosas que esta, con líderes aún más violentos, oscuros y tenebrosos, aunque ahora mismo se acumulen de un modo que se antoja por momentos insoportable las amenazas de los malvados a la vez que grotescos, con el horror añadido e insondable de la posesión nuclear, las violaciones constantes de los derechos humanos ante la incapacidad de quienes creen en ellos de defender a los violados, el dolor de los abandonados a su suerte,  tanto en Palestina como en Afganistán y las invasiones y agresiones a territorios soberanos por parte de autócratas y psicópatas con un poder de destrucción escalofriante.

Para hacer aún mas oscuro el panorama, una corriente de polarización violenta recorre el mundo, desde Brasil a Francia, y desdeEstados Unidos a Nepal. Así, en sucesión entre dantesca y grotesca semezclan en confusión la espantosa masacre en Gaza, que ya no quedan lágrimas para llorar por todos esos inocentes, las imágenes de los estudiantes violentos asaltando el parlamento y quemando sedes de partidos de un país muy lejano que sin embargo encabeza el ranking de la felicidad universal en Asia del Sur, los violentos que reniegan de la violencia en Palestina agrediendo como salvajes a ciclistas y fuerzas de seguridad, el vídeo del asesinato de un jovencísimo padre de familia americano, muerto mientras defendía sus ideas solo con su palabra, las abominables declaraciones de la ex ministra Montero sobre él o los abominables deseos en las redes sociales para que una frívola influencer a la que no le gusta leer pierda al niño que espera.

En un mundo marcado por el odio, no es la primera vez ni será la última que esa siniestra corriente parece imponerse. Pero la vida sigue y es misión de los sensatos oponerse y vencerla.

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