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Tensión en Asia

Tailandia y Camboya acuerdan un alto el fuego tras cinco días de combates en la frontera

El conflicto ha causado al menos 35 fallecidos y unos 270.000 evacuados

Tailandia y Camboya se reúnen en Malasia para tratar de alcanzar un alto el fuego

Tailandia y Camboya se reúnen en Malasia para tratar de alcanzar un alto el fuego

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín

Camboya y Tailandia han acordado un alto el fuego inmediato e incondicional después de su semana más tormentosa en casi dos décadas, con al menos 35 muertos, 200 heridos, más de 100.000 desplazados, acusaciones cruzadas de disparar primero y de crímenes de guerra contra civiles. El armisticio no resolverá los enquistados pleitos históricos entre ambos países, pero callará las armas.

El pacto fue alcanzado por el primer ministro camboyano, Hun Manet, y su homólogo tailandés en funciones, Phumtham Wechayachai, en la residencia oficial del líder malasio, Anwar Ibrahim, en Putrajaya (sur de Kuala Lumpur). Anwar, y por extensión la ASEAN (organización que agrupa a las naciones del sudeste asiático), salen muy reforzados tras la mediación diplomática. El acuerdo ordena el fin de los ataques tras los intercambios de artillería que se habían sucedido durante la mañana del lunes, establece una reunión este martes de los jefes militares de ambos países y fija que el 4 de agosto reanude su actividad el comité fronterizo. Este órgano bilateral fue creado dos décadas atrás para solucionar pacíficamente los roces y ha sido regularmente ignorado.

Las buenas noticias fueron reveladas en una rueda de prensa conjunta precedida por un apretón de manos. "Este es un importante paso para reducir las tensiones y restablecer la paz y la seguridad", apreció Hun Manet, quien espera que el alto el fuego "dé la oportunidad a miles de personas para regresar a sus casas y a los dos países para dejar de luchar y reconstruir su confianza y cooperación". Phumtham anhela que todos lo cumplan con "buena fe". "El resultado de hoy refleja el deseo tailandés de lograr una solución pacífica y continuar protegiendo nuestra soberanía y las vidas de la gente", añadió.

Los padrinos de la victoria

La victoria exigió a muchos padrinos. En las conversaciones de Kuala Lumpur hubo representantes chinos, tradicionalmente más escorados a Camboya, y estadounidenses, con más vínculos con Tailandia. Trump ya había anunciado triunfalmente un alto el fuego dos días atrás que fue desoído por ambos ejércitos. Después informó a los primeros ministros de que pausaba las negociaciones comerciales mientras siguieran las hostilidades. Sobre Camboya y Tailandia pende la amenaza de aranceles del 36% si no cierran un acuerdo con Washington antes del viernes.

Pero el armisticio, por encima de los méritos de Washington o Pekín, supone un hito muy necesario para la diplomacia regional. Ni los cíclicos enfrentamientos en el Mar del Sur de China, ni la guerra civil de Birmania… la ineptitud de la ASEAN para solventar los conflictos de sus países integrantes, incluso para acordar declaraciones conjuntas de mínimos, ha sido frustrante desde su nacimiento. El inesperado giro es achacable a los desvelos de Anwar, presidente temporal de la organización como líder malasio, quien ha multiplicado sus comunicaciones con Bangkok y Phnom Penh desde que empezaron a silbar las balas.

Dudas en el futuro inmediato

Sobre la vigencia a largo plazo del armisticio caben más dudas. La ASEAN carece de fuerzas de pacificación o de mecanismos de verificación y todo dependerá de la buena fe de las partes. Tras los choques de 2011, los más luctuosos hasta esta semana, Camboya y Tailandia aludieron a su soberanía para rechazar la propuesta indonesia de enviar observadores a la frontera a fiscalizar el alto el fuego.

Camboya y Tailandia suman décadas de conflictos a lo largo de sus más de 800 kilómetros de frontera y, especialmente, en el templo Preah Vihear. Un intercambio de disparos en mayo en el que murió un soldado camboyano devolvió la tensión tras años de relativa calma. Bangkok acusó a Phonm Penh de regar su territorio de bombas después de que dos de sus soldados quedaran lisiados. Tailandia cerró la frontera con las excepciones de estudiantes y pacientes mientras Camboya prohibió las películas vecinas y detuvo sus importaciones de combustible, frutas y verduras. Las pugnas le costaron el puesto a la primera ministra tailandesa, Paetongtarn Shinawatra, suspendida en funciones por la justicia después de revelarse una llamada en la que empleaba un tono excesivamente suave con un líder camboyano y se ofrecía a lo que fuera necesario para rebajar la tensión.

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