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Elecciones de medio mandato

Redibujar el mapa de EEUU para ganar las elecciones: las minorías ven peligrar su derecho a voto con Trump

El Supremo permite a Luisiana rehacer sus distritos y anima una carrera entre republicanos y demócratas por blindar escaños

El presidente de EEUU, Donald Trump. Las primarias de las elecciones legislativas de medio mandato en EEUU se presentan como un test de lealtad dentro del Partido Republicano.

El presidente de EEUU, Donald Trump. Las primarias de las elecciones legislativas de medio mandato en EEUU se presentan como un test de lealtad dentro del Partido Republicano. / FRANCIS CHUNG / EFE

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Irene Benedicto

Irene Benedicto

Barcelona

Una decisión del Tribunal Supremo de EEUU sobre la Ley de Derecho al Voto deja más desprotegidas a las minorías, en particular a las comunidades afroamericanas y latinas. También abre la puerta a una nueva carrera por redibujar los distritos electorales, las circunscripciones de las que sale cada congresista de la Cámara de Representantes. Mover esos límites puede decidir quién gana un escaño antes incluso de votar.

En un clima de alta polarización, los republicanos han sido los primeros en intensificar esta práctica, conocida como 'gerrymandering', (palabro para el cual la traducción más fiable sería 'manipulación de distritos electorales'). Pero los demócratas preparan ya su respuesta en los estados que controlan. Mientras se debilitan protecciones legales que se remontan a 1965, resultado de décadas de lucha por los derechos civiles, EEUU queda más expuesto al poder de las mayorías estatales para decidir cuánto pesa el voto de las minorías.

El mapa antes que la urna

El caso nace en Luisiana, un estado sureño con seis escaños en la Cámara de Representantes. La comunidad afroamericana representa cerca de un tercio de su población y, hasta ahora, contaba con dos distritos donde podía influir en la elección de sus representantes. La mayoría conservadora del Supremo consideró que ese diseño daba un peso excesivo a la raza y lo describió, en el texto de la sentencia, como una "manipulación racial inconstitucional".

La decisión debilita una protección legal histórica. La Ley de Derecho al Voto, aprobada en 1965, nació para combatir las barreras que durante décadas impidieron a los afroamericanos votar en igualdad de condiciones. Desde entonces, sirvió también para frenar mapas que reducían la fuerza política de las minorías. Ahora será más difícil impugnar un rediseño: no bastará con demostrar que una comunidad pierde representación efectiva. Habrá que probar una intención racial discriminatoria, una tarea ardua porque la discriminación electoral rara vez se presenta como tal.

La consecuencia es directa. Un estado podrá rehacer distritos aunque el resultado sea debilitar el voto afroamericano o latino, siempre que logre defender que se trata de una decisión que, si bien tiene motivación política (por ejemplo, proteger la voz de la mayoría evangelista blanca) y aunque como consecuencia socave la representatividad de comunidades marginadas, ese no era un objetivo malicioso intencionado, sino que se trata de un mero daño colateral. La protección de las minorías queda así más sujeta al partido que controle cada estado, y esto beneficia a los conservadores, que obtienen más votos en mayor numero de estados, aunque esto sea en los menos poblados.

El presidente de EEUU, Donald Trump. Las primarias de las elecciones legislativas de medio mandato en EEUU se presentan como un test de lealtad dentro del Partido Republicano.

El presidente de EEUU, Donald Trump. Las primarias de las elecciones legislativas de medio mandato en EEUU se presentan como un test de lealtad dentro del Partido Republicano. / SMG via ZUMA/ DPA

Qué es el gerrymandering

Así, por la práctica del gerrymandering, un mapa puede llegarse a redibujar con tal de concentrar a los electores rivales en unos pocos distritos, para que ganen allí por mucho margen y pierdan influencia en el resto. O puede repartirlos entre varios territorios, de modo que no sean mayoría en ninguno. Los expertos llaman a esas tácticas "empaquetar" y "fragmentar".

De esta manera, un partido puede lograr más escaños aunque no tenga más votos en el conjunto del país, una paradoja que se ha dado en las tres últimas elecciones presidenciales. En una Cámara dividida por márgenes estrechos, varios distritos rediseñados pueden inclinar la balanza antes de que empiece la campaña. La sentencia no obliga a todos los estados a actuar, pero cambia el incentivo: quien tenga el poder de redibujar el mapa tendrá más razones para hacerlo antes de que lo haga su rival.

Primarias bajo presión

El calendario limita el alcance inmediato. En varios estados, las primarias de las elecciones de medio mandato ya se han celebrado o están demasiado cerca como para modificar los distritos sin provocar litigios y confusión. En otros aún hay margen. Luisiana ha movido sus fechas para adaptarse al nuevo escenario, y Carolina del Sur o Tennessee figuran entre los territorios donde los republicanos podrían buscar escaños adicionales antes de noviembre.

Un puñado de distritos favorables en el sur daría a los republicanos una ventaja adicional en la pelea por la Cámara. Además, el daño no se mide solo en escaños. Los distritos de mayoría negra existen por una larga historia de exclusión política. Las magistradas progresistas del Supremo que discreparon con su voto de la decisión de la corte, advirtieron que el fallo podía dejar a los estados libertad para reducir la representación de las minorías "sin consecuencia legal".

El contraataque demócrata

Los demócrata han cambiado de estrategia. Durante años, el partido defendió las comisiones independientes para que los distritos electorales fueran coherentes con el censo y no con los intereses partidistas. En el último año, sin embargo, han surgido voces que piden compensar el avance republicano con la misma arma. El gobernador de California, Gavin Newsom, ha sido un defensor de este giro. También lo han sido el estado Nueva York, Illinois, Colorado o Maryland para impedir que el rival convierta sus mayorías estatales en una ventaja nacional.

Pero el margen demócrata es limitado. En varios estados progresistas hay trabas legales o comisiones independientes, y llevar el rediseño al extremo obligaría a trazar distritos artificiales. El partido se arriesga así a combatir el gerrymandering con la misma herramienta que denuncia, lo cual puede tener un coste político por haber acabado haciendo justamente lo que lleva décadas criticando.

A largo plazo, el riesgo es una Cámara con menos distritos competitivos y más resultados decididos antes de votar. Si ambos partidos llevan el gerrymandering al límite, el equilibrio de poder dependerá cada vez menos de los cambios de opinión del electorado y más del diseño de los mapas. La nueva sentencia del Supremo no crea el problema, pero lo deja con menos frenos. En las próximas elecciones, la disputa no será solo por ganar votos, sino por decidir qué votos pesan más.

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