Es el último eslabón en la cadena de la caza como recurso económico "porque después de nosotros solo queda que el señor disfrute en su casa del trofeo", explica José Carlos Manzano taxidermista placentino procedente de una saga familiar vinculada desde hace más de 40 años al mundo cinegético. Casi el 100% de su actividad está vinculada a un mundo, el de la caza, que reconoce que es "la razón de ser de la taxidermia".

"Mientras se siga cazando, seguirá habiendo taxidermistas, pero es un arte que se puede perder", advierte.

La taxidermia se define como el arte de disecar animales para conservarlos con apariencia de vivos. En Extremadura hay 14 familias que se dedican a esta actividad y la mayoría trabajan en exclusiva la cacería tradicional. En el caso de Manzano y otras tres empresas de la región, esta supone un 50% de su volumen de negocio, principalmente por la caza mayor, porque la caza menor (perdices, liebres...) no suponen más de un 1% . El trabajo con ciervos o jabalíes lo complementan con especies exóticas procedentes de cacerías en otros puntos del mundo.

"A la caza en Extremadura me dedico seis meses al año", puntualiza. Sus trabajos pueden costar entre 300 y 3.000 euros en función de la calidad del animal y cada temporada pueden pasar por su taller entre 200 y 400 animales que después ocuparán algún espacio destacado en las casas de los cazadores. "Normalmente lo que persiguen es recordar el lance, revivir la emoción de esa jornada, más allá de que las hechuras del animal", dice.