Ahora que han empezado las Olimpiadas, versus Juegos de Tokio, podían añadir a las medallas de oro, plata y bronce otra de palo no solo para los últimos clasificados (como en el rugby) sino para otros deportistas de dudosa clasificación, pongamos que hablo de los denominados transexuales. Todo el mundo merece respeto (incluso los que escribimos columnas) pero estará usted de acuerdo conmigo, amable lector, en que en general los hombres son más fuertes, rápidos y grandes que las mujeres. A las marcas mundiales me remito. Por lo visto la testosterona tiene algo que ver en eso. Cuando un hombre ‘pasa’ a trans (me voy a hartar de abrir comillas en esta columna) no disminuye el impacto en la fuerza física que adquirió en su pubertad masculina. O sea que juegan con ventaja pues nadie puede encoger su esqueleto. Pese a ello el Comité Olímpico Internacional (COI) permite que las mujeres trans (hombres que se identifican como mujeres) participen en certámenes femeninos si se comprometen a reducir sus niveles de testosterona en sangre. Tururú. Este COI no ha perpetrado esta discriminación por sexo (que lo es) como ‘reconocimiento de la autonomía de la identidad de sexo en la sociedad’, sino por seguir la moda de la ‘inclusividad’ que tiene más que ver con ciertos códigos de derechos humanos que con cualquier principio biológico. Lo han hecho sin investigar, sin consultar a las mujeres. En todo caso es un misterio en qué determinadas logias se toman estas decisiones.

Verán: las modalidades femeninas existen (o mejor decir: existían) precisamente para excluir a los hombres de ellas pues de lo contrario actuaría la biología y siempre ganarían ellos (usted perdone señora ministra). Ahora va a resultar que los que tuvieron testosterona (las mujeres trans son hombres) van a participar con quienes nunca lo han tenido, ni lo tendrán, pues ni siquiera estos atrevimientos pueden cambiar las leyes de la naturaleza. Hay dopajes que son más delicados que esta situación. No sé qué puede ocurrir en el día de mañana con la testosterona (hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad) pero hoy por hoy... Medalla de palo.