La cultura que nos viene

Salomé bailará para mí

Belén Rueda, en el papel de Salomé, que representa en Mérida.

Belén Rueda, en el papel de Salomé, que representa en Mérida. / FESTIVAL DE MÉRIDA / JERO MORALES

«¡Herodes! ¡¿Dónde estás, Herodes?! ¡Herodes! ¡Herodes! ¡Óyeme, Herodes! ¡Bailaré para ti y me darás lo que te pida! ¡Herodes! ¡Bailaré para ti y me darás lo que yo quiera!»

«Dímelo otra vez, Salomé, dímelo otra vez».

«Si me das lo que te pida, bailaré para ti».

«¡Música! ¡La princesa Salomé bailará para mí!»

«¡Baila, hija mía, baila! ¡Baila para el rey más lascivo y más podrido de la historia de Judea! ¡Baila y te dará lo que le pidas! ¡Baila y ese sapo se correrá!»

Ya sabemos que todas las familias felices se parecen pero las desdichadas lo son cada una a su manera y que los ricos también lloran (aunque en un palacio real uno llore mejor). Los franceses llaman al orgasmo ‘la petite morte’ y Magüi Mira quería hablar del poder del sexo. Recuerdo a Julie Delpy diciendo que sí, que muchas actrices se quejaban del acoso en Hollywood, pero que habían pasado por el aro, porque ella no lo hizo, se le cerraron las puertas y ninguna dijo nada. Recuerdo a Chrissie Hynde escupiendo que, cuando eres cantante y vendes sexo, no estás vendiendo música, estás vendiendo cuerpos. Recuerdo cómo todas se le echaron encima, que cada mujer vista como quiera, mientras yo me planteaba cuán licito es usar tu cuerpo para ciertos fines (lo hacen en ‘Barbie’, de Greta Gerwig, y todo el mundo dice que es la película más feminista de la historia).

No tengo respuestas. Me encantaría tenerlas, me encantaría desplegar un sinfín de argumentos sólidos, leídas varias autoras a favor y en contra; leídos varios tratados filosóficos sobre el cuerpo, el uso y el abuso en lo femenino y de lo femenino y algún tratado de alguna historiadora sobre cómo la cama era el único lugar para acceder al poder o para ser libre, desde las emperatrices romanas hasta las cortesanas de los salones franceses o ingleses, pero no tengo respuestas. Matrimonio forzado o convento. La mujer como propiedad del marido por ley. Miren, es que no sé. ¿Es lícito usar el cuerpo para ascender al poder, para presentar un programa de televisión, para tener la oportunidad de dirigir un periódico? ¿Era lícito antes, pero no ahora? ¿Es comprensible? ¿Y qué pasa si es más rápido? La belleza es un privilegio: todo el mundo utiliza sus privilegios.

Una escena de 'Salomé', que se representa en Mérida hasta este domingo.

Belén Esteban interprentando a Salomé en el Teatro Romano de Mérida. / EFE / JERO MORALES

De ahí podríamos hablar de la presión estética, las operaciones para intentar detener el tiempo (la gordura es fea, la arruga es fea: queremos un mundo de mujeres en los 20 años y de hombres de todas las edades y todos los cuerpos) y que Indiana Jones, con 80 años, siga siendo sexy y que a Kelly MgGillies, con 66, no la llamaran para ‘Top Gun 2’ porque era fea y vieja. Ella dijo, hace décadas, «Tener 43 años y no estar dispuesta a pasar por quirófano para que te cambien la cara lo hace difícil».

El miedo a no trabajar más. Las cosas por las que estamos dispuestas a pasar.

A Herodías la casaron pronto. Pronto es con la menarquía. Recuerdo la primera vez que leí ‘Romeo y Julieta’. La madre le dice a Julieta que ya va tarde para desposorios, con trece años, la criatura y yo abrí la boca como Sebastian el cangrejo de ‘La sirenita’. A Herodías su marido le pega. Y la viola, porque el maltrato físico nunca viene sin maltrato sexual. Lo digo porque hay gente ingenua en este mundo que piensa que un tío te puede dar una paliza que te deje moratones en el vientre pero va a respetar las leyes del consentimiento a rajatabla.

Herodías se casa con Herodes. Herodes acosa a Salomé. Aparece Juan El Bautista, hablando de un tiempo nuevo, de la llegada del hijo de Dios. Herodías ve cómo su mundo está amenazado, con lo que le ha costado vestirse de humor para sobrevivir. Porque sí, en ‘Salomé’ se habla de varios poderes. Del poder sexual. Del poder político (este es el más fácil de desgajar. Podríamos reflexionar sobre el buen y el mal gobierno, sobre los imaginarios femenino y masculino, la escucha y la confrontación; sobre la representación de esos poderes, sobre la imagen que da el poder o que quiere dar el poder. Etc.). Y también se habla del poder de la palabra.

«Un pueblo valiente, ambicioso, culto, que gozaba con el teatro, con la música...». Eso lo dice Sirio, el personaje de Sergio Mur. Y eso es lo que pretenden. Porque, como recordaba, «todo el mundo sabe qué pasa, la cabeza, el baile, esas cosas..., pero aquí hay un punto de vista».

Una escena de 'Salomé', que se representa en Mérida hasta el domingo y del 18 al 20 de agosto.

Una escena de 'Salomé', que se representa en Mérida hasta el domingo y del 18 al 20 de agosto. / EUROPA PRESS /JORGE ARMESTAR

Siempre hay un punto de vista. En todas las decisiones políticas, en todos los artículos de prensa, en nuestra manera de escribir, de proponer y de narrar hay un punto de vista, un mapa ideológico de lo que somos y los temas que nos mueven. El amor, el desamor, el tiempo, la vejez, el sexo, la mujer, la periferia o la centralidad, lo público o lo privado, la salud como un derecho o como un bien de consumo, los toros como vestigio de unas prácticas aberrantes o como cultura, la educación concertada que garantiza que cierta gente no se vaya a mezclar con mis hijos o el reforzamiento de la educación pública. Siempre hay un punto de vista porque cualquier manifestación es ideológica.

Quien les diga lo contrario forma parte de la cultura dominante. Y, por supuesto, miente. 

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