referente culinario en la capital extremeña
El templo de la casquería está en Mérida
El Bar Carlos arrasa con sus callos, morros e higaditos en la calle Calderón de la Barca

Los Carlos posan para El Periódico Extremadura, en la barra de su establecimiento. / JORGE ARMESTAR

Tiene la emeritense calle Calderón de la Barca un bullicio incesante, en buena medida propiciado por la presencia y la actividad de uno de los locales más reclamados y aclamados en Mérida. El Bar Carlos es un templo de la casquería. Y es que este establecimiento modesto aunque muy formal forma parte de los rincones más aconsejados y visitados de la capital extremeña, con callos, morros, riñones, higaditos finamente cortados y encebollados, chanfaina, prueba de cerdo, lengua, cocido, judías, albóndigas, calamares fritos, papas con choco, sardinas...
Para Carlos Vicente Sánchez (tío) y Carlos Isidro Rodríguez Sánchez (sobrino) estos productos no guardan ningún misterio. Son expertos en cocinarlos y servirlos. De hecho, cualquier día de la semana, la barra de su negocio se convierte en todo un homenaje a las vísceras. «Nuestro éxito con la casquería radica en que la hacemos muy rica, y en que es una elaboración que es costosa de hacer en casa. Lleva tiempo, mucha limpieza y por eso, la mayoría prefieren venir y tomarlo aquí, en una agradable compañía», destacan.

Cocina casera y ambiente familiar. / JORGE ARMESTAR
El Bar Carlos cuenta con un espacio destinado para las mesas y la amplitud de su barra ofrece toda la comodidad a la hora de picar y tapear. El aforo lo aumenta, si el tiempo ayuda, la terraza que poseen. «Este es un bar familiar, donde siempre hay buen rollo, una sonrisa y buen ambiente», describen los Carlos con gran orgullo a El Periódico Extremadura. Nadie se sentirá engañado tras dar cuenta de la propuesta gastronómica y sus precios populares. Lo que hay es lo que se ve, y lo que se ve es lo que se come. Un valor cada vez más al alza y más demandado por la clientela.

Dos buenos amigos en el interior del local emeritense. / JORGE ARMESTAR
«Al final vivimos mucho de la gente del barrio. Tenemos muy buen género y eso se nota y lo saben también los vecinos de otros puntos de Mérida, que vienen a menudo al local», manifiestan. Tío y sobrino hacen un excelente equipo. «Nos sentimos muy bien aquí porque nos gusta la gente y el tener siempre con quien hablar. La verdad es que la hostelería es una profesión que cansa mucho pero nos encanta», concluyen los hosteleros.
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