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Sabe todo, todo lo que se pueda saber de especies, técnicas de cultivo, criterios de poda, abonos...

El vecino de Mérida que susurraba a los bonsáis

Miguel Sáez comenzó su inquietud por el mundo de los árboles en miniatura cuando estudiaba la carrera universitaria en Badajoz y después estuvo tres décadas coleccionando ejemplares. Tras el nacimiento de su hija hizo un paréntesis de 16 años y ahora no renuncia a su sueño de volver a cuidar una higuera

Miguel Sáez posa con un libro de bonsáis en el patio de su casa, en Mérida.

Miguel Sáez posa con un libro de bonsáis en el patio de su casa, en Mérida. / JORGE ARMESTAR

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Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

Bastan unos pocos minutos hablando con el emeritense Miguel Sáez para darse cuenta de que es un hombre muy culto, de los que emanan conocimientos técnicos entrelazados con expresiones populares. Pero, ante todo, es perito agrícola (ingeniero experto en analizar los terrenos de cultivo) y un gran aficionado a los bonsáis. La inquietud de Sáez por estos mini árboles germinó hace ya mucho tiempo. «En mi primer año de carrera en la universidad, en Badajoz, me llamó la atención un libro sobre los bonsáis y sus formas retorcidas. Terminé comprándomelo e indagué sobre el tema y después tuve varios de estos árboles pero se murieron en poco más de una semana. La paciencia y respetar el ritmo de la naturaleza son fundamentales en su longevidad y desarrollo», explica Miguel a este periódico.

Con el paso del tiempo, este perito agrícola fue ganando destrezas en el arte de la poda, cuidado y mantenimiento de los bonsáis. El aprendizaje fue gracias a los libros, revistas, la creación de una asociación en Mérida y a los cursos que asistió en el Museo del Bonsái de Alcobendas. Miguel llegó atesorar una colección de más de 30 mini árboles e invirtió tres décadas de su vida en susurrarle a sus plantas hasta el día que nació su hija. Sabe todo, todo lo que se pueda saber de bonsáis, de especies, procedencias, técnicas de cultivo, poda, diseños, tratamientos, abonos… Y uno de sus ejemplares (encina) fue elegido como uno de los mejores árboles de España en un concurso y se expuso en Gante (Bélgica).

Una encina de campeonato.

Una encina de campeonato. / JORGE ARMESTAR

Y es que esto de cuidar a los bonsáis tiene su aquel... «Si tienes muchos, es bastante trabajo. Hay que estar encima, trasplantar, podar, pinzarlos, mirar cómo están, el clima...», asegura. ¿Qué le aportaba el cuidado de estos mini árboles? «Me aportaban una paz tremenda y distracción. Los atiendes y estás pendiente de que vayan a mejor. Es muy gratificante ver cómo crecen y evolucionan», recuerda con gran ilusión. Su colección era tan variada como realista. «Siempre solía tener árboles autóctonos», apunta con orgullo.

En esta misma línea, el experto reconoce que el cuidado de su pequeña (es lo mejor que le ha pasado en la vida) le alejó de una de sus pasiones. Eso sí, ahora que ella ha cumplido 16 años, tiene claro que volverá a ponerse manos a la obra con una higuera , «pero solamente voy a tener uno para quitarme la melancolía», afirma con una sonrisa Miguel Sáez, que tras este paréntesis no renuncia a su bucólico sueño de volver a susurrar a los bonsáis.

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