Extremadura en la mochila

Disfruta de este paseo por el Guadiana de Mérida, la joya mejor conservada

Aqua Augusta, una riqueza natural del país

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Garcillas bueyeras, cormoranes, gaviotas reidoras, cigüeñas blancas campan a sus anchas sobre las aguas del que está considerado como el gran pulmón verde de Mérida, su río Guadiana que dividie en dos a la ciudad y que es uno de los mejores tesoros conservados de la capital del Imperio Romano en Extremadura.

Relata la Oficina de Turismo de Mérida como cerca de la más extensa de estas islas, la mayor zona verde de la ciudad, transcurre una de las rutas más seguidas por los turistas. Se le llama “La Isla”, y se trata de un parque de casi dos kilómetros de largo que discurre entre puentes monumentales de distintas fases de la historia: el puente de hierro del ferrocarril, obra del ingeniero William Finch Festherstone, erigida entre 1881 y 1883; el espectacular Puente Lusitania, obra de Santiago Calatrava, inaugurado en 1992; el singular puente romano, que explicaremos en su momento; por último, al sur, podemos ver el Puente Nuevo, obra de Carlos Fernández Casado, uno de los más destacados ingenieros españoles del pasado siglo. Es aquí donde se fraguó nuestra ciudad y se sucedieron los momentos más cruentos de la historia local. También es esta zona donde se agolpan sin solución de continuidad varias zonas arqueológicas y donde se erige un edificio único: la Alcazaba. Por último, también se refleja en las aguas del Guadiana la nueva imagen de la ciudad con nuevos edificios salidos de los más afamados estudios de arquitectura nacionales.

Destaca del Guadiana su Puente Lusitania. Desde aquí podemos admirar como la Mérida del presente ha ordenado su fachada al río con un significativo muestrario de nuestra arquitectura contemporánea. Así, en la margen derecha podemos ver el colosal edificio administrativo de las nuevas consejerías que Juan Navarro Baldeweg construyó sobre las ruinas de Morerías. En la margen izquierda, junto a la embocadura del puente, la Escuela de la Administración Pública, diseñada por Javier Saínz de Oiza. A su izquierda una fuente con la representación del dios Océano, obra del escultor cordobés Aurelio Teno. Entre la arboleda podemos ver otro grupo escultórico, en esta ocasión es una obra de Rufino Mesa denominada “Las Siete Sillas”. Son siete bloques de granito que simbolizan a la summa cavea del Teatro Romano como siete estantes para libros.

Alcazaba Árabe

Pocas ciudades de Hispania se urbanizaron tan a conciencia como Augusta Emerita. Una prueba más de ello es la existencia de un extenso dique romano en la margen derecha del Guadiana. Es ese recio muro con contrafuertes, con zócalo de sillares almohadillados y el resto del alzado en mampostería, que vemos prolongarse desde la Alcazaba hasta el lugar en el que se destacan las marquesinas de unos aparcamientos públicos. Originalmente el dique recorría todo el tramo de la ciudad que daba al río es decir, desde los bloques de viviendas de ladrillo que vemos al fondo hasta unos metros más allá del Puente Lusitania. Sobre un tramo del dique podemos ver como se asienta el tramo de muralla de la Alcazaba que mira al Guadiana.

Dejando la margen del río y adentrándonos al interior nos encontramos con la plaza de toros, obra del insigne arquitecto badajocense Ventura Vaca, se inauguró en 1914. Durante los trabajos de cimentación del coso apareció un conjunto de esculturas romanas, algunas de ellas donadas por un importante sacerdote encargado del culto al dios Mitra.

Terminamos la ruta a pocos metros de los Columbarios, a uno de los lados de la Avenida Ensanche, por discurre la conducción hidráulica que, procedente del pantano de Cornalvo, surtía de agua a la zona sur de la ciudad. Lo conservado son restos de la caja del canal (specus), embutida en el paramento de la muralla romana, que, por el trazado, parece dirigirse hacia el lugar en el que se hallaba la torre de distribución de aguas que, posiblemente, sea el que hoy ocupa la arena de la Plaza de Toros. De las cuatro conducciones hidráulicas que dotaron de agua a la ciudad, esta es la única de la que sabemos su nombre real, "Aqua Augusta".

Mérida siempre es un placer que guardar en la mochila, un paraiso del que disfrutar de su río, ideal para la práctica del piragüismo, del running en sus parques y veredas, asiento de los mayores, columpio de los pequeños, mesas de camping y esterillas para los jóvenes... Mérida, romana, extremeña, el mejor espejo para mirarse en los días soleados y también en los lluviosos, cuando el agua llena el Guadiana y su caudal, soberano, corre cual emperador por los caminos del Imperio.

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