En mi atalaya
Elogio de Pou Pou desde Mérida
A mí los segundos o terceros me parecen encomiables, los prefiero para pasar la vida, aunque el mérito se lo lleven los ganadores

Ciclistas de la Vuelta a España, a su paso por Extremadura. / EFE

Por edad, generación y a-qué-dedicaba-el-tiempo-libre me aficioné al ciclismo antes de la etapa gloriosa de Miguel Indurain y Perico Delgado, esto es cuando Jacques Anquetil y Eddy Merckx se hacían dueños durante más de una década de la camiseta amarilla. Y, si no eran ellos, ahí estaban Gimondi, Ocaña o Hinault. Y detrás de ellos, siempre estaba Raymond Poulidor, mal llamado eterno segundón y conocido en Francia como Pou Pou. A mí Poulidor siempre me cayó bien y, a las pruebas me remito, ha dejado huella en mi imaginario deportivo (el otro no). Pero me vale el nombre para elogiar a los segundos porque el pundonoroso Poulidor mantuvo encarnizados pedaleos por las carreteras francesas con Anquetil en los que siempre perdió (o quedó segundo que no es lo mismo). Y eso que era un gran ciclista, ocurre que los otros eran mejores, unos fenómenos de la bicicleta, aunque esa misma condición de segundón en la lucha deportiva le hizo ganar el favor de los aficionados y ser tan popular como los otros. Pasados los años su recuerdo es más intenso en afecto que el de Anquetil, quizá también por carácter, venir de zona rural, nunca desanimarse y llevar una vida personal no tan convulsa como la de Anquetil (que en lo privado también era una fiera).
A mí los segundos o terceros me parecen encomiables, me gustan, los prefiero para pasar la vida, aunque el mérito se lo lleven los ganadores o el oro. ¿Qué pasa, que la plata o el bronce no dejan recuerdo? Hay algo parecido al síndrome George Harrison, el tercer Beatle, segundón de Lennon y McCartney o, para ser más dolorosamente certero, hay está mi Atlético de Madrid siempre detrás del otro. ¡Cuánto daño hace al fútbol mundial el Real Madrid generando eternos segundones allá donde juega!
Lo reconozco: gustan los primeros, los number one, aunque no serían nadie sin el número dos, se dispersarían sin clasificar hacia delante o hacia atrás. Sin embargo, estoy firmemente convencido que son los segundos quienes sacan al mundo, los talentos medios, no los líderes que corren el riesgo de envanecerse. Porque para liderar debes tener a alguien detrás. Me voy a poner trascendente: los segundos son enlace entre cabeza y corazón, entre el cielo y el suelo, aunque no pasen a la historia. ¿Qué hubiera sido de Moisés sin Aaron, a Pelé sin Rivelino, a Pablo sin Bernabé, a Anquetil sin Poulidor, a nadie sin su sombra? Además, cuando llega la parca, el primero y el segundón están en el mismo cajón, porque hay algo más grande que nosotros a quien no le importa la clasificación.
- El funcionario del SEPE expedientado en Mérida denuncia que la oficina atiende ahora consultas sin cita
- Adiós a la señora Nati, el rostro amable que siempre estuvo al servicio de la Concatedral de Mérida
- Una pelea entre jóvenes irrumpe en la fiesta por el Mundial de España en Mérida y obliga a intervenir a la Policía
- Los futuros policías de Mérida salen a la calle para formarse con controles reales de tráfico
- Así cambiará el sociosanitario de Mérida: nuevas camas, sofás, televisores y 219 taquillas
- Una nueva pasarela abrirá al público el interior de la Casa de los Mármoles de Mérida
- Un joven de 23 años, herido con politraumatismos tras salirse de la A-5 en Mérida
- La plaza de España, más de España que nunca: Mérida celebra a manguerazos la segunda estrella