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Pequeños ilusionados, riendo y disfrutando

La Feria de Mérida se transforma en un parque de atracciones y los niños se lo pasan pipa

Conforme avanzan las horas, los cacharritos se van llenando. Hay una gran variedad y no faltan los clásicos de toda la vida. Entre los jóvenes y adolescentes hay uno que destaca con mucho magnetismo: los divertidos coches de choque

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Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

Las atracciones del recinto ferial son cada año por estas fechas uno de los puntos con más ambiente de la capital extremeña. Más allá de los conciertos, las barras de bares en la calle, los pubs y las casetas llenas... existe otra Feria muy distinta. Aquella que, con su luz y color, es la favorita de los más pequeños de la casa, los que nunca se cansan de pedir otra vuelta más en los cacharritos. A las 18.30 horas de este sábado soleado, con la misma urgencia de un despertador, la bocina de la Feria, ese tremendo clásico «¡ninoninoninoninoní!», ha tenido el mismo efecto llamada que el timbre del colegio o instituto que está a punto de comenzar, cuando anuncia el recreo y los alumnos corren al patio. La Feria, además de familiar, es un fuerte reclamo para el público más joven, tanto de tarde como de noche.

Conforme han avanzado las horas, las atracciones se han ido llenando. Hay una gran variedad y no falta ninguna de las de siempre. Entre los adolescentes hay un cacharrito con cierto magnetismo: los coches de choque. Ha bastado con darse un paseo por la calles del ferial emeritense para que hablasen los cinco sentidos y darse cuenta que esta zona de ocio cuenta con sus señas de identidad. Nada más adentrarse en ella el olfato nos avisa con olores dulzones en los que se mezclan los productos tan de feria como el algodón de azúcar o las garrapiñadas. Aromas que nos llevan directamente al gusto y que nos hacen casi a saborearlos mientras nos llevan a uno de los muchos puestos en los que los sirven para hacernos con ellos. Y finalizamos con la vista, que nos ha dibujado una imagen llena de rostros de gente feliz. Pero, sobre todo, de niños ilusionados y disfrutando en el que para ellos es el lugar más especial del mundo.

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