Extremadura en la mochila
El psicólogo de Mérida: contra el Orfidal, Mikel Izal
Es un cantante, aunque en realidad ir a uno de sus conciertos es como ir a terapia, es mirar por la escotilla y contemplar el infinito cuando piensas que todo está perdido y es trabajar para decirle adiós al pánico: "En el paraíso no hay forma de saber si fuera está lloviendo y no importa. El tiempo es infinito y puede ir al revés. Tan solo pide por esa boca"

Izal, en el paraíso de Extremadura / Jorge Armestar

El miedo es esperar lo peor. Por ejemplo, en el amor es saber que no estás y a la vez es sentir que eres tan grande que no te me quitas de la cabeza. Sé que te irás en el mismo momento en que deje de pensarte; hasta entonces, y por mucho que lo intente, sigo viajando en un lugar incómodo, viendo catástrofes que luego nunca suceden pero que te hacen temblar mientras las sientes dentro de tu mente.
Mikel Izal es un cantante, aunque en realidad ir a uno de sus conciertos es como ir al psicólogo, es mirar por la escotilla y contemplar el infinito cuando piensas que todo está perdido y es trabajar para decirle adiós al pánico. El diván de Izal poco tiene que ver con el del psiquiatra que un día visité en Cáceres: una sala de espera llena de gente con la mirada perdida y luego él, en una habitación con la persiana a medio bajar, en una mesa, y tú delante de él, sentado en una silla, soltando tus miserias. Era como estar en la celda de una cárcel. Me recetó unas pastillas para estar happy, pero me prometí que nunca volvería a ese lugar y que nadie sería jamás capaz de volver a hacerme daño. Desde entonces llevo siempre puesta una coraza.
El diván de Mikel fue anoche un diván "acojonante: el Teatro Romano de Mérida", que vibró con su actuación en el Stone&Music Festival. Suena tópico, pero hay que hacerle caso: hay que vivir el presente y rodearte de gente que te quiere. Izal hizo el sábado una obra maestra, más bien un viaje que va del miedo al paraíso, que es tortuoso en sus comienzos pero maravilloso cuando alcanzas la meta.
Capítulo 1
Hace un mes que a Mikel Izal le operaron de menisco y ayer llegó a Extremadura para protagonizar el tercer concierto de su trayectoria musical en nuestra tierra y el segundo de su gira en el que ha podido volver a bailar. Un novela musicada en cuatro capítulos que comienza precisamente con el titulo 'El Miedo' y que incluye 'La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía cómo', una canción que nos sumerge en una narrativa espacial que sirve como metáfora para explorar temas de superación personal, ansiedad y la búsqueda de la belleza en la adversidad. "Cambio de rumbo y salgo de la órbita oscura. Y espanto los malos augurios. Y el vaso ya está medio lleno". Es solo la tercera canción y el público ya está en pie, volando por el espacio sideral de la que fue una de las ciudades más hermosas del Imperio.
Y entonces llega el primer consejo: "Cuando estés preso del miedo hay que soltar, soltar para luchar contra la movida que te está machacando, contársela a tus colegas, a tu familia. No te lo quedes dentro porque se hace bola y te envenena".
Capítulo 2
De ahí al Capítulo 2 de este viaje de Izal con su tema 'El Grito': "Yo le grito al silencio, a ver quién puede más. Callado es cuando pienso en todos los intentos que han salido mal. El grito para el tiempo, apaga el huracán. Si grito más que el miedo puede que entonces tenga una oportunidad. Y yo grito. Grito. Y yo grito y gritar es la manera de dejarme de escuchar".
El grito apaga el huracán. Es la terapia contra la crisis global de la salud mental, consumidos, ahogados, la depresión que a veces te impide llorar porque es un nudo que te aprieta el estómago. A veces te salen estrías, escamas en el cuero cabelludo o se te alteran los vasos sanguíneos. Por eso huyes: "Y yo corro, corro, y corro, y mi sombra corre más. Y yo vuelo, vuelo y vuelo sin ir a ningún lugar. Y yo corro, corro y corro para no quererte mal. Y yo vuelo, vuelo y vuelo y solo quiero aterrizar".
Después, un día, en un autobús al norte anotas todos tus miedos. Y a los demás les dices: "¿Tú qué sabrás? si despiertas lejos de esta casa. ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula". Izal te invita a estar en paz por dentro, a poner tierra de por medio. "Ha pasado mucho tiempo y no he encontrado mi momento. Tantas veces me he callado, yo que soy tan alto y claro. Y tú que me dabas por muerto, y hablabas de malos y buenos, que en nombre de tus libertades has acabado con las mías por los suelos".
Pero Mikel Izal se ha ido quitando millones de alfileres de sus pies y veloz sigue trepando por el escenario del Romano. Y promete no volver a esconderse detrás del silencio aunque a veces la vida duela. Izal tiene 42 años y lanza esta misiva: "Si estás en un momento de mierda, calma".
Capítulo 3
Por eso es tan imporante 'La fe', que aparte de ser una canción muy bonita dice esto: "Pósate en mí, luciérnaga de aire, ven a alumbrarme las penumbras con tus alas de cristal. Y vuela hacia mí, y ahuyéntame el desastre". Izal abre el grifo infinito para que no pare el carrusel, para que no deje de girar la noria. Y rebobina: "Todo un año de duda y silencio, de resaca, de látigo y sal, de luchar, de jugarme la vida, matando mentiras a toda verdad".
No hay que mentir, hay que ponerse a bailar. Y Mérida baila. Hoy "nuestra casa se ha llenado con amigos de hace años. Hemos puesto las canciones que siempre dijeron tanto. Y mientras todo se derrumba, a los locos nos verán bailando. Y ahora sentimos tan lejos los antiguos miedos. Ahora que no queda tiempo aparecen nuevos. El miedo de que nadie nos pida un adiós, y que no toquen mis manos de nuevo, y que no muevan mis pies en el suelo. Bailando hasta que todo acabe. Ya no importa lo que digan y menos lo que callen. Que nos miren, que sientan, que rían, que se unan al baile. Bienvenidos a la última fiesta del no somos nadie".
Capítulo 4
Mérida sigue bailando. Es un gran ola el Romano mientras recuerdo el último verano. "Ha sido el mejor verano de mi vida", me dijo mi primo Pirri el otro día. Y claro que lo ha sido porque hemos dejado el miedo, hemos recuperado la fe y hemos llegado al paraíso. El paráiso es que te importe todo un poco menos. En el paraíso todo es ligero, son los pequeños detalles, como estar sentados en una mesa con unas birras, son los privilegios del primer mundo. Vinieron los niños, las sobrinas, estaban los abuelos y el mar.
El paraíso es escribir las páginas que nos importan, el deseo de ser sincero, el caminar por los cerros con la frente alta. Y siempre mucha calma blanca, ropa de cama de hotel, olores de vida plena. Y sexo ligero, agua fresca, zumo de fruta y café.
"Ya no hay miedo, nada tiembla, soñar despierto, dormir contigo, viajar despacio y volver. Y para el tiempo, así que atentos todos al cielo. Calma, quietos, cojan aire, que al menos quede el recuerdo de aquel momento que fue perfecto".
'La mujer de verde' y de ahí al punto final. 'El paraíso'. Y Mérida es un huracán mientras la prodigiosa cámara de Jorge Armestar capta el momento definitivo para esta crónica: "En el paraíso no hay forma de saber si fuera está lloviendo y no importa. El tiempo es infinito y puede ir al revés. Tan solo pide por esa boca". Y la banda se marcha del Romano cuál gladiador de Augusta Emerita a sabiendas de que Mérida ya tiene la terapia de su mejor psicólogo: contra el Orfidal, Mikel Izal.
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