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Extremadura en la mochila

Mérida chichera: Los Chichos son a los 80 lo que 'La Bichota' a los 2000

Ellos, agradecidos, diciendo: "Nunca hemos visto un escenario así' y "Viva Mérida y sus cosas romanas", frase que levantó la carcajada y el aplauso del graderío entero y se ha quedado ya para siempre como mítico latiguillo de los emeritenses. "Viva Mérida y sus cosas romanas". Si es que hasta para decirlo hay que tener arte

Los Chichos ofrecen un concierto histórico en el Teatro Romano de Mérida

Jorge Armestar

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Habría que levantarle un monumento a Carlos Lobo, el promotor musical del Stone&Music Festival que ha tenido la genialidad de llevar a Los Chichos al Teatro Romano de Mérida, el escenario por el que han pasado los más laureados cantantes, actrices y compañías nacionales e internacionales. Los Chichos, estratosféricos, convirtieron anoche a la joya extremeña de Roma en una gran verbena, donde el público (muchos de ellos jóvenes) vitorearon y bailaron las canciones de los que han sido referencia indiscutible de la rumba flamenca de este país.

Los Chichos siguen hablando de las cosas que le importan a la gente de hoy: la droga, el desprecio a las mujeres, el amor, el poder de una madre, la delincuencia, la cárcel, la hambruna infantil, la soledad y la alegría de sentirse vivo. La carrera musical de la banda comenzó en 1973 en Madrid, han editado 22 discos de estudio y han vendido más de 22 millones de copias. Por menos los ha habido que han recibido un Grammy.

Por eso ayer el Romano le regaló en forma de aplausos, y con el público en pie, millones de Grammys a Los Chichos, a esos que se criaron en Vallecas, en El Pozo del Tío Raimundo, en medio de la desolación, la pobreza y la jeringuilla, pero que anoche, paradojas de la vida, se convirtieron por unas horas en dioses romanos de Augusta Emerita.

Los Chichos forman parte de decenas de generaciones criadas en la España de los 70 a los 80. Hablar de Los Chichos es hablar de la verbena del pueblo, de la Fiesta del Emigrante, de aquellas noches de verano con el casete a cuestas y las cintas a las que les dabas vueltas con un BIC cristal o un BIC normal para que se rebobinaran.

Nadie de aquellos años dio la espalda a Los Chichos, porque eran números 1 en las listas de éxito y porque cantar por Los Chichos era cantarle a tu primer amor y cantarle a la libertad. Fueron ellos los que pusieron sobre la mesa la necesidad de que las instituciones y los servicios sociales actuaran contra la droga, esa que se llevó por delante en forma de heroína y de caballo a muchos jóvenes de las bajas y las altas clases, que cayeron con el Sida o que terminaron en chirona.

La España de la necesidad

Los Chichos hablaban de esa España en la que se robaba por necesidad y en la que hoy hay muchos que también roban por necesidad, porque no tienen trabajo, o porque no pueden alimentar a sus criaturas o porque un sistema social e injustamente envenenado no les deja otra salida.

Ellos han empoderado a las madres: 'Mami, no me dejes solo', ese himno a la protección, a la pérdida, a la orfandad que te deja la ausencia o la despedida de una madre. Los Chichos hacen comunidad cuando cantan aquello de "seguiré luchando por los míos, seguiré robando por los míos", porque la familia siempre ha de ser lo primero.

Y también hablan de prostitución: "tengo un amor en la calle, amor que es de compra y venta", que Pretty Woman no inventó nada con Julia Roberts, que ya lo habían inventando Los Chichos mucho antes de que se estrenara la taquillera película que aún siguen reponiendo por televisión algún domingo que otro, habitualmente en horario nocturno.

Mujer cruel, mujer cruel, y la infidelidad como tema y Los Chichos, agradecidos, diciendo: "Nunca hemos visto un escenario así" y "Viva Mérida y sus cosas romanas", frase que levantó la carcajada y el aplauso del graderío entero y se ha quedado ya para siempre como mítico latiguillo de los emeritenses. "Viva Mérida y sus cosas romanas". Si es que hasta para decirlo hay que tener arte.

Los Chichos han conocido a muchos que estuvieron en la cárcel, y a muchos a los que salieron de ella vivitos y coleando. "Hoy me dieron ya por fin mi libertad. Puedo volar, cambiar la forma de vivir. He dejado los barrotes del presidio. Hoy se abre un mundo nuevo para mí". Porque siempre hay una segunda oportunidad.

El Teatro Romano de Mérida se convirtió en la gran fiesta del verano, como cuando íbamos al pueblo en el 131 de nuestros padres con el casete a toda pastilla y sin aire acondicionado a sabiendas de que nos esperaba el paraíso y cantábamos hasta desgañitarnos aquello de "no juegues con mi amor, nonaino, naino, na".

Diego, que es de Mérida, toca la batería con Los Chichos, y anoche tuvo su momento de gloria al sentirse al unísono arropado por sus paisanos. "Viva Mérida y viva la madre que te parió", le decían a Diego. Y olé, olé, y olé. Y el público botando, que no se podían ya dar más botes ni hacerse más selfis... Qué maravilla.

Hay quien pueda pensar que Los Chichos son arcaicos. ¿Acaso no es arcaico el regateon y se baila en las discotecas como si no hubiera un mañana? Cerca de mi pueblo estaba la discoteca La Calatrava. Allí me hice chichero y de Los Calis, por supuesto. "Vivan los gitanos y los payos, que todos somos hermanos", hermanos y chicheros, ni más ni menos, ni más ni menos, que Los Chichos son a los 80 lo que La Bichota Karol G. a los 2000. Y si no, rebobinen, y echen un vistazo a las listas de éxitos, verán cómo El Vaquilla sigue siendo alegre bandolero.

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