Stone&Music Festival
Por favor, que Mérida sea solo para los dioses
Marlon y Álvaro de Luna ni convencen ni llenan el Teatro Romano de Augusta Emerita

El concierto de Marlon y Álvaro de Luna en el teatro Romano, en imágenes / Jorge Armestar

Aunque los romanos no eran muy aficionados al teatro, una ciudad de prestigio no podía dejar de contar con un edificio para los juegos escénicos. El de Augusta Emerita fue especialmente generoso en su cabida: nada menos que unos seis mil espectadores. Construido bajo el patrocinio de Agripa, yerno del emperador Augusto, a caballo entre los años 16 y 15 antes de Cristo, cuando la colonia fue promovida como capital provincial de la Lusitania, el Teatro Romano de Mérida fue concebido como un espacio de ocio y entretenimiento, donde desde su origen se llevaron a cabo representaciones de los más grandes dramaturgos de la tragedia griega como Sófocles o Esquilo, y de las comedias romanas de Plauto o Terencio.
Este escenario, Patrimonio de la Humanidad, fue cuidado con mimo por Constantino y por las dinastías de Flavia y Julio-Claudia. Por él han pasado las compañías, los actores, actrices, bailarines y cantantes más prestigiosos de todos los tiempos, que han seguido dando brillo a la capital de Extremadura, que acoge a este Romano, príncipe de todos los príncipes, emulando aquellas palabras del insigne arquitecto José Menéndez-Pidal.
Desde hace nueve años, la oferta cultural del trono de la vieja Roma ha abierto su orchestra al Stone&Music Festival, una cita veraniega que ha convertido en referente a Mérida y por la que han pasado nombres como Ainhoa Arteta, Alejandro Sanz, Raphael, Gloria Gaynor, Izal, Dani Martín, José Luis Perales o Isabel Pantoja. Es, por tanto, una iniciativa loable, que hace de Mérida un modelo a seguir, que eleva el turismo y que supone un apoyo indiscutible al mercado musical de nuestro país.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte se venía comentando en los mentideros romanos que el icónico templo de la Diosa Ceres había comenzado a perder 'take part'. Ahora que estamos en la era en la que todo se mide por el 'share', con Broncano y Pablo Motos a la gresca, donde la audiencia sigue siendo soberana, queda claro que lo de anoche en Mérida fue un auténtico fracaso, un pinchazo, un espectáculo que poco tiene que ver con el prestigio y la grandeza de este lugar sagrado de la cultura y la creación. Y fue un fracaso, en primer lugar, por el número de espectadores, con una grada a medio gas, que en ningún momento cumplió las expectativas para las que fue concebido el festival.
En el escenario, Marlon y Álvaro de Luna, dos cantantes que si bien son seguidos por muchos adolescentes y tienen buenas intenciones, aún deben transitar un largo camino en el mundo de la música para conquistar el corazón del gran emperador. Subirse al Teatro Romano de Mérida es un orgullo, pero también una responsabilidad que no podemos permitir que se diluya, es tomar el testigo de otras muchas generaciones, es cumplir un sueño y es como subirse a un ring: la pelea del arte para ser la emperatriz del imperio.
Con cabeza de Mickey Mouse
Marlon llegó anoche a Mérida con una cabeza de Mickey Mouse bajo el brazo, que seguramente tendrá un sentido muy profundo para él, pero que bajo las columnas imperiales parecía más un chiste que el inicio de un concierto con entidad. Dijo Marlon que se había comido una hamburguesa que no le había sentado del todo bien, pero que entrando en la casa de Augusto, su dolor de estómago se había esfumado. Y luego llegaron las canciones...
En sus letras, Marlon habla de amor, con frases como "quiero comértelo todo", "solo quiero un mundo contigo", "solo dime que te quedas a dormir, dime que serás mi Macarena". Ay, Macarena, que cantaban Los del Río. Y seguía: "Me da igual que seas guapa, fea, rubia o morena, eres tú mi Macarena". Ay, Macarena.
Marlon tiene aires de niño bien. Nos habló de su novia, movió su camisa de moda, corría por el escenario, pero se volvió pequeñito. Porque Mérida es mucha Mérida. Por eso la grada estaba tan vacía. Pese a todo, en un momento del concierto Marlon demostró que tenía los pies en el suelo al confesar: "Pocas veces, o ninguna, hemos tocado en un sitio tan increíble como este". Y es que para triunfar en un sitio como Mérida hay que ser Raphael, como mínimo.
Con Marlon todo está inventado. Porque en realidad hay muy pocas cosas en la vida que sean verdaderamente ingeniosas. Por ejemplo, ese tema titulado de 'L. A. a Nueva York', que es un plagio al 'Cadillac Solitario' de Loquillo: "siempre quise ir a L. A. dejar un día esta ciudad, cruzar el mar en tu compañía". Y aquel Loquillo, sobre el Romano un inolvidable Día de Extremadura, que hizo vibrar, pero de verdad, a un público entregado. Era 2014.
"Me encuentro cojonudamente"
Luego estaba el lenguaje, la manera de dirigirse al público: "Me encuentro cojonudamente, no quiero que se acabe. Esto es acojonante, ilusionante, flipante". Arriba el intelecto y la creación.
Hubo gestos hermosos de Marlon, como el recuerdo a Hugo, el emeritense que padece cáncer, o esa forma de agarrar la bandera de Extremadura con tanto sentido patrio.
Pero de nuevo, los pies en la tierra: "Algún día vendremos solos a llenar este teatro".
Álvaro de Luna
Marlon sabía que no había llenado y que no había llegado solo. Que lo había hecho con Álvaro de Luna. En ambos casos la voz de estos dos chicos no se escuchaba, se esfumaba; arriba, en el gallinero, donde han puesto un sitio para la prensa, todavía menos. Se salvó el batería, que es un auténtico virtuoso. Por los demás: lo de siempre...
Tras un parón entre las dos actuaciones, que se alargó hasta la extenuación sin sentido alguno y con una falta de respeto tremenda hacia el público, el joven De Luna apareció con unas gafas de sol y un pañuelo rojo en el bolsillo trasero, que ya lo llevaba Miguel Bosé en 1980 cuando cantaba 'Don Diablo' (nada nuevo bajo el sol). Por supuesto, como manda Dios Instagram, se quitó la camisa para enseñar biceps, triceps y todo ese conjunto de cero grasa que está ahora tan 'on fire'. ¿Para qué quiere la sociedad de hoy el cerebro teniendo tanto músculo?
Imagen y más imagen, pero sepan que para tener la voz prodigiosa de Andrea Bocelli aún hay que comer muchos huevos fritos.
Álvaro de Luna hizo un repaso a su trayectoria, llena de éxitos que han sonado en Los 40, con una voz a veces un poco descontrolada. Que si "encontré mi lugar", que si "somos tú y yo", que si "yo quiero todo contigo", que si "perdidos en mi playa hasta el que el sol se vaya", que si "a veces voy, a veces vengo", por el camino, yo me entretengo, que ya Camarón lo hizo himno, señores.
Final apoteósico: "Viva Mérida, Viva Extremadura y Viva la madre que os parió". Y nada de su último hit: 'Nuestra canción'. La dejará para el próximo Stone, quien por cierto, debería hacérselo mirar, al menos por respeto a los dioses del Imperio de la Antigua Lusitania.
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