En mi atalaya
Se os nota en la mirada
No todas las tormentas vienen para perturbarnos la vida, algunas llegan para limpiarnos el camino

La virgen de la O. / Hermandad de la O

El sábado se casó en Triana un hermano mío; lo hizo en la Iglesia de la O de la muy nazarena calle Castilla mientras los miraba, a Natalia y a él, la hermosísima imagen de la más bella de las mujeres, la Señorita de Triana, guapa, guapa, guapa. A la ceremonia asistieron sus hijos, hermanos míos del costal de la vida (¡Ay, Martita cuanto te estimo!) y, desde el cielo su padre, Tomás, que casualmente, también era hermano mío por partida doble (era, es, sería, siempre será, no sé qué tiempo verbal utilizar).
Como pueden leer fue una boda muy fraternal, aunque, a estas alturas, alguien puede pensar que abuso de la palabra ‘hermano’. Pues no, hermano va más allá de amigo (que tampoco está nada mal) y aunque ya lo somos por pertenecer a la excelsa Sacramental y Penitencial Hermandad de la Sagrada Cena en este caso sobreabunda lo fraternal pues nos unen recuerdos, afanes, ilusiones y pasiones. Y ya se sabe que la Virgen de la O nos habla desde lo que nos apasiona. Y no solo eso, en los últimos tiempos hemos pasado por unas ‘revirás’ muy malas, la verdad, pero no todas las tormentas vienen para perturbarnos la vida, algunas llegan para limpiarnos el camino.
Con razón dicen que los mejores amigos están en los peores momentos y que el amor es la fuerza más curativa del mundo. En mi Colegio Mayor Belagua ondeaba el lema ‘Frater qui adjuvatur a fratre quasi civitas firma’. El hermano ayudado por su hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada. Precisamente, precisamente… Por Pamplona andan algunos de estos ‘hermanos’.
Los hermanos tortolitos eligieron bien sus años de tálamo y de intensos Domingos de Ramos (esto último lo sé muy bien yo) aunque el mejor balance que puede haber es estar con quien te ama y te entiende, no se necesita nada más. La mayor estupidez es no amar. O pensar que no necesitas a nadie; la gente que no necesita ayuda de nadie es patética. Y los hermanos nos ayudamos. Lo decían los Beatles en su ‘With a Little from my Friends’, llego lejos con la ayuda de mis amigos. Tan lejos y tan cerca como Triana donde allí los espero dentro de otros 25 años (si la Virgen de la O quiere) y que se os siga notando en la mirada.
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