Estudio realizado a los restos óseos de 70 personas tras una excavación para la ampliación del MNAR
Los esclavos romanos de Mérida comían más verduras que carne y padecían de artrosis
El arqueólogo Carlos David García concluye en su tesis doctoral los hábitos de esta parte de la población de Emérita Augusta. Los hombres eran más altos que las mujeres. Los detalles de su interesante investigación, pionera en Extremadura, los desvela para este periódico

El Sherlock Holmes de los huesos, en Mérida / Cedida a El Periódico Extremadura

Siempre tuvo mucha curiosidad por la presencia de los romanos en la capital extremeña. Es un apasionado de la historia y del misterio de las cosas, un trabajador constante, un investigador cuidadoso y curioso, un lector voraz y devoto del Atlético de Madrid. Eso es Carlos David García (Mérida, 1995), pero, por encima de todo, si por algo destaca, es por su faceta de arqueólogo. Estudió en la Universidad de Extremadura la carrera de Historia del Arte y el máster de Arqueología y Ciencias de la Antigüedad en Santiago de Compostela. Cuando terminó el posgrado, le surgió la oportunidad de hacer la tesis doctoral en Galicia y no lo pensó. Actualmente compagina la investigación con su trabajo en la empresa ANTA, Trabajos de Arqueología.
El trabajo de la tesis doctoral de Carlos David, bajo la dirección de Olalla López (antropóloga física) y Antonio Martínez (biólogo) del Grupo de Investigación EcoPast (GI-1553) de la USC, ha permitido descubrir los hábitos alimenticios, estatura y las enfermedades de los esclavos y libertos de Emérita Augusta. «Se trata de una investigación pionera en Extremadura y analiza los restos óseos de 70 personas halladas en la excavación que llevó a cabo el Museo Nacional de Arte Romano para poder ampliar sus instalaciones. Los huesos encontrados están llenos de datos. También forman parte de una colección del MNAR y pertenecieron a 118 individuos (hombres, mujeres y niños)», explica con ilusión a este periódico.
Los resultados aportan datos interesantes. «Los antiguos vecinos de Mérida consumían en su menú diario trigo, verdura, frutas, algo de carne de animales herbívoros y nada de pescado. La media de altura fue de 1,60 metros. Además, los hombres eran, por término medio, más altos que las mujeres. Igualmente nos encontramos con una población que padeció artrosis, fracturas en brazos y pieras , mal de Perthes...», manifiesta el investigador.
Pasear con Carlos David por la capital regional es como estar en un aula al aire libre. Por cada metro recorrido a su lado, uno saca un nuevo dato sobre la historia de Mérida. Su tono amable hipnotiza, parece una especie de Sherlock Holmes de los huesos y de las piedras. El joven se siente un auténtico privilegiado. «Mis tutores me están enseñando muchísimo, a progresar en el sector y a amar más la investigación. Estoy orgulloso de ser de Mérida, atlético y ejercer el mejor trabajo del mundo. Aquí movemos tierra para construir algo y aparecen restos. Eso es un privilegio».
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