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"He sido muy feliz en mi trabajo", asegura

Agustín Velázquez, el hombre que estuvo 40 años mimando las piezas del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

El MNAR se despide de su jefe de Documentación, una figura fundamental para coordinar el archivo de las instalaciones

Agustín Velázquez posa en el interior del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Agustín Velázquez posa en el interior del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. / Jorge Armestar

Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

Agustín Velázquez, natural de Mérida, se acaba de despedir hace unos días, por jubilación, de su trabajo en el Museo Nacional de Arte Romano después de 40 años, un mes y un día trabajando como jefe del departamento de Documentación. En sus inicios también ejerció como responsable de Personal. La arqueología siempre le llamó mucho la atención desde pequeño, y por eso decidió cursar Historia en la Universidad de Extremadura. Ahora le toca disfrutar de unas largas y merecidas vacaciones en las que disfrutará de sus aficiones como la jardinería, el huerto y sus gallinas, leer, el cine, escribir libros sobre monedas romanas y novelas, así como seguir con sus labores de delegado Episcopal de Patrimonio Cultural de la Iglesia. Tras una vida dedicada a estudiar, clasificar, documentar y coordinar en el archivo las 50.000 piezas del MNAR, la experiencia y el conocimiento lo convierten en una de las personas que más sabe de arqueología de Emérita Agusta.

A lo largo de estas más de cuatro décadas, Velázquez ha trabajado con tres directores en el museo antiguo y en el nuevo de la ciudad, el archivo del citado espacio fue sumando sus funciones y fondos hasta convertirse en lo que es actualmente: una estructura clave de información de cinco patas del pasado emeritense a disposición de cualquier persona que lo demande. Explica a este periódico que empezó a trabajar «el 1 de diciembre de 1984. Antes hice las prácticas aquí. Las fichas técnicas de los distintos objetos se realizaban a mano y con el paso del tiempo se acabaron digitalizando en un programa muy práctico».

Antes de iniciar su descanso, posó para la fotografía de este reportaje de despedida justo en el interior de las instalaciones y su presencia no pasó desapercibida para quienes coincidieron con él durante todo este tiempo. «Por lo general, he sido una persona muy feliz en mi trabajo, me he encontrado con muy buenos compañeros y personas muy interesantes. Además me encargué de coordinar la salida de las piezas que iban a mostrarse en las exposiciones», señala con una sonrisa en la cara. A estas alturas de la entrevista le pregunto: ¿Cuáles son sus tres piezas favortias? Es curiosa su respuesta. «El relieve de la vida, el Dintel de los Ríos y la cabeza Velada de Augusto», responde el historiador. El Museo Nacional de Arte Romano pierde una de sus piezas más importantes, pero seguirá en las mejores manos. Su hijo Javier continúa con el relevo de su padre.

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