En mi Atalaya
El milagro de Los Milagros de Mérida
Para salvar al Albarregas los romanos, prodigiosos ingenieros hidráulicos, trazaron una maravilla de la humanidad

Acueducto de Los Milagros de Mérida. / El Periódico

Decía Chesterton que lo sorprendente de los milagros es que ocurren. Existen, vaya que si existen (esto, lo digo yo). Como amante del vino comprenderán que mi favorito es el de Caná, que es extraordinario porque no resucitó a un muerto, ni curó enfermedades incurables, ni limpió lepra, ni dio la vista a un ciego o el habla a un mudo. Hizo un milagro sencillo, cotidiano, con una lógica que nos rebosa porque se puede pensar que había necesidades más urgentes en Israel para tamizarlas milagrosamente que el convite de unos recién casados.
Pero los milagros son incomprensibles, si los entendiéramos no serían milagros. Y si te falta fe, entonces, mejor ni lo intentes. Por eso los milagros más sorprendentes son los que suceden en los corazones, los milagros interiores, cotidianos, con los que afrontar el dolor, la enfermedad, la muerte, cambiar tu vida.
Un hecho excepcional
Es verdad que por mucho que pidas no te va a tocar la Primitiva o el Atletic campeonará (esta temporada, quizá sí) pero, por extensión, llamamos milagro a un hecho excepcional, mundano, material. Y para eso no hace falta fe, aunque tampoco sobra. La naturaleza no es muy dada a los milagros, ya saben, Dios hace milagros, el hombre los intenta, pero la naturaleza y sus leyes inexorables van por otros caminos, que excluyen prodigios, maravillas o asombros. La naturaleza no perdona nunca.

Pepografo
Pues, caramba, los emeritenses antiguos dieron en llamar Acueducto de los Milagros al canal elevado que salvaba el vallecito del Albarregas y lo enfilaba hacia lo alto de la calle Calvario, en el castellum aquae (de fácil traducción, incluso para mí). El Albarregas es el pariente pobre del Anas, vulgo Guadiana, pero puente y pasaje de la Bimilenaria de entonces. Además, está vinculado a mi infancia pues limitaba a lo largo las traseras de la Papelera Santa Eulalia, fábrica de papel donde me crié.
O sea, que citar al Albarregas es hurgar en las raíces más profundas de mi infancia, mi auténtica patria. El sencillo, modesto y casi siempre lánguido Albarregas, es memoria colectiva de Mérida y, por lo tanto, memoria colectiva de la humanidad. Si el Anas es lento, el Albarregas es escaso, pero también tiene su puente romano. Bueno, escaso el Albarregas pero de unas avenidas tremendas cuando llegaba diciembre y se anegaba toda la Papelera.
El río Albarregas
Vuelvo al tema: Para salvar al Albarregas los romanos, prodigiosos ingenieros hidráulicos, trazaron una maravilla de la humanidad que hemos dado en llamar Acueducto de los Milagros. Como diría Vitruvio: «Que la majestad de tu Imperio cuente con el adecuado prestigio de edificios públicos», aserto que viene que ni de molde al Acueducto porque expresaba la estrecha relación entre la obra pública construida por los ingenieros y la grandeza de un imperio que, gracias a esas infraestructuras, controló las extensas tierras bajo su dominio.
Puente y Acueducto hicieron Mérida desde su base. Mi entrañable y sabio José María Álvarez Martínez, Chema en todo el orbe, pero sobre todo en Roma y Berlín, me explica que Acueducto (Aquae ductus, transportar agua) es todo el trazado desde el lago Proserpina (Charca de la Albuera) hasta Mérida y la parte sobre el vallecito del Albarregas son Arquerías.
La Arquería de los Milagros: «hubo necesidad de tender sobre el valle del río Albarregas para salvar su depresión y permitir la llegada de las aguas a una cota favorable desde donde se distribuyera a voluntad por toda la antigua colonia». Chema dixit en su memorable ‘Aquae augustanae’. Y si Chema dixit es como el Papa Francisco ex catedra, pues no hay en el mundo mejor investigador en ingeniería hidráulica romana, desde el punto de vista arqueológico. En el mundo y para toda la humanidad (no me importa que se note que le estimo mucho).
No deja de ser curioso que Pedro María Plano, alcalde culto e ilustrado, solo estudiara el Acueducto de San Lázaro e ignorara al de Los Milagros, quizá porque desde el de San Lázaro se surtía de agua potable a la Emérita Augusta en su tiempo, pero si maravilla hidráulica es uno (el de Los Milagros) desde el Arroyo de las Adelfas o el de las Pardillas hasta Mérida, no menos es el otro con su Rabo de Buey, los arroyos de las Tomas o de las Arquitas, el pasaje del Contador, el otro.
Los ingenieros romanos
Los ingenieros romanos, con su experiencia de campo encauzaron las aguas de dos embalses o presas, Cornalvo y Proserpina, para irrigar nuestras tierras y calmar nuestra sed (entonces no embotellada) con unas construcciones hidráulicas asombrosas que han llegado a milagrosas. Es verdad que Pedro María Plano en 1889 como alcalde ejecutó una obra inmensa limpiando y reparando 4031 metros de Acueducto de San Lázaro desde Rabo de Buey hasta su final, con la inestimable ayuda y colaboración de un concejal llamado Miguel Nogales Toresano, que ya es casualidad el apellido Nogales por lo que significa para la cultura y arqueología romana y por tanto universal.
Pero de los 10 kilómetros de Proserpina a Los Milagros, de ese arduo diseño salvando obstáculos, sierra de Carija, dando rodeos, saltando vaguadas, pequeñas depresiones, macizos graníticos, maldad humana y otras variantes, buscando cotas favorables y curvas de nivel antes que atravesarlas (Chema vuelve a decir) hablamos otro lunes. Si vivimos de milagro
- El bar-restaurante con más morro de Mérida abre su segundo local junto al Templo de Diana
- Mérida mueve ficha para ampliar su patrimonio: el ayuntamiento inicia la compra del antiguo edificio de Correos
- Condenan a dos menores por una violación grupal en Mérida: 'Follamos y nos la chupas a todos o matamos a tu familia
- Todo listo para el belén viviente de Mérida: más de 200 personas, concurso de migas y coros
- La lluvia trastoca los planes de la festividad de Santa Eulalia en Mérida: los fuegos artificiales y la Pitarra cambian de fecha
- La rehabilitación de edificios históricos impulsa una nueva Mérida
- Los gigantes de hierro se adueñan del cielo de Mérida: corte de tráfico de dos horas y media para instalar una grúa
- Los mayores del barrio emeritense de Nueva Ciudad celebran la Navidad con unas migas