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En mi atalaya

Jardines de Babilonia en el Hornito de Mérida

La última atracción emeritense con forma vertical, pedazo estructura de 20 por 17 que dicen sostendrá de pie un jardín

Estructura para el jardín vertical, en el plaza de la Basílica de Santa Eulalia.

Estructura para el jardín vertical, en el plaza de la Basílica de Santa Eulalia. / ALBERTO MANZANO

Rafael Angulo

Rafael Angulo

Mérida

Rozaba la hora de Cenicienta cuando Pelín con nocturnidad y alegría me vio pasar por el Hornito, bajando del Carmen. Él, estaba frente a la última atracción emeritense con forma vertical, pedazo estructura de 20 por 17 que dicen sostendrá de pie un jardín como su nombre indica, vertical. "Voy a fingir que no le veo” pensé, pues ya me lo conozco y como coja la linde es más pesado que un collar de melones. Pero me vio y a un amigo no se le puede evitar.

"¿Qué haces Pelín”? Y me contó que estaba pensando en cómo iban a regar en julio ese jardín (vertical, ya lo dije). Como hay unas tomas para el agua en la base, le dije que por ahí regarán y que en Babilonia había unos jardines que también estaban en alto y los consideraban una de las siete maravillas del mundo (antiguo). Los hizo Nabucodonosor, que era como ARO pero seis siglos antes de Cristo. El agua la traían del Éufrates y aquí la pueden traer del Guadiana o del acuífero de Fernández López, será por agua este año. Pelín puso cara de asombro por mi ignorancia, no me quedó claro si su sorpresa era fingida o sobreactuaba, que eso lo siempre lo ha hecho muy bien y me afeó ignorancia pues los Jardines de Babilonia, dijo, no eran verticales sino colgantes. Eso sí, Nabucodonosor tampoco tenía enemigos (los había matado a todos), ARO tampoco los tiene, pero por incomparecencia).

Instalación de la estructura.

Instalación de la estructura. / ALBERTO MANZANO

Posibles caídas

Mérida es una bimilenaria acostumbrada a lo tórrido a 40 grados (a la sombra) pero de ahí a 17 metros de jardín flotante hay un trecho (húmedo). Y lo peor es que el agua vertical nos impida a los cojos pasear por aquí, ante el riesgo de castañazo, le digo a Pelín. Pues haz como en los porrazos, me dice, si te resbalas en la Hermandad y te das un trastazo, puede que los demás se rían de ti, pero si eres tú mismo quien lo cuenta, pues ya es distinto pues ya haces reír a los de la Cofradía. Vaya, no sé en qué está pensando tu mente, esa parcelita que tenemos detrás de la frente entre las orejas, tú atrévete, que no te quede nada de lo que quieras decir por decir, que esta ronda la pago yo, además, aún me debe sangrar la lengua de tanto morderla para evitar el sustantivo que resulta más apropiado para algunas situaciones.

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