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En mi atalaya

Desde la Capilla Sixtina al Guadiana por Mérida

Los vencejos tienen una urbanización con agua, luz y limpieza en el mal llamado Puente Nuevo

Una persona da de comer a palomas.

Una persona da de comer a palomas. / El Periódico Extremadura

Rafael Angulo

Rafael Angulo

Mérida

Aprovechando que el Guadiana pasa por Mérida dirigiéndose hacia Portugal volví a recorrer como antaño el caminito que bordeando el río (margen derecha conforme bajas) me lleva a la estación de Aljucén y, por lo tanto, a la Escuela Familiar Agraria. Aviso previo: la estación de Aljucén se denomina así por el río no por la población. El Aljucén desemboca en el Guadiana justo por debajo de la estación del tren. Que teniendo en cuenta los planes de Adif-Renfe puede que aquello sea la estación de Mérida y la de aquí un apeadero. Y por más que miré no encontré, a la salida de Mérida, ni gorriones y golondrinas, esas que dicen que volverán oscuras. Alarmado llamé a quien a mi entender más sabe de esto, Paco Blanco, que me vino a decir: “Alma de cántaro, gorriones, golondrinas, aviones y vencejos son aves urbanas, ¿dónde vas a buscarlas?”. Vencejos tienen una urbanización con agua, luz y limpieza en el mal llamado Puente Nuevo de la capital extremeña, no les pidas que se arriesguen al pegamento de las riberas del Guadiana (esto es de mi cosecha).

Desaparición de las especies

Así que continué caminando sin alarmarme por la desaparición “invisible” de las especies o extinción silenciosa, que, en eso, pasa como con los cardenales que entran de papables y, ya ven, salen de lo mismo tras una semana misteriosa de deliberaciones secretas y no tan secretas. Al final solo el Espíritu Santo lo sabe. Por eso al Espíritu Santo se le representa desde los inicios de la creación como una paloma que, por los siglos de los siglos, nunca estará en vías de extinción: “Y el espíritu de Dios flotó sobre la superficie de las aguas como una paloma que se cierne sobre ella sin tocarlas “. “Un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”. Y tanto, que fue una paloma la que envió Noé en busca de tierra después de que las aguas del diluvio se detuvieron. “La paloma vino al atardecer y traía en el pico un ramo verde de olivo”.

Firme creencia

El Espíritu Santo se dice que descendió sobre Jesús en forma de paloma durante su bautismo en el río Jordán. La paloma es un símbolo de pureza, inocencia y paz. Es más que el recordatorio de una simple ave, es la presencia de algo mucho más elevado en nuestras vidas. Los hay que, rasgándose las vestiduras, y ese papel en verdad que lo bordan, dudan de la asistencia del Espíritu Santo en las deliberaciones en el cónclave y no se creen que, en los altos de la Capilla Sixtina, rozando los frescos de Miguel Ángel, un aleteo se cierna sobre los solideos o birretas rojas de sus eminencias dejando caer una blanca pluma encima de uno. Yo lo creo firmemente. Y de esto, como católico, no me siento observador, me siento parte ya que rezo para que el aleteo sea, como siempre, eficaz. Ahora, lo que no sé es por qué me ha venido a la cabeza esto aprovechando que el Guadiana pasa por Mérida. Mucha suerte al nuevo Papa ante los desafíos globales de la humanidad.

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