En mi atalaya
La otra tarde con Agustín Jiménez Villahoz en Mérida
El pasado viernes se hizo justicia a este prohombre de la capital extremeña

Un más que merecido homenaje. / Ayuntamiento de Mérida

El viernes estuvimos los del Imperio, de ayer, de hoy, de siempre, con Agustín en los Campos de la Paz desde entonces Campos de Agustín Jiménez Villahoz. Verle no le vimos, pero estar, estaba. ¡Vaya que si estaba! Al principio abrazado a Angelita con su inmaculado traje rosa, que hay que tener estilo para llevarlo con tanta elegancia y saber estar. Después le susurró algo a Casimiro Custodio, primer capitán del Imperio y fundador de la Peña de Veteranos, incansable llama viva imperialista. No paró hasta dar con Paco Gijón, oráculo al mismo tiempo de la Mártir Bendita y del equipo de sus amores y, desde allí, con Manolo Burgos, henchido de emoción; de Manolo alcanzó a José Luis Mezquita a quien tuvo que agarrar pues no paraba de moverse con unos y con otros, con unas cosas y con otras… y así uno tras otro, ora los veteranos, ora los Velázquez, ora los Jiménez, ora los Montero, ora ARO a quien felicitó por su intervención (que, la verdad, estuvo muy bien, excelente, de diez).

Un más que merecido homenaje. / Ayuntamiento de Mérida

Un más que merecido homenaje. / Ayuntamiento de Mérida
Se hizo justicia
Cómo estaría la tarde que hasta se entretuvo con mi hermano Artemio, con Pipe, con Cuti, con Rodri, con Corbacho. Con todos. Y con cada uno de nosotros. El viernes se hizo justicia a este prohombre emeritense y, de molde, a quienes de alguna manera alineó en nuestra vida y ahora recordamos con afecto. El Imperio no es la nostalgia de un ayer brillante y laureado (mucho), el Imperio es una palabra cargada de fútbol (y como la poesía, cargada de futuro), es el fútbol de generaciones de emeritenses con camisola blanca (vaya por Dios) y de patadas en la isla, de balones al Guadiana y de ahogadillas en verano, de la trastienda de Agustín entre medias y paraguas, de partidos contra el África Ceutí (no se pierdan esta cita vintage) con el transistor de recuerdo, de los pestorejos con sardinas y de los chistes de Manolo Estebán, de los cupones de McArthur a los cabreos de Rodas y Daniel, con Oti y los goles de Jorgito Macareno a los pases de Pacomio y Minoli, de nuestro Torpedo Muller con el sobrenombre de Pancho, de aquel partidazo en Pueblonuevo que hizo en el 73 Aurelio Martínez Parra (¡campeones!), de un renegrío llamado Fouto a quien traspasamos al Campomaior, de la chulería de Moya a la seriedad de Portu… El Imperio es ese ayer y el futuro que nos espera con esta buena gente que se lo ha echado al hombro, al corazón y a los balones, con un escudo por bandera, ¡el de Mérida, qué mejor seña de identidad!; ya decía Albert Camus que todo lo que había aprendido en la vida, todo lo que sabía de moral y de obligaciones del hombre se lo debía al fútbol. Entonces, algunos emeritenses podemos decir, que mucho de lo que hemos aprendido de la vida se lo debemos a Agustín Jímenez Villahoz… ¡y, este partido sí que lo vamos a ganar, por Mérida y sus gentes, mi entrenador!

Un más que merecido homenaje. / Ayuntamiento de Mérida

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