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Es también maestro y aprobó unas oposiciones

El cura de Mérida que confiesa en las puertas de las discotecas

Sencillo, culto, humilde, popular, empático y solidario con la gente, Paco Sayago Brazo es el sacerdote de la céntrica parroquia del Calvario

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Javier Cintas

Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

En enero de 1955, en el bello pueblo de Ribera del Fresno, nació Francisco Manuel Sayago Brazo. Todo apuntaba desde pequeño a que su camino seguiría el recorrido de la medicina, la educación o el sacerdocio. Ganaron las dos últimas opciones. Se diplomó en Magisterio (Almendralejo) y se licenció en Teología (Granada-Badajoz), también cursó la especialidad en Teología Dogmática (Valencia) y un máster en Orientación Familiar (Valencia). Pero no vayamos tan rápido. Entre medias de su formación académica dejó la carrera de Teología para retomarla con el tiempo. En ese momento, se encontraba un poco perdido. Paco quiso encontrar el amor fuera de la Iglesia y tuvo tres novias. “No me arrepiento para nada de haber vivido esa etapa como cualquier joven de mi edad. Son experiencias que te enriquecen y te hacen ver la vida de otra manera. Sin embargo, cuando uno escucha la llamada de Dios, ya te quedas apuntado para siempre en su lista y decidí cambiar de rumbo otra vez, pero fue después de aprobar unas oposiciones al Ministerio de Agricultura”, ha explicado Sayago a este diario.

35 años de sacerdote

Lo ordenaron cura en la capital pacense el 2 de septiembre de 1990. Su primer destino como sacerdote fue Esparragosa de Lares. Ya entonces empezó a dar muestras de que no iba a ser un párroco al uso: “He tenido muy claro de que el cura tiene que estar con los vecinos, dentro y fuera de la iglesia porque eso une de una manera especial. Eres uno más del pueblo y se establece una confianza diferente”. Luego lo trasladaron a Usagre, Llera, Hinojosa del Valle, Valencia para seguir formándose (Teología Dogmática y máster en Orientación Familiar),... Posteriormente, la vida que dan las vueltas lo llevaron en 2007 hasta Mérida. Quien desde aquel entonces es el cura de la parroquia del Calvario, ubicada en el centro y en una barriada que ha valorado con bastante orgullo por su lado solidario, y en donde, tras un recibimiento que calificó de “estupendo”, lo conoce todo el mundo desde hace más de 17 años por su sencillez, su cultura general, su empatía y su buen trato con las personas, algo a lo que Paco le resta importancia. A esto hay que sumarle las numerosas clases que ha dado en colegios, en institutos y en la facultad.

Ayudar a los vecinos

Él vive con su madre en un piso que se encuentra encima del templo religioso y a diario escucha los problemas de los residentes, les ayuda a vencer su ansiedad y sus miedos, su falta de autoestima. “He confesado a gente en la puerta de un bar o de una discoteca. Aunque los sacerdotes no seamos psicólogos, podemos llevar a cabo una excelente labor humana”, ha manifestado, y ha reconocido llenarse de satisfacción cuando los vecinos le dan las gracias de corazón por ayudarles.

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