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El incensario

Santa Eulalia y la tradición que los agricultores regalaron a Mérida

Emoción, devoción y memoria en el trecenario

Celebración del Ramo de Santa Eulalia.

Celebración del Ramo de Santa Eulalia. / Mario Hernández

Mario Hernández

Mario Hernández

Mérida

Como manda la tradición, el primer domingo de octubre la Mártir Santa Eulalia recibirá el homenaje de cientos de emeritenses en su tradicional besamanos que da por concluido el Trecenario que se ha celebrado, durante dos semanas, en su honor. Pero ¿por qué el Trecenario? ¿Por qué en esta fecha? Son preguntas que mucha gente joven (y no tan joven) se hace en estos días, sobre todo porque la festividad de la Patrona de la capital extremeña es en el mes de diciembre.

No existe en ningún lugar del mundo

Partamos desde el principio, porque Mérida es especial hasta para realizar los cultos a su Patrona ya que no existe en ningún lugar del mundo un Trecenario ya que lo habitual es triduo, quinario o novena. Sin duda algo que, nuevamente, distingue a nuestra ciudad ya que cada día se reza uno de los trece martirios que sufrió, según la tradición, Santa Eulalia. El origen de este culto lo encontramos en la Mérida agrícola cuando, tras las cosechas, los agricultores agradecían a la Patrona las bonanzas de la misma. Fueron los agricultores emeritenses quienes propiciaron este culto a Santa Eulalia. En este dato, encontramos el por qué de la fecha: la segunda quincena de septiembre. Mérida, que ya no es una ciudad agrícola, ha sabido mantener este culto gracias al enorme trabajo que realiza la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia fomentando y potenciando su desarrollo con la ayuda, por supuesto de la parroquia. Así, aunque antes había cuatro concurrídisimos ejercicios diarios en el templo religioso, ahora nos encontramos con solamente tres, también muy concurridos, al suprimirse el de las 12.00 horas.

La Mártir Santa Eulalia.

La Mártir Santa Eulalia. / Alberto Manzano

Ramo

Otra de las tradiciones, lamentablemente perdida hace pocos años, es la celebración del Ramo de Santa Eulalia. Una subasta que, en la tarde del primer domingo de octubre, se celebraba en el atrio de la Basílica y que tiene su origen en la subasta del excedente de las cosechas que los agricultores realizaban como agradecimiento a la Patrona donando el dinero obtenido para que se destinara al culto de la Santa. El Ramo fue evolucionando con el paso del tiempo y se convirtió en una subasta de todo tipo de objetos que donaban particulares y las tiendas de Mérida. La estrella del mismo era la tarta de Doña Bati, de la Confitería Gutiérrez, y las cientos de macetas que familias cuidaban durante el año para que fueran subastadas en la céntrica plaza de la Basílica de Santa Eulalia con la icónica voz de Pelín “el agraciado o agraciada chsss”, referente, junto a Pepe None, de esta entrañable ceremonia.

Mantenimiento y conservación

Pero la historia y las costumbres evolucionan o desaparecen con el paso del tiempo y esta tradición, que se intentó remontar con actuaciones musicales, fue decayendo hasta su extinción. No obstante, como recuerdo de aquellos ramos, los y las emeritenses pueden optar por pujar, mediante la adquisición de papeletas, por el Ramo que, en el besamanos, está situado a los pies de la Patrona, recuerdo afectuoso de la historia de una ciudad que va evolucionando con el tiempo. Por ello, cada mes de septiembre, Mérida conserva, en ese rincón al que se aferra la tradición, este culto a su Patrona que siempre trae recuerdos de antaño. Las nuevas generaciones serán las encargadas de su mantenimiento y conservación, sirvan estas líneas para que entiendan el origen y el por qué de las mismas. Emoción, devoción y memoria en el trecenario de la Mártir.

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