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En mi atalaya

Mérida logra un pequeño milagro urbano en el Hornito de Santa Eulalia

Esa especie de paso de peatones anchito ha solucionado los riesgos de ir a venerar a la Mártir

El Hornito de Santa Eulalia en la capital extremeña.

El Hornito de Santa Eulalia en la capital extremeña. / Alberto Manzano

Rafael Angulo

Rafael Angulo

Mérida

Ahora para ir del Hornito (bar de Antonio) al Hornito (de la Mártir Bendita) no hace falta arriesgar la vida. Esa especie de paso de peatones anchito ha solucionado de momento los riesgos de ir a venerar a Eulalia. Para arriesgar la vida lo mejor es la calle Octavio Augusto, cuyos sendos pasos de peatones a-con-go-jan. Estamos esperando al paso inteligente que tras el atropello te indica en que tanatorio estás. Tras sortear Octavio Augusto y Cabo Verde me fui al Trecenario bordeando la tela metálica del Parque López de Ayala, munición para Paco Blanco (Fondenex) y escándalo para viandantes. Y aunque intenté ponerme de perfil bajo, allí me esperaba Pelín en una de sus poses habituales: “Angulo Sánchis” me dice el jodío volátil; “¿Y por qué te diriges a mí con los dos apellidos, ni que fuera árbitro de fútbol?”; “para distinguirte, entre tanto devoto que asiste al Trecenario”; le sigo la conversación dado que los etéreos son muy sensibles a las contradicciones (que les llevemos la contraria quiero decir) y mientras Pelín se estira en una especie de solemnidad eulaliense me entretengo mirando los restos del Templo que Vettila, mujer de Paculo, consagró a Marte y del que nuestros antepasados aprovecharon el mármol (entre las ruinas) para reconstruirlo y consagrarlo (por los siglos de los siglos) a Eulalia, virgen y Mártir.

Cuatro puntos cardinales

Es lo que tiene que el material esté bajo nuestros pies; siempre será mejor eso que llevárselo a la Mezquita de Córdoba. Este Paculo fue, tras el abuelo Augusto, el antecesor del alcalde Vélez, Acedo y de ARO (Fouto no llegó a alcalde). Pelín gusta ponerse en lo alto del Hornito porque dice que, desde allí, se ven los cuatro puntos cardinales de Mérida y de los emeritenses (la Mártir tiene información privilegiada sobre todos nosotros); que allí, en el céntrico Hornito, a la Eulalia le pasa como a las buenas perlas que con sólo mirarla descubrimos sus muchas irisaciones; que su presencia es magnética, imposible dejar de mirarla para quienes embobados miramos a esa niña tan sencillamente bella y ¡ay! tan sensible a todo.

Trecenario en honor a Santa Eulalia.

Trecenario en honor a Santa Eulalia. / Alberto Manzano

Deseos

Allí, en el Hornito, los deseos de quienes no tenemos fuerzas ni fortuna se consuelan; que allí en el Hornito las penas se disuelven, no por encantamiento sino por Fe; allí en el Hornito nada es confuso ni desesperado pues la Mártir siempre acude a los buenos deseos y allí, en el Hornito, se rompe todo maleficio ante tiernos y dolorosos suspiros porque allí se alivian tristezas y malentendidos. Pero ojo porque Eulalia no coserá ninguna herida sin antes limpiarla, pide perdón antes. Tú, emeritense, ya sabes. Y todo ocurre allí, en el Hornito, sencillamente… con gran gozo emeritense.

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