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Tradición extremeña

Las migas extremeñas, el sabor de siempre que reúne a los vecinos de Mérida: esta es su receta

Un plato humilde de aprovechamiento que sigue siendo protagonista de celebraciones y encuentros vecinales en la ciudad

Los mayores de Nueva Ciudad en Mérida degustan unas migas

Los mayores de Nueva Ciudad en Mérida degustan unas migas / AYUNTAMIENTO DE MÉRIDA

El Periódico Extremadura

El Periódico Extremadura

Cáceres

Las migas extremeñas vuelven a ocupar un lugar destacado en las mesas y en la vida social de los barrios, especialmente en fechas señaladas como la Navidad. Degustaciones populares, convivencias vecinales y encuentros entre generaciones han girado estos días en torno a este plato tan sencillo como representativo, capaz de reunir a vecinos y familiares alrededor de una sartén humeante.

Se trata de una receta profundamente ligada a la cocina de aprovechamiento. Durante décadas, el pan duro del día anterior ha sido la base de unas migas que nacieron en el ámbito rural y que, con el paso del tiempo, se han convertido en uno de los grandes símbolos de la gastronomía extremeña. Su elaboración ha pasado de padres a hijos, con pequeñas variaciones según la zona o la tradición de cada casa, aunque siempre respetando una base común.

Los mayores de Nueva Ciudad en Mérida degustan unas migas.

Los mayores de Nueva Ciudad en Mérida degustan unas migas. / AYUNTAMIENTO DE MÉRIDA

Extremadura es tierra de productos de calidad, especialmente embutidos y quesos, y las migas han sabido integrar lo mejor de esa despensa. El chorizo, la panceta y el pimentón de La Vera aportan un sabor inconfundible a un plato que, pese a su humildad, destaca por su intensidad y carácter. No es extraño encontrar diferencias entre las migas que se preparan en Badajoz y las de Cáceres, o incluso entre pueblos vecinos, donde cada familia ha añadido su toque personal.

El secreto está en el pan y en el fuego

La preparación comienza con el pan, que debe estar duro pero no excesivamente seco. Se corta en trozos pequeños y se humedece ligeramente con agua, solo lo justo para que recupere elasticidad. Después, se deja reposar durante unas horas cubierto con un paño, un paso fundamental para lograr una textura adecuada durante la cocción.

Mientras el pan reposa, en una sartén amplia se doran el chorizo, la panceta y los ajos con un poco de aceite de oliva. Las carnes se cocinan despacio hasta que sueltan toda su grasa, que será la base del sabor del plato. Una vez bien doradas, se retiran y se reservan. En ese mismo aceite se pocha el pimiento verde, aunque en algunas casas también se utiliza pimiento rojo, dejando que se ablande sin llegar a quemarse.

A continuación se incorporan las migas a la sartén y se sube el fuego para que vayan absorbiendo la grasa y se cocinen de manera uniforme. Es un proceso que requiere paciencia y movimiento constante, removiendo para evitar que se peguen y buscando ese equilibrio tan característico entre el exterior ligeramente crujiente y el interior jugoso. En el tramo final se reincorporan las carnes, se añade el pimentón de La Vera y se ajusta el punto de sal, dejando que todos los sabores se integren durante unos minutos.

El resultado es un plato que se sirve caliente y que invita a compartir. Las migas extremeñas no solo alimentan, también forman parte de la memoria colectiva y de la vida social de pueblos y barrios. En encuentros vecinales, celebraciones populares o simples reuniones familiares, siguen siendo una excusa perfecta para sentarse juntos, conversar y mantener vivas las tradiciones.

Junto a otros grandes referentes de la cocina regional, como la caldereta de cordero o dulces tan emblemáticos como las flores extremeñas, las migas confirman que la gastronomía de Extremadura es mucho más que una forma de comer: es una manera de convivir y de reconocerse en lo propio.

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