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El capitel

Un aparcamiento subterráneo en la plaza de España de Mérida

El Palacio de la China ilumina su pasado y su futuro

Caldereta que ofreció Bartolomé Gil a los albañiles que construyeron en Palacio de la China.

Caldereta que ofreció Bartolomé Gil a los albañiles que construyeron en Palacio de la China. / Cedida a El Periódico Extremadura

Mario Hernández

Mario Hernández

Mérida

A lo largo de la pasada semana hemos visto cómo el Palacio de la China cobraba vida a través de un impresionante Videomapping navideño que nos adentraba en el interior de este emblemático edificio que, por cierto, cobrará realmente vida en los próximos años.

El Palacio de la China de nuestra ciudad, construido en el año 1928 por el empresario emeritense, natural de Hornachos, Bartolomé Gil, fue en su época algo así como "El Corte Inglés de Mérida". Un edificio comercial en el que los emeritenses y muchas personas de los pueblos de la comarca, encontraban desde telas hasta muebles, pasando por decoración, juguetes, además de la "última moda de la época".

El histórico inmueble del Palacio de la China de Mérida.

El histórico inmueble del Palacio de la China de Mérida. / Ayuntamiento de Mérida

En los años 40, los llamados “años del hambre”, se utilizó este edificio para la entrega de cartillas de racionamiento a la población local y para comprar telas. Tal era la demanda en esos años de postguerra que intervenía la Policía Municipal para guardar el orden de las colas hasta el interior de la tienda.

Planos

Entre 1961 y 1964, siendo alcalde Francisco López de Ayala, Bartolomé Gil presentó un ambicioso proyecto al Ayuntamiento de Mérida para la construcción, en la plaza de España, de un parking subterráno, cuyos planos se conservan en la actualidad en el seno de la familia, y que no llegó a ejecutarse por no alcanzarse un entendimiento con el ayuntamiento respecto a los años de explotación.

Como bien es sabido, lo que es el centro de la plaza de España está hueco. De hecho, hubo una época en la que incluso había baños públicos. El proyecto presentado por Gil contemplaba el acceso al parking por la zona de la puerta del consistotio de la capital extremeña y la salida por la zona opuesta, donde se encuentra actualmente El Pestrorejo.

Pero volvamos al Palacio de la China, cuya actividad comercial cesó en los inicios de los años 80. Una de sus partes fue reformada por la Junta de Extremadura para oficinas en la parte alta y, en la parte baja, locales con alguna tienda de ropa y, en la actualidad, un pub de copas.

Estilo sevillano

Este emblemático edificio es una muestra de arquitectura ecléctica con fuerte influencia del regionalismo andaluz, especialmente del estilo sevillano, combinando elementos neorrenacentistas y neoárabes como arcos trilobulados, coronamientos de almenas, crestería y abundante azulejería.

En su fachada destacan motivos orientales y azulejos cerámicos, que hacen alusión estilística a lo exótico, lo que explica su nombre popular. Por ello, a Bartolomé Gil, se le conocía con el apodo de "El Chino". De ahí el apodo cariñoso que, desde siempre, le hemos tenido a la barriada de San Bartolomé, nominación que viene de que fue, precisamente, Bartolomé Gil el promotor de su construcción para que estas casas fueran habitadas por sus trabajadores.

El histórico inmueble del Palacio de la China de Mérida.

El histórico inmueble del Palacio de la China de Mérida. / Alberto Manzano

Ahora que tanto se habla de viviendas de alquiler accesible, Gil fue un adelantado a su época. Viviendas en bloques de dos plantas, con cuatro viviendas cada una y que aun se mantienen, en algunos casos en alquiler y, en la mayoría, vendidas a las familias que las habitaban a un precio nada desdeñable. Si nos trasladamos a esa época, finales de los años 60, equiparables a las que Don José Fernández López, otro gran empresario de la ciudad, que construyó en El Barrio, en la que ahora es la avenida que lleva su nombre.

Comercio local

Sin duda, cuestiones curiosas que se guardan en la historia de la ciudad de Mérida y que merecen ser recordadas para ahora, desde la distancia temporal, pensar en cómo hubiera cambiado la fisonomía de la plaza de España si ese proyecto hubiera salido adelante. Quién sabe si, algún día, alguien retoma la idea que, sin duda, beneficiaría más que nada al comercio local emeritense.

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