El juego como lenguaje universal
Sin pantallas ni consolas: así jugaban los niños en la Mérida romana
La ilusión de la infancia no entiende de siglos

Jugar con bolas y pelotas, una diversión que ha pasado intacta a través de los siglos / Cedida a El Periódico Extremadura
L. Jiménez Cortés
Tras el paso de los Reyes Magos, los niños y niñas emeritenses han vuelto a disfrutar de la ilusión, los regalos y los juguetes. Una experiencia que, aunque hoy se viva rodeada de tecnología, conecta directamente con una tradición mucho más antigua: el juego como elemento esencial en la formación infantil.
Antigua Augusta Emerita
Hace más de 2.000 años, los niños de la antigua Augusta Emerita también recibían juguetes, aunque lo hacían durante las fiestas de las Saturnales (del 17 al 25 de diciembre), coincidentes en fechas con la actual Navidad. Aquellos regalos reflejaban los valores y la vida cotidiana de la sociedad romana y cumplían una clara función educativa basada en el aprendizaje por imitación.
Los juguetes más habituales
Entre los juguetes más habituales se encontraban cascabeles y sonajeros de barro o metal, pelotas, espadas de madera, hondas, tirachinas y una gran variedad de muñecas de marfil, tela o barro, muchas de ellas articuladas. También eran comunes las casitas, amuletos, pequeños utensilios domésticos y pulseras, especialmente entre las niñas. Muchos de estos objetos han aparecido en excavaciones arqueológicas y pueden contemplarse hoy en museos.

Niño con arco. / Cedida a El Periódico Extremadura
Tres en raya, peonzas y cometas
Hasta los siete años, los niños (infans) vivían estrechamente ligados a sus madres. A partir de esa edad, los varones acudían a la escuela hasta los 16 años, mientras que las niñas continuaban su educación en el ámbito familiar. Los hijos de familias acomodadas recibían formación con pedagogos y gramáticos. Tras la jornada escolar, las tardes se dedicaban al juego, tanto en el atrium de las viviendas como en calles y espacios públicos. Los juegos incluían carritos, construcciones, actividades bélicas, dados, tabas, canicas, tres en raya, peonzas, aros, cometas o figurillas de animales. Estas prácticas preparaban a los niños para la vida adulta en una sociedad marcadamente militar y jerarquizada.
Gladiadores y superhéroes
A partir del siglo III, Roma adoptó elementos del sistema educativo griego, extendiendo la escolarización básica entre los siete y los doce años, con enseñanza de lectura, escritura y cálculo. Los estudios superiores quedaban reservados a las élites. Pese al paso del tiempo, la comparación entre los juguetes romanos y los actuales revela sorprendentes similitudes. Los carritos de madera recuerdan a los coches de juguete modernos; las muñecas antiguas encuentran su reflejo en las actuales; y muchos juegos tradicionales siguen presentes en patios y parques. Incluso los juegos de imitación mantienen su vigencia, aunque hoy los gladiadores hayan sido sustituidos por superhéroes o profesiones contemporáneas.
Imaginación
Entonces como ahora, los niños han aprendido jugando. Cambian los materiales y los contextos, pero el juego continúa siendo una herramienta fundamental para desarrollar la imaginación, las habilidades sociales y la preparación para la vida adulta. Una esencia que, en Mérida, permanece intacta desde hace más de dos mil años.
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