Rodaje del programa
De la barra al Teatro Romano de Mérida: así elige TVE las tapas que enseña al país
El equipo está en la ciudad grabando para mostrar platos con identidad y establecimientos que explican la gastronomía local

La presentadora Adrienne Chaballe con el historiador Bruno Franco, ayer, en Mérida. / AYUNTAMIENTO DE MÉRIDA

La cámara se acerca a la plancha, a la barra y al gesto rápido del cocinero. Pero, en el programa de TVE De tapas por España, el bocado casi nunca viaja solo: detrás vienen la piedra milenaria, el mercado, la conversación del bar y la historia del lugar. Esa es la idea que sostiene el formato: maridar arte, patrimonio y gastronomía en un recorrido que atraviesa el país para enseñar, con sabor y paisaje, la manera de tapear de cada territorio.
No es casual que el equipo haya elegido Mérida para arrancar nuevas grabaciones de este espacio gastronómico y cultural presentado por Adrienne Chaballe. La ciudad lo tiene todo para ese lenguaje televisivo: un casco histórico que se cuenta solo, un patrimonio monumental que luce en pantalla y una vida de barra que funciona como termómetro cotidiano. Aquí, la tapa no es un complemento: es una forma de estar en la ciudad.
Lo típico, pero con relato
El programa no parece interesado en hacer una lista de “los mejores bares” al uso. Su lógica es otra: construir un retrato reconocible del lugar a partir de platos que tengan identidad y de establecimientos que expliquen cómo se come allí. Por eso hay hueco para la tradición sin complejos, para la cocina de siempre y para los templos de barra que mantienen recetas con décadas de oficio.

Un momento del rodaje del programa gastronómico en Mérida. / AYUNTAMIENTO DE MÉRIDA
En esa búsqueda, lo que manda es la representatividad. Tapas que cualquiera asociaría al destino, sabores que remiten a producto local, recetas nacidas de lo popular y, sobre todo, un contexto que las haga comprensibles. Porque una tapa, sin el bar, sin su gente y sin su historia, pierde parte del sentido.
Tradición y vanguardia sin pelearse
Otro rasgo habitual del formato es el contraste. En una misma ruta puede convivir una taberna de las que sostienen la ciudad desde hace generaciones con una propuesta más creativa, siempre que no rompa el hilo principal: contar el lugar. La modernidad entra, pero entra con arraigo, como reinterpretación o como lectura actual de una cocina que ya existía. Esa combinación permite al espectador entender algo más que la receta: cómo evoluciona una ciudad cuando cambia su manera de comer, qué permanece y qué se transforma, dónde se conserva el sabor de siempre y dónde se ensaya el siguiente paso.
En Extremadura
Cuando el foco se pone en Extremadura, el terreno es fértil. La región tiene un repertorio de tapas con carácter, nacido muchas veces de lo humilde y sostenido por un producto potente. En la barra extremeña conviven el recetario de siempre y la despensa que ha hecho fama dentro y fuera: embutidos, curados, aceites, quesos, carnes y una cocina de aprovechamiento que hoy se reivindica por sabor y memoria.
En ese mapa, Mérida ofrece una ventaja añadida. La ciudad permite contar la tapa con un fondo que la engrandece sin artificio: del Teatro Romano al Templo de Diana, del museo a la plaza, de la piedra a la barra. La ruta se convierte en una narración continua, donde el patrimonio no es decorado, sino parte del mismo relato. Lo que propone De tapas por España es sencillo y eficaz: comer para entender un sitio. Y en Mérida esa premisa encaja como un guante.
La ruta emeritense
El rodaje en Mérida arrancó ayer y continúa este miércoles con un recorrido gastronómico más amplio. El equipo visita el restaurante A de Arco, donde se muestra la elaboración del gazpacho de cerezas del Jerte, uno de los platos más singulares de la cocina extremeña, junto a recetas tradicionales como el lomo doblado en manteca o los morros en salsa picante.
Ya por la tarde, el programa se traslada a La Tahona, que toma el relevo con una propuesta centrada en la cocina de raíces reinterpretada con técnicas actuales. En este punto destacan elaboraciones como callos con secreto ahumado, canelón de carrillera y torrezno a baja temperatura, combinando tradición y modernidad en el mismo discurso culinario.
El jueves se reserva para un cierre con marcado carácter cultural, con grabaciones en el anfiteatro y el teatro romano, además de un encuentro con la arqueóloga Rocío Ayerbe Vélez y una visita al Museo Nacional de Arte Romano junto a su directora, Trinidad Nogales. El broche final llega en el restaurante La Extremeña, donde la chef Beatriz Calzada servirá un menú “100% extremeño” con cojondongo, morcilla de Guadalupe y risotto de Torta del Casar.
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