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Un espectáculo único

El Puente Romano de Mérida: un espectáculo entre la ingeniería romana y la naturaleza

Mérida, ciudad milenaria, presencia cómo el Guadiana se transforma en un caudal majestuoso, con el Puente Romano, el Puente de Calatrava y el antiguo puente de hierro enmarcando el espectáculo

Video | El Guadiana y el Puente Romano de Mérida: belleza pura

Javier Cintas

Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Mérida

El Guadiana a su paso por Mérida ofrece uno de los espectáculos más impresionantes que se pueden contemplar en una ciudad milenaria de herencia romana. En estos primeros días de febrero de 2026, tras el paso de la borrasca Leonardo y una sucesión de frentes atlánticos muy activos, el río ha alcanzado una crecida notable que transforma su curso habitual en un caudal vigoroso y majestuoso, convirtiendo el paisaje en una escena casi épica donde la ingeniería romana y la fuerza de la naturaleza dialogan de forma espectacular.

Mérida, la antigua Augusta Emerita fundada en el 25 a. C. por Augusto, nació precisamente gracias al Guadiana (en época romana llamado Anas). El emplazamiento de la colonia se eligió por la existencia de un vado natural en este tramo del río, donde el cauce se divide en dos por una isla, facilitando el cruce. Para consolidar esa conexión vital —capital de la provincia de Lusitania y nudo clave de comunicaciones en el occidente peninsular—, los romanos construyeron el Puente Romano, una obra maestra de ingeniería que aún hoy es el puente romano en uso más largo del mundo, con unos 792 metros de longitud y 60 arcos visibles (originalmente más).

Hoy, con la crecida provocada por las intensas lluvias de finales de enero y principios de febrero, el Guadiana ofrece un espectáculo inolvidable. El agua corre con fuerza bajo los arcos milenarios, rodeando la Isla del Guadiana (el gran parque ribereño conocido como "La Isla") y llegando a inundar parcialmente zonas bajas como partes de la propia isla. El nivel del río en las proximidades de Mérida (estaciones como Valverde de Mérida y aguas abajo de Montijo) ha registrado alturas elevadas —alrededor de 7 metros en Valverde de Mérida y similar en Montijo según datos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana—, con avisos rojos activos en varios tramos por riesgo de desbordamiento.

Las precipitaciones acumuladas en Mérida durante los últimos días han sido significativas: en las últimas semanas de enero y principios de febrero se han superado los 60 mm en la estación local, con picos diarios de hasta 6 mm o más en las jornadas más intensas de la borrasca Leonardo (datos AEMET). En Extremadura en su conjunto, muchas zonas han duplicado o triplicado la media habitual para el periodo, con acumulaciones que en algunos puntos cercanos superan los 100-150 mm en pocos días.

Un gigante de granito

El resultado visual es sobrecogedor: el Puente Romano emerge como un gigante de granito sobre un Guadiana ancho, turbio y rugiente, con el agua lamiendo los tajamares y creando remolinos en los ojos de los arcos. Al atardecer o amanecer, la luz dora los sillares almohadillados mientras el río brama debajo, ofreciendo una imagen que evoca las grandes avenidas descritas por los historiadores antiguos. Junto al puente se alzan otros testigos modernos del ingenio humano: el Puente de Calatrava (Lusitania), con su diseño futurista de arcos blancos; el antiguo puente de hierro del ferrocarril; y el Puente Nuevo. Todos ellos enmarcan el Guadiana en crecida, creando un contraste único entre la Roma eterna y la Extremadura contemporánea.

Pasear por el Paseo de Roma o las orillas regeneradas permite sentir esa energía: el rumor constante del agua, el olor a tierra mojada, las aves que sobrevuelan la corriente crecida y, al fondo, el Teatro Romano y el Anfiteatro como recordatorio de que esta ciudad lleva dos milenios conviviendo con su río. En momentos como este, cuando el Guadiana despierta de su habitual letargo veraniego y se muestra en todo su poder, Mérida no solo es Patrimonio de la Humanidad: es un teatro vivo donde el pasado romano y la naturaleza actual se funden en el mejor espectáculo del mundo.

Si las previsiones se cumplen y el caudal comienza a descender lentamente en los próximos días, este episodio de febrero 2026 quedará grabado como una de esas crecidas memorables que embellecen aún más el paisaje romano de Mérida. Un río vivo, un puente eterno y una ciudad que sigue latiendo al ritmo del Guadiana.

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