Continúa trabajando en Amagosa
Quique, 68 años y de Mérida: precisión de malabarista para clasificar 2.500 cajas de botellines de Coca-Cola al día
Este veterano, que empezó en 1972, lleva más de medio siglo al pie del cañón y mantiene una rapidez y una precisión dignas de récord

Javier Cintas

En España jubilarse a los 65 años es lo más habitual, pero no siempre es un punto final. Hay quienes al llegar a esa edad prefieren seguir en su puesto, no por obligación, sino por vocación y por ganas de mantenerse en activo. Entre ellos está Enrique Blanco González, aunque ese nombre y apellidos solo aparecen en el DNI y en el día a día, quienes lo conocen de verdad le llaman Quique. A sus 68 años continúa trabajando en Amagosa, en el polígono industrial El Prado de Mérida, y lo explica con una frase que le define a la perfección, "¿Y si me siento bien, por qué voy a dejar de trabajar, si además me gusta lo que hago?".
1972
Su historia laboral está ligada a Coca-Cola desde 1972. Empezó descargando camiones y cargando a mano, cuando el oficio se aprendía a base de fuerza y horas. Más de medio siglo después, mantiene el mismo pulso en una tarea que exige rapidez, vista y precisión: clasificar botellines de vidrios de distintos tipos y épocas. "Aquí hay ocho clases, viejas, nuevas…", señala con ilusión, mientras detalla que aparta los rotos, los que no son de la casa y series antiguas que deben separarse.

Quique, en el polígono industrial El Prado de Mérida, durante una jornada de clasificación de botellines / Javier Cintas
Miles de cajas
El ritmo, la velocidad y la precisión son parte de su sello, pero también su don, esa habilidad instintiva para distinguir las pequeñas botellas de refresco a simple vista y separar cada una en la caja que le corresponde. En jornadas de ocho a diez horas, asegura que puede ordenar entre 2.000 y 2.500 cajas, con mercancía que pasa por sus manos para los repartos de Don Benito y Esparragosa de Lares. Lo cuenta con mucha felicidad, como quien habla de algo que domina desde siempre. Tanto, que dice que incluso sueña clasificando, como si el trabajo siguiera dentro de su cabeza cuando se va a dormir.
Ir a por espárragos
Fuera del almacén, Quique aprovecha el tiempo libre para ir a por espárragos cuando el tiempo acompaña. Él mismo reconoce a El Periódico Extremadura que tiene una dolencia de corazón, pero insiste en que necesita estar activo y que, mientras se encuentre bien, seguirá trabajando. Y si hay algo de lo que habla con especial orgullo es de su hija, Fuensanta, bailaora, a la que define como "una niña espectacular y con un gran corazón" por su tesón y por la forma en la que se marca metas hasta conseguirlas. Todo lo cuenta con esa forma tan suya, con un sentido del humor espléndido y constante que le acompaña a diario y que, sin proponérselo, acaba contagiando a quienes están a su alrededor y les termina sacando una sonrisa.
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