Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Tribuna

Osuna se quita el traje de alcalde de Mérida y se pone el de Picapiedra

Hay políticos que se ponen el disfraz solo en campaña. Y luego está Antonio Rodríguez Osuna, que hace del Carnaval su seña real de identidad

Osuna junto a la concejala de Festejos, Ana Aragoneses.

Osuna junto a la concejala de Festejos, Ana Aragoneses. / Javier Cintas

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Mérida

El Teatro María Luisa vivió este jueves otra de sus noches épicas: la gran final del Concurso de Agrupaciones del Carnaval Romano. Cuatro chirigotas, dos comparsas, papelillos, risas y esa fiesta que en Mérida no es postureo. Y allí estaba él. No en el palco ni en la foto institucional. Disfrazado de Picapiedra en directo y con esa naturalidad que es su principal seña de identidad.

Conviene detenerse un segundo en el personaje. Pedro Picapiedra no era precisamente un emperador romano. Era un trabajador de la cantera, un tipo temperamental, cabezota, algo impulsivo, pero profundamente apegado a su familia y a su comunidad. Un hombre de barrio en una ciudad prehistórica. Quizá por eso el disfraz no era tan improvisado como parecía. Antonio Rodríguez Osuna, emeritense de pro y alcalde desde 2015, se mueve mejor cuando pisa piedra que cuando pasea por la moqueta.

Vídeo | Carolina 'La Chispa' monta su propio concierto a las puertas del Teatro María Luisa de Mérida

Alberto Manzano

Durante las últimas elecciones lo hemos visto encorsetado, en el primer foco de la política extremeña, con el traje planchado y el guión ajustado. Pero es que la política regional obliga a eso: menos espontaneidad y más cálculo. Sin embargo, Mérida es otra cosa. En su ciudad, donde Osuna suelta el nudo de la corbata. Disfruta. Y también padece, como cualquier servidor público que sabe que gobernar una ciudad no es cortar solo cintas sino apagar fuegos casi a diario.

Osuna junto a Julio César Fuster, Susana Fajadro y Laura Iglesias, anoche en el María Luisa.

Osuna junto a Julio César Fuster, Susana Fajadro y Laura Iglesias, anoche en el María Luisa. / Alberto Manzano Cortés

No es fácil ser el “emperador” de una ciudad milenaria. Mérida no es un municipio cualquiera: es Augusta Emerita, fundada en el año 25 antes de Cristo por orden del emperador Octavio Augusto para asentar a los veteranos (los emeriti) de las legiones V Alaudae y X Gemina tras las guerras cántabras. Es la ciudad del Teatro Romano, ese coloso de piedra levantado hacia el 16-15 antes de Cristo bajo el impulso de Marco Vipsanio Agripa, y que dos mil años después sigue siendo escenario de aplausos y tragedias. Y eso, a la fuerza, impone.

De manera que gobernar Mérida es, siguiendo el simil, picar piedra todos los días. Y hacerlo sabiendo que cada decisión tiene una connotación no solo en Extremadura sino también fuera de ella.

Público en el María Luisa.

Público en el María Luisa. / Javier Cintas

Por eso la imagen del alcalde vestido de Picapiedra tiene más lecturas de las que parece. No es solo Carnaval. Es un gesto que conecta con una manera de entender la política municipal: cercana, visible, no impostada. En estos tiempos de política denostada en los que muchos dirigentes temen el ridículo más que el distanciamiento, Osuna ha optado por lo contrario: exponerse. Salir con su peluca, con su disfraz no obligado, con su libertad, con su esencia. Arriesgar, en definitiva, que es de lo que va esto de la vida.

En el Teatro María Luisa de Mérida.

En el Teatro María Luisa de Mérida. / Javier Cintas / Javier Cintas

Habrá quien lo vea como una frivolidad. Otros lo interpretarán como una estrategia de comunicación. Pero también hay un tercer argumento: el de un alcalde que entiende que su papel no termina en el despacho, que la ciudad se gobierna mezclándose con la gente y formando parte de sus tradiciones. Y eso pocos políticos saben llevarlo a efecto con tanta naturalidad como él.

Así que Osuna ha vuelto a hacerlo. Y lo ha hecho mostrándose como es. A veces con traje, muchas con la túnica del ya consolidado Emerita Lvdica. Y, anoche en el María Luisa, como el que fuera emperador de una de las sagas de dibujos animados más vista de todos los tiempos. Antonio, no dejes de disfrazarte, y si lo haces de Picapiedra con peluca y taparrabos, mejor. Es la prueba más evidente de que has entendido que a veces gobernar también consiste en saber salir al escenario con toda dignidad.

Tracking Pixel Contents