El Capitel
De Lolino a Paco Vadillo: Mérida se viste de pregones
La ciudad enlaza el Pregón del Costal y del Varal con el Pregón Oficial en una semana que resume dos formas de sentir y engrandecer la Semana Santa emeritense

La Semana Santa de Mérida encuentra en "Lolino" y Paco Vadillo dos voces representativas de su pulso cofrade. / El Periódico Extremadura

La Cuaresma llega despacio, casi tímida y, cuando queremos darnos cuenta, ya se asoma a su recta final con el olor de la cera y el sonido lejano de los tambores. Y en Mérida hay una señal decisiva cuando la Cuaresma entra en ese tramo: la semana de los pregones.
El pasado sábado lo vivimos con el Pregón del Costal y del Varal, pronunciado por Francisco Manuel Fernández Mendoza, nuestro "Lolino" y, el próximo sábado, tomará el relevo el Pregón Oficial de la Semana Santa, a cargo del querido Paco Vadillo. Dos voces distintas, dos formas de mirar la Semana Santa de Mérida, pero un mismo latido.
Vida cofrade
Lolino habló desde donde se hablan las cosas que salen del corazón. Desde abajo, desde el costal, desde el esfuerzo silencioso que sostienen los pasos cuando nadie mira. Joven capataz, trabajador incansable, se ha ido forjando a sí mismo una vida cofrade que, siendo joven, ya le gustaría a muchos.
Pero Lolino no es solo un hombre de costal. Con el paso del tiempo se ha convertido en algo mucho más simbólico: en los ojos de las mujeres y los hombres que cada año portan al Señor del Prendimiento. Es él quien marca el compás, mide el camino y ve lo que los de abajo no pueden ver guiándolos con la responsabilidad de quien sabe que sobre sus palabras descansa el caminar del paso.
Manuel Fernández
En su forma de entender la Semana Santa hay entrega, cercanía y verdad. Pero también memoria. Porque en cada palabra suya late inevitablemente la herencia de su padre, Manuel Fernández, al que recordamos con cariño y respeto. Es digno heredero no solo de un apellido, sino de una manera de vivir la Semana Santa, con humildad, con constancia y con ese orgullo silencioso de quien sabe que lo importante nunca necesita demasiado ruido.
El próximo sábado llegará el turno de Paco Vadillo. Y decir Paco en Mérida es decir muchas cosas a la vez. Periodista incombustible, creador incansable, agitador de ideas, de proyectos y de ilusiones. Pero, sobre todo, enamorado profundamente de su ciudad.
Periodismo
Paco lleva años intentando, y consiguiendo, hacer a Mérida un poco más grande cada día desde su gran pasión: el periodismo. Porque hay periodistas que cuentan las cosas que pasan y otros que, además, ayudan a que pasen, y Paco pertenece claramente a estos últimos.
Su mirada sobre Mérida está hecha de compromiso, de inquietud permanente y de una fe casi contagiosa en las posibilidades de esta ciudad. Y dentro de esa mirada ocupa un lugar muy especial su Semana Santa, por la que ha trabajado, ha propuesto y ha empujado durante años con esa mezcla de entusiasmo y obstinación que solo tienen quienes creen de verdad en lo que hacen.
Mucho en común
Son distintos, sí. Uno habla desde el costal y el martillo, desde la emoción del que camina bajo los pasos, mientras que el otro lo hace desde la palabra, desde la mirada del periodista que sabe contar lo que ve y también lo que siente. Pero si uno mira bien, descubre que tienen mucho más en común de lo que parece.
Ambos comparten una forma de estar en el mundo, trabajando sin descanso, mejorando lo que tocan, entregándose sin contemplaciones, sin esperar nada a cambio. Con esa rara virtud de no saber decir que no cuando alguien llama a su puerta para pedir ayuda, una idea o simplemente tiempo.
Por eso esta es, en cierto modo, la semana de Lolino y de Paco. La del hombre que vive la Semana Santa desde todos sus rincones posibles, desde el costal que soporta el peso, desde la voz que guía a los hombres y mujeres que portan al Señor del Prendimiento y la del periodista que ha hecho de su amor por Mérida una forma de vida, empeñado siempre en contarla, en empujarla y en hacerla un poco más grande a través de la palabra y de su gran pasión, el periodismo.
Dos voces distintas, dos formas de servir, dos corazones profundamente emeritenses con una misma verdad que explica muchas cosas: que la Semana Santa de Mérida no se levanta solo sobre los pasos que recorren sus calles, sino también sobre personas que la sienten tan dentro que terminan convirtiendo su vida -ya sea bajo un costal, tras un atril o detrás de un micrófono- en una manera de querer y de engrandecer su ciudad.
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