Patrimonio natural
El río Albarregas, el hermano chico del Guadiana en Mérida que también tiene puente romano
El cauce que atravesó la historia de Emérita Augusta, antaño con sus riberas pobladas de huertas, molinos y pequeñas ermitas, vuelve a preocupar tras un invierno de crecidas y la discusión sobre su renaturalización

El río Albarregas, arteria histórica de la capital extremeña, vuelve a ser protagonista en el debate ciudadano y ambiental tras las intensas lluvias de los últimos meses y las propuestas de transformación de su cauce. ¿Pero cuál es la historia del hermano chico del Guadiana? Se remonta a la fundación misma de la ciudad romana Emérita Augusta en el año 25 a.C., bajo el emperador Augusto. Los ingenieros romanos, al diseñar la nueva colonia, construyeron uno de los elementos más duraderos y emblemáticos asociados al río: el Puente romano sobre el Albarregas, levantado a finales del siglo I a.C. Esta obra de ingeniería, contemporánea al gran puente sobre el Guadiana, permitía el paso de la vía principal (el cardo maximus) y otras vías perimetrales que circundaban la urbe. Construido con sillares de granito y arcos de medio punto, el puente ha resistido casi intacto hasta nuestros días y sigue siendo uno de los monumentos menos fotografiados pero más auténticos del conjunto patrimonial emeritense.
Después de la caída del Imperio romano, el río mantuvo su importancia en la Mérida visigoda, musulmana y medieval cristiana. Durante la Edad Media, sus riberas se poblaron de huertas, molinos y pequeñas ermitas rurales. Un ejemplo paradigmático es la Ermita de Nuestra Señora de la Antigua, construida a finales del siglo XV en lo que entonces eran campos alejados del casco urbano, muy cerca del cauce.
Riadas
Las crecidas han marcado el carácter del Albarregas a lo largo de los siglos. A diferencia del Guadiana, su cauce más estrecho y su cuenca de respuesta rápida lo convertían en un torrente imprevisible en épocas de fuertes lluvias otoñales e invernales. Las riadas de 1947 (que afectaron gravemente a toda la ciudad), la devastadora avenida de noviembre de 1997 (que inundó barrios enteros, garajes y bajos) y otras muchas a lo largo del siglo XX obligaron a las autoridades a intervenir drásticamente.
En las décadas de 1970 y 1980 se llevó a cabo la canalización actual: muros de contención de varios metros de altura y lecho hormigonado que drásticamente alteraron su aspecto natural. La medida, pensada para proteger a la población creciente de La Antigua, San Lázaro y otros barrios ribereños, convirtió al Albarregas en un “río encauzado” que, aunque ha evitado desbordamientos catastróficos en crecidas moderadas, ha perdido casi por completo su ecosistema original. Su puente milenario convive con el viaducto ferroviario moderno de ADIF, sus orillas hormigonadas contrastan con las propuestas ecologistas de renaturalización, y sus crecidas ocasionales recuerdan a los emeritenses que, incluso en una ciudad Patrimonio de la Humanidad, la naturaleza nunca deja de escribir su propia historia.
Ecologistas en Acción
En los últimos días, Ecologistas en Acción ha insistido en que el Ayuntamiento de Mérida dispone de una oportunidad única para renaturalizar el tramo urbano del Albarregas, eliminando parte del hormigón que canaliza sus aguas desde hace décadas. La organización ha argumentado que recuperar el carácter más natural del río mejoraría la salud ambiental de la ciudad, aumentaría la biodiversidad, ayudaría a mitigar los efectos del cambio climático y, paradójicamente, reduciría el riesgo de inundaciones extremas al permitir mayor espacio de laminación en crecidas.
Sin embargo, la propuesta no cuenta con el apoyo unánime de la ciudadanía. La Asociación Vecinal de La Antigua, uno de los barrios más afectados históricamente por las avenidas del Albarregas, ha rechazado de forma contundente la retirada del hormigón. En la misma línea, la Asociación de Vecinos María Auxiliadora se ha hecho eco del malestar de sus residentes ante esta posibilidad. La entidad ha recordado que la barriada se vio “terriblemente afectada” por las riadas en el pasado y ha defendido que la canalización y el ensanche del cauce han supuesto “un antes y un después en la tranquilidad” de los vecinos de las zonas próximas al río. A su juicio, revertir estas actuaciones supondría “dar un paso atrás” en la seguridad del entorno.

El Periódico Extremadura
El debate llega después de un invierno muy húmedo. En enero y febrero de 2026 el Albarregas ha experimentado varias crecidas notables, llegando a rozar el metro de altura en algunos puntos del casco urbano y obligando al ayuntamiento a activar protocolos de vigilancia y a pedir máxima precaución. Entre la memoria de las riadas y las propuestas de renaturalización, el futuro del río Albarregas vuelve a situarse en el centro de una discusión que enfrenta modelos de ciudad, pero que comparte un mismo fondo, cómo convivir con un río que forma parte, desde hace más de dos mil años, de la historia y la identidad de Mérida.
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