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Carta de la lectora

Una desafortunada visita al Teatro Romano de Mérida

Una visita al Teatro Romano de Mérida se convirtió en una experiencia desagradable para el coro Ad Libitum de Mérida y sus invitados ingleses, debido a la actitud del personal y las condiciones del recinto

Imagen del coro.

Imagen del coro. / Cedida a El Periódico

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María Isabel Bravo Bautista

Mérida

El pasado 7 de abril, martes, con motivo del encuentro de los Coros Ad Libitum de Mérida y Londres, acompañamos a nuestros invitados ingleses a visitar la ciudad y los llevamos al Teatro Romano.

Queremos denunciar la desagradable experiencia que vivimos desde el momento de entrar al recinto. Después de comprar la entrada, cada persona tenía que pasar por delante de un señor que, tras ausentarse de su puesto, volvió gritando a dos de los visitantes ingleses porque habían pasado sin que les rompiera su tique y a dos niñas que querían ir al baño. Sin poner en duda la importancia de la labor de este señor de rasgar una entrada ya pagada, ¿no podría cumplir con su trabajo con un tono más amable y sin hacer que te sientas como el mayor infractor de las normas?

La segunda parte vino cuando accedimos al hemiciclo del Teatro por la puerta recomendada y allí, en medio de la escena, una gran grúa impedía ver el “Frons scaenae” y que nuestros invitados pudieran llevarse una fotografía en condiciones, esto sin contar que habían pagado su rasgada entrada al precio completo sin previo aviso de la existencia de semejante armatoste.

Resignación

Estoicamente nos sentamos en las gradas de la “Ima cavea”. Resignados a no poder contemplar en plenitud el espectáculo visual que ofrece nuestro Teatro, en un momento en que la grúa paró de emitir su desagradable pitido, la directora del coro nos propuso cantar “sottovoce” unos compases del “Dona nobis pacem” de Mozart para que nuestros invitados ingleses pudieran valorar, al menos por unos segundos, la maravillosa acústica de nuestro Teatro. Y aquí fue cuando llegó la guinda, un vigilante subió desde la “Orchestra” para recriminarnos y prohibirnos cantar sin un permiso especial. Estupefactos intentamos, sin éxito, hacer razonar al señor argumentando que no estábamos molestando a nadie y que no creíamos que el monumento sufriera por el sonido de un “mini coro” “a capella” y “sottovoce” frente a la ingente máquina infernal del escenario.

Tras esta desagradable experiencia recordé con tristeza los decibelios de conciertos que con frecuencia tienen lugar en el Teatro y que hacen vibrar sus milenarias piedras. A mi mente llegaron las palabras del periodista y escritor del siglo XIX Mariano José de Larra en su artículo sobre las Antigüedades de Mérida:

“Los meridenses, si se puede hablar así de unos hombres que viven entre sus ruinas tan ignorantes de ellas como los búhos y vencejos que en su compañía las habitan”

(…)

“Y vienen muchos viajeros?”

Extranjeros, sí, señor. Ingleses sobre todo…nos muelen a preguntas…parecen locos los ingleses. Pero españoles, señor, pocos.[1]

Larra, Mariano José de, 1809-1837. Las antigüedades de Mérida. Segundo y último artículo. Artículos de costumbres. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

La autora es María Isabel Bravo Bautista, miembro del Coro "Ad Libitum" de Mérida.

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