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Toros en Mérida

Solitaria oreja para Tomás Bastos en el cierre de la Feria de Primavera

La novillada que puso el broche final a la Feria de Primavera emeritense dejó un balance artístico discreto, marcado por la escasez de trofeos. El desarrollo del festejo estuvo condicionado, en gran medida, por el desacierto con los aceros

El joven novillero extremeño Julio Méndez, con el tercero de la tarde, de nombre 'Fugitivo'.

El joven novillero extremeño Julio Méndez, con el tercero de la tarde, de nombre 'Fugitivo'. / María Rosa Quintero

El Periódico Extremadura

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Mérida

La plaza de toros de Mérida acogió una novillada de distinto tono con reses de Couto de Fornilhos, en una tarde de agradable temperatura y con alrededor de un cuarto de entrada en los tendidos. El festejo dejó como balance la oreja paseada por Tomás Bastos al cuarto novillo y varias actuaciones de mérito que no encontraron premio por el desacierto con los aceros, especialmente en los casos de Julio Méndez y Carlos Tirado.

Tomás Bastos, en un lance con el primero de la tarde.

Tomás Bastos, en un lance con el primero de la tarde. / María Rosa Quintero

Abrió plaza ‘Arrojado’, un utrero de correcta presentación y pitones acucharados que correspondió al portugués Tomás Bastos. El novillo evidenció pronto una acusada falta de casta y se mostró manso en el caballo, rehuyendo el castigo y sin emplearse con entrega. Bastos, pese a la escasa colaboración del animal, firmó un saludo capotero de compostura y garbo, y después trató de estructurar una faena seria ante un oponente huidizo, sin fondo y de embestida deslucida. Cerró su labor con una estocada ejecutada desde larga distancia, en un gesto de aire ferrerista, y fue ovacionado.

El joven espada portugués saluda al público.

El joven espada portugués saluda al público. / María Rosa Quintero

El segundo de la tarde, ‘Marqués’, también de Couto de Fornilhos, permitió ver detalles del onubense Carlos Tirado, aunque el fallo con la espada le cerró la puerta de un posible trofeo. El novillo salió con la cara baja, condición que Tirado aprovechó para recibirlo a la verónica con temple, suavidad y elegancia, aunque el animal se mostró abanto y falto de fijeza en los primeros tercios.

El onubense Carlos Tirado, en la novillada de este domingo en Mérida.

El onubense Carlos Tirado, en la novillada de este domingo en Mérida. / María Rosa Quintero

La faena fue creciendo desde la suavidad del cite y la delicadeza en el trazo, hasta alcanzar sus mejores momentos por el pitón derecho, con tandas clásicas, ligadas y de notable expresión. Por el izquierdo, el utrero acortó el recorrido y protestó al final de los muletazos. La música acompañó una labor reconocida por el público, pero el fallo con los aceros dejó el balance en ovación.

Carlos Tirado saluda a la concurrencia.

Carlos Tirado saluda a la concurrencia. / María Rosa Quintero

El tercer novillo, ‘Fugitivo’, ofreció mayores posibilidades y permitió a Julio Méndez dejar una de las faenas más completas de la tarde. Fuerte y bien rematado, el utrero salió con una embestida entregada que el extremeño saludó con verónicas templadas y de profundidad.

El tercero de la tarde permitió el lucimiento del joven extremeño Julio Méndez.

El tercero de la tarde permitió el lucimiento del joven extremeño Julio Méndez. / María Rosa Quintero

Méndez entendió con claridad las condiciones del animal y construyó una labor en dos tiempos, primero con distancia y ligazón en redondo, y después en terrenos más comprometidos, donde se metió entre los pitones con valor, dominio y conocimiento de los terrenos. La faena tuvo calado en los tendidos, pero los reiterados pinchazos diluyeron cualquier opción de premio. Fue ovacionado.

El novillero extremeño Julio Méndez.

El novillero extremeño Julio Méndez. / María Rosa Quintero

En cuarto lugar salió ‘Lusitano’, un novillo de hechuras similares, aunque algo más suelto de carnes, que correspondió de nuevo a Tomás Bastos. El animal salió con prontitud y apretó en el recibo capotero, al que el portugués respondió con verónicas en un palmo de terreno, ya dentro del tercio, en un inicio vibrante.

Tomás Bastos, con su segundo toro, cuarto de la tarde.

Tomás Bastos, con su segundo novillo, cuarto de la tarde. / María Rosa Quintero

Bastos brindó al público desde los medios y comenzó la faena de rodillas con un cambiado por la espalda, aunque el novillo empezó a mostrar mansedumbre y tendencia a huir hacia chiqueros, condicionando el desarrollo de la lidia. El torero no se vino abajo, insistió por ambos pitones y apostó en cada embroque ante un animal irregular, capaz de humillar en algunos pasajes y de abandonar la pelea en otros. Unas bernadinas muy ajustadas en el cierre elevaron el tono de su actuación. Mató de estocada y cortó una oreja.

Tomás Bastos saluda tras cortar una oreja al cuarto, la única de la novillada.

Tomás Bastos saluda tras cortar una oreja al cuarto, la única de la novillada. / María Rosa Quintero

El quinto, ‘Bastilho’, de 515 kilos, destacó por su presencia, seriedad y cuajo. Tras unos primeros compases con cierto son, el novillo dejó ver querencia por el pitón derecho, recorrido corto y condición mansa, especialmente en sus dos encuentros con el caballo. Carlos Tirado se impuso con firmeza a un animal exigente, al que había que llevar muy sometido por abajo, y compuso una faena de hondura bajo los sones del pasodoble ‘Nerva’. El novillo sufrió además un percance al clavarse de pitones y dar un balancín, lo que mermó sus facultades. Aun así, el onubense dejó naturales largos, de trazo profundo, con figura erguida, mentón encajado y un marcado sello de elegancia. La espada, de nuevo, impidió redondear la labor y todo quedó en ovación tras dos avisos.

Carlos Tirado durante la faena al quinto.

Carlos Tirado durante la faena al quinto. / María Rosa Quintero

Cerró la tarde ‘Apoulado’, un utrero serio, bien armado y rematado por dos finas agujas, que correspondió a Julio Méndez. El novillo mostró de salida falta de clase y no permitió lucimiento con el capote, aunque cumplió en varas y llegó al último tercio con obediencia, pese a no humillar. Méndez brindó al público y desarrolló una faena completa por ambos pitones, con mando, suavidad de muñecas y pasajes de especial calado al natural, donde logró muletazos largos, templados y de notable exigencia técnica. También por el derecho dejó muestras de su concepto en una labor variada, acompañada por la música y reconocida por los tendidos. El fallo con la espada al primer intento volvió a frenar un triunfo mayor y la actuación fue premiada con una ovación.

Julio Méndez con Apoulado, el toro encargado de cerrar la novillada de Mérida.

Julio Méndez con 'Apoulado', el novillo encargado de cerrar la novillada de Mérida. / María Rosa Quintero

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