El Capitel
Aquella gran romería que Mérida nunca terminó de perder
Aunque desapareció en 2007, la tradición permanece en la memoria de quienes la vivieron y vuelve hoy a abrirse camino gracias al impulso vecinal

Romería de San Isidro de Mérida celebrada el 19 de mayo de 2002. / Cedida a El Periódico Extremadura

Hubo un tiempo en el que el calendario de Mérida tenía una fecha marcada con un brillo especial, el 15 de mayo. San Isidro no era solo un nombre en el santoral, era una jornada esperada, sentida, casi sagrada en su sencillez. La romería de la ciudad, organizada por la Cofradía de San Isidro Labrador, era mucho más que una tradición, era el reflejo de una Mérida que olía a campo, a familia y a convivencia.
Desde primeras horas de la mañana, cuando aún el sol apenas se atrevía a asomar, las casas comenzaban a llenarse de vida. En las cocinas, el chisporroteo del aceite anunciaba un día distinto, filetes empanados dorándose lentamente, tortillas cuajándose con mimo. Ese olor inconfundible, cálido y familiar, se escapaba por puertas y ventanas y se extendía por calles y barrios como una señal compartida, casi un lenguaje silencioso que decía a toda la ciudad que había llegado el día de la romería.
Era imposible no contagiarse de ese ambiente; incluso quien no participaba directamente sentía que algo especial estaba ocurriendo.
Carrozas engalanadas
Carrozas engalanadas, caballistas orgullosos, vecinos con cestas repletas y sonrisas abiertas. Todos se reunían para acompañar al Santo que se veneraba (aunque en sus últimos años salía desde la Concatedral) en la Parroquia de San José en un recorrido que forma parte de la memoria colectiva por la Avenida de Extremadura, Marquesa de Pinares, el puente romano del Albarregas y el camino hacia la Charca, donde la ermita esperaba como destino y como símbolo.
No era solo un trayecto físico, era un camino cargado de emoción, de saludos, de reencuentros y de tradiciones que se transmitían casi sin palabras.
Aquella jornada tenía un sabor único. El del gazpacho fresco compartido a la sombra, el del pan recién cortado, el de los filetes y tortillas que sabían mejor en el campo que en cualquier otro lugar. Pero, sobre todo, tenía el sabor de lo auténtico. Era Mérida en su esencia más rural, más cercana, más humana. Ese pueblo grande donde todos se conocían o, al menos, se reconocían.
Desapareció en 2007
Con el paso del tiempo, la ciudad fue cambiando. Se fue alejando poco a poco de su raíz agrícola, los campos dejaron de marcar el ritmo de la vida cotidiana y las nuevas generaciones crecieron en un contexto diferente y la romería comenzó a apagarse lentamente hasta desaparecer en 2007. No fue de golpe, sino como se apagan las cosas importantes, poco a poco, casi sin darnos cuenta.
Sin embargo, hay tradiciones que no se pierden del todo. Permanecen en la memoria, en las conversaciones, en las fotografías guardadas, en ese “¿te acuerdas?” que aparece de vez en cuando. Y, sobre todo, permanecen en la emoción de quienes las vivieron.

Programa de actos y premios de la tradicional Romería de San Isidro de Mérida, celebrada el 14 de mayo de 2006 en la Casa de Campo. / Cedida a El Periódico Extremadura
Hoy, gracias al empeño de la Asociación Vecinal de Proserpina, la romería vuelve a encontrar su espacio el domingo posterior a San Isidro. No es la misma, porque los tiempos han cambiado, pero conserva lo esencial, el deseo de reunirse, de compartir y de mirar al pasado con respeto y cariño.
Ya no son solo motivos agrícolas los que la impulsan, sino algo más profundo, la necesidad de mantener viva la identidad, de no perder aquello que nos hacía únicos, de ofrecer a las nuevas generaciones la oportunidad de sentir, aunque sea de otra manera, lo que un día fue tan nuestro.

Cartel de la Romería de San Isidro en Proserpina, que se celebrará el domingo 17 de mayo de 2026 bajo el lema "Historia, Agua y Vida". / Cedida a El Periódico Extremadura
Ya no es solo el campo lo que la sostiene, sino algo más fuerte basado en la identidad, la necesidad de reencontrarnos con lo que fuimos para entender mejor lo que somos.
Y quizá ahí esté la clave, porque mientras en alguna casa de Mérida, al amanecer, vuelva a oler a filetes empanados y a tortilla recién hecha; mientras haya alguien dispuesto a madrugar para compartir camino, conversación y recuerdo; mientras exista ese deseo de no dejar morir lo nuestro, la romería nunca desaparecerá del todo.
Al contrario, estará esperando, paciente, a que la ciudad vuelva a abrazarla como merece. Y ese día -más pronto que tarde- Mérida no solo recuperará una fiesta, sino una parte de su alma.
- La norma que deja fuera a Pablo López del Teatro Romano de Mérida también afecta a Sanguijuelas del Guadiana
- Investigados dos vecinos de Mérida por intentar quedarse con 76 paquetes durante un reparto
- Un hombre se pelea con un matrimonio en la calle Almendralejo y moviliza a la Policía Local y Nacional en Mérida
- Seis heridos, cuatro de ellos niños, en un choque frontal de dos vehículos en Mérida
- La actuación de Pablo López en Cáceres tumba su concierto en el Teatro Romano de Mérida
- El Teatro Romano de Mérida sumará dos esculturas de bronce de 350 kilos en homenaje a sus arqueólogos
- Mérida celebra este sábado Alternativa Sound con conciertos, batucada y jam session
- La 'exclusividad' del Teatro Romano de Mérida deja a Cáceres sin el concierto de Malú