El Capitel
Mérida, donde el tiempo se enamora y decide quedarse
Emerita Lvdica es un viaje sincero hacia lo que fuimos, pero también hacia lo que seguimos siendo

Carrera de cuadrigas durante la celebración de Emerita Lvdica. / JAVIER CINTAS

Hay días en los que Mérida deja de ser solo una ciudad para convertirse en un latido antiguo, en una memoria viva que se abre paso entre las calles, los rincones y las piedras que nunca han dejado de hablar. Días en los que el tiempo no avanza, sino que se pliega sobre sí mismo.
Eso es Emerita Lvdica, un viaje sincero hacia lo que fuimos, pero también hacia lo que seguimos siendo. Porque cuando Mérida regresa a sus orígenes, a aquella Augusta Emerita concebida para el descanso de los guerreros, también regresa a una forma de vivir que entendía el disfrute como parte esencial de la existencia.
La vida intensa, sí, pero también el juego, el teatro, la risa compartida, el ruido de la arena y el eco de los pasos sobre la piedra. Durante unos días, todo eso vuelve, y no lo hace como un recuerdo lejano, sino como algo tangible, cercano, casi cotidiano.
La fiesta recreacionista
La ciudad se transforma sin perder su esencia porque, en realidad, la recupera. Mérida siempre ha sido un lugar donde la historia no se estudia, se respira. Donde cada semana parece un pequeño festival de vida, un escenario abierto en el que nunca existe el aburrimiento. Es, muchas veces, un gran parque temático sin artificios, auténtico, con opciones para todos los gustos, donde cada persona encuentra su rincón, su momento, su propia manera de sentirla.
Con Emerita Lvdica, esa sensación se multiplica. Se recupera la ciudad que poblaron los romanos, la de las costumbres y las tradiciones ancestrales. Durante unos días las calles se llenan de túnicas, de sandalias, de miradas que parecen venir de otro tiempo, días en los que todos y todas formamos parte de algo mayor.
Los y las emeritenses, estos días, eligen ser ciudadanos, cónsules, esclavos, patricios, soldados en todas sus graduaciones… no importa el papel, importa la participación y el sentir colectivo de pertenecer a una historia compartida.
Un espejo antiguo
Y en ese juego, en esa recreación, hay algo profundamente verdadero, porque Emerita Lvdica no es solo espectáculo, es recuerdo y aprendizaje, es una forma de entender quiénes somos a través de lo que fuimos. Emerita Lvdica nos da la oportunidad de mirarnos en un espejo antiguo que, lejos de deformar, nos devuelve una imagen más completa.
Mérida se encuentra entonces con el tiempo aunque, quizás, sería más justo decir que el tiempo se rinde ante Mérida. Porque el tiempo aquí no pasa, se queda, se mantiene en las piedras del teatro, en la solemnidad del anfiteatro, en el rumor del viejo 'Anas' bajo el puente, en la vida que nunca se detiene. Mérida es Roma, sí, pero también es presente, es energía, es una ciudad que no deja de moverse, de reinventarse, de latir.
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