Oficio heredado
La familia de La Zarza que lleva desde 1982 enseñando a conducir a Mérida
Los hijos de Martín Lavado siguen al frente de una autoescuela que ha acompañado a varias generaciones de emeritenses en sus primeros kilómetros al volante

Javier Cintas

La primera vez que alguien se sienta al volante no se olvida. Tampoco la voz que enseña a soltar el embrague sin que el coche se cale, a mirar por el retrovisor antes de cambiar de carril, a entrar en una rotonda sin dudar o a aparcar cuando los nervios parecen ocupar más espacio que el propio vehículo. En la capital extremeña, miles de emeritenses han vivido ese aprendizaje en Autoescuela Martín, una empresa familiar con raíces en La Zarza que abrió sus puertas en 1982 y que, más de cuatro décadas después, sigue unida a ese instante en el que muchos dejaron de mirar la carretera desde el asiento del acompañante para empezar a recorrerla por sí mismos.

Alumnos preparan el examen teórico en una de las aulas de Autoescuela Martín, en Mérida. / Javier Cintas
En los oficios vocacionales, la herencia de padres a hijos suele tener algo más profundo que la continuidad de un negocio. Se hereda una forma de mirar, de tratar a la gente y de entender el trabajo. Eso es lo que ha ocurrido con Patricio e Inma Lavado, que han tomado el testigo de su padre, Martín Lavado, después de 45 años dedicados a la enseñanza de la conducción. Sobre sus hombros llevan el peso amable del orgullo que les ha contagiado su progenitor: mantener viva una autoescuela que ha acompañado a varias generaciones en uno de esos pasos que marcan la entrada en la vida adulta.
Casi medio siglo de emprendimiento familiar
Autoescuela Martín ha crecido sin perder su esencia. Lo que nació como una autoescuela de referencia en Mérida se ha convertido con los años en un centro de formación con tres sedes en la ciudad, en la calle Don Benito, en Severo Ochoa y en un centro práctico, además de presencia en otros puntos de la provincia como Almendralejo, La Zarza, Llerena y Calamonte. Casi medio siglo de emprendimiento familiar que hoy no solo se mide en años, sino también en alumnos, permisos, prácticas, exámenes y muchas primeras veces al volante.

Los hermanos Lavado, segunda generación al frente de Autoescuela Martín, durante la entrevista. / Javier Cintas
Ese recorrido también se ha traducido en cifras. Solo en el último año, la autoescuela ha expedido alrededor de 1.200 permisos, un volumen que la ha situado, según los datos facilitados por la empresa, como el centro docente donde se enseña a conducir que más carnés ha tramitado en Extremadura. Pero Patricio Lavado insiste en que detrás de cada aprobado hay mucho más que una prueba superada. Hay jóvenes que buscan independencia, adultos que necesitan el permiso para trabajar, alumnos que llegan con miedo y otros que descubren que conducir no consiste solo en mover un coche, sino en aprender a mirar, anticiparse y decidir.
Enseñar a conducir, no solo a aprobar
La filosofía de la casa la marcó Martín Lavado desde el principio. "Nosotros siempre hemos enseñado a conducir, no solamente a sacar el permiso". La frase resume una manera de trabajar que sus hijos han mantenido como herencia profesional. Para él, el carné abría una puerta, pero no daba por sí solo la práctica ni la experiencia necesarias para moverse con seguridad por la vía pública. Por eso, en Autoescuela Martín el aprobado siempre ha sido el objetivo, pero no el único: también lo han sido la atención, la anticipación, el campo de visión y la confianza del alumno.

Interior de una de las sedes de Autoescuela Martín, empresa familiar fundada en 1982 y especializada en permisos de conducir y formación profesional. / Javier Cintas
El verano sigue siendo una época especial para la autoescuela. Llegan quienes han terminado la Selectividad o están en la universidad, las prácticas se hacen con más horas de luz y la ciudad permite sumar kilómetros con más tranquilidad. Pero esa aparente ventaja tiene matices: cuando el tráfico es más fluido, los recorridos de examen suelen ser más largos y el alumno pasa más tiempo tomando decisiones entre cruces, rotondas, espejos y nervios. A esa exigencia se ha sumado en los últimos meses la pérdida de los exámenes en Mérida y el traslado de las pruebas teóricas a Badajoz, una situación que, según Patricio, perjudica a los alumnos de la capital extremeña y de las poblaciones cercanas. "Desplazarse casi una hora para examinarse es complicado", manifiesta. Por eso, Martín defienden que Mérida recupere cuanto antes este servicio.
Con los años, además, la empresa ha ampliado su horizonte hacia la formación profesional, con permisos de camión y autobús, transporte sanitario, vigilantes de seguridad y otros perfiles con salida laboral directa. Patricio e Inma han tomado el volante mirando al futuro, pero con el retrovisor muy presente: el de un padre que les enseñó que una autoescuela no solo entrega carnés, sino que ayuda a muchas personas a avanzar en la vida.
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