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El Capitel

Mérida, donde los Premios Max abrazan la eternidad del teatro

Hoy lunes, la capital extremeña no solo acoge una gran gala, sino que se convierte, por derecho propio, en la capital nacional de las artes escénicas

Asistentes a la presentación de los Premios Max, en Mérida.

Asistentes a la presentación de los Premios Max, en Mérida. / Alberto Manzano

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Mario Hernández

Mario Hernández

Mérida

Hay ciudades que presumen de historia, otras de cultura y muchas de una belleza que siempre es incontestable. Pero hay muy pocas capaces de convertir las piedras en emoción y el pasado en un latido permanente. Y ahí, en ese lugar reservado solo para las elegidas, aparece con fuerza propia Mérida. Porque hoy lunes, la capital extremeña no solo acoge una gran gala, sino que se convierte, por derecho propio, en la capital nacional del teatro.

Nuestro majestuoso Teatro Romano será el escenario de la ceremonia de entrega de los prestigiosos Premios Max de las Artes Escénicas. Y no es casualidad, no es un premio a la improvisación ni una concesión pasajera; es el reconocimiento a una ciudad que lleva casi un siglo respirando teatro, sintiendo teatro y defendiendo el teatro como parte esencial de su identidad.

Porque Mérida es puro teatro. Lo es en sus noches de verano, cuando el silencio del graderío se rompe con el primer verso y las estrellas parecen inclinarse para escuchar a los actores y actrices; lo es en cada columna, en cada piedra milenaria, en cada rincón de una ciudad donde la cultura no se visita… se vive.

Y lo es, sobre todo, desde el momento irrepetible de aquel verano de 1933 en el que la inmensa Margarita Xirgu, con su histórica interpretación de Medea, consiguió que el viejo Teatro Romano volviera a hablar después de siglos de silencio. Aquella noche no solo regresó el teatro clásico a Mérida; aquella noche nació algo mucho más grande, una historia de amor eterna entre una ciudad y las artes escénicas.

Desde entonces, el Festival Internacional de Teatro Clásico ha convertido a Mérida en un referente cultural indiscutible, en un santuario para actores, directores, dramaturgos y amantes del teatro llegados de todos los rincones del mundo.

Un escenario único

Y este lunes, los Premios Max vienen a confirmar lo que Mérida lleva décadas demostrando con hechos, que no es otra cosa que aquí el teatro no es un complemento, sino una forma de entender la vida. Vienen a demostrar que pocas ciudades pueden presumir de tener un escenario con tanta alma, memoria y verdad como el Teatro Romano, un espacio donde cada representación parece dialogar con dos mil años de historia.

Mérida no necesita levantar la voz para reivindicarse, porque hablan por ella sus monumentos, su Festival, su público y su capacidad de emocionar generación tras generación. Pero días como este sirven también para sacar pecho y recordar que Extremadura tiene en Mérida una punta de lanza cultural que traspasa fronteras y que proyecta el nombre de toda una región al panorama internacional.

La llegada de los Premios Max supone mucho más que una gala televisada o un desfile de nombres ilustres. Es una declaración de amor al teatro y también a una ciudad que ha sabido cuidar, proteger y engrandecer su legado cultural hasta convertirlo en una referencia absoluta. Porque cuando cae la noche sobre el Teatro Romano y las luces iluminan sus columnas eternas, uno entiende que no hay decorado capaz de competir con la emoción de ese escenario.

Y mientras el mundo de las artes escénicas mira este lunes hacia Mérida, la ciudad vuelve a demostrar que sigue siendo incomparable, única, inmortal. Una ciudad capaz de enamorar a cualquiera que se siente frente a su escenario milenario.

Porque podrán decir lo que quieran, podrán mirar hacia otros lugares, pero, como cantaría el incombustible Raphael, "digan lo que digan, digan lo que digan…", la realidad es incontestable y es que, cuando el teatro busca su hogar, siempre acaba regresando a Mérida.

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