Entrevista | En primera persona con el artista
Sergio Dalma vuelve más italiano que nunca a Mérida: "Para alguien tan patoso como yo, 'Bailar pegados' es perfecta"
El cantante catalán regresa al Stone & Music Festival de Mérida con su proyecto ‘Ritorno a Via Dalma’, donde reinterpreta clásicos italianos

El cantante regresa este sábado a Mérida dentro del Stone & Music Festival. / José Irún

A Sergio Dalma le basta con imaginar las piedras iluminadas del Teatro Romano para entender que hay escenarios que ya lo dicen casi todo antes de que suene la primera nota. El cantante catalán vuelve este sábado, a las 22.15 horas, al Stone & Music Festival con ‘Ritorno a Via Dalma’, un trabajo en el que regresa a la música italiana, a esas melodías que parecen no apagarse nunca y que él aborda desde el respeto, el oficio y el recuerdo. En la entrevista con este periódico, Dalma destila humildad y sencillez, algo poco habitual en los tiempos que corren.
Puede que esa actitud de tío normal, de artista que no presume de lo vivido y que todavía habla de la música con gratitud, explique también por qué sus canciones siguen pasando de generación en generación. Antes de reencontrarse con Mérida, habla de sus comienzos, de Eurovisión, de Barcelona, de su vínculo con Extremadura y de ese ‘Bailar pegados’ que, para alguien que se define como "patoso", terminó siendo la canción perfecta.
Pregunta. ¿Qué tal, cómo está?
Respuesta. Bien, bien, contento. Estoy feliz.
P. ¿Cuál es su receta para llevar tantos años siendo un referente musical?
R. Me siento un privilegiado. Cuando empezaba, ni mucho menos me imaginaba que podría llegar a tantos discos y a tantas giras. Yo creo que la ilusión, las ganas de seguir creciendo, de seguir aprendiendo y de seguir disfrutando con lo que haces son algunas de las claves. Cuando a los 16 años decidí definitivamente que esto podía ser mi profesión, aquello me confirmó que ese podía ser mi camino, y eso ha sido fundamental.
P. ¿Y cuándo se dio cuenta de que quería dedicarse a la música de forma profesional?
R. Desde muy pequeño. Ya en el colegio, cualquier oportunidad para subirme a un escenario me atraía muchísimo. No era solo cantar, era todo lo que tenía que ver con estar ahí arriba. Cuando llegaban las fiestas de mi ciudad y venían las orquestas a tocar, yo pensaba: "Yo quiero estar ahí, en ese escenario".
Después tuve la oportunidad de entrar en un grupo semiprofesional. Tocábamos en carpas de fiesta, en Barcelona y en otros sitios, y aquello me confirmó que quería dedicarme a esto. Mis padres me apoyaban, así que seguí estudiando. Luego entré en la universidad, empecé Filología Románica, me fui al Instituto Italiano para seguir con el italiano, pero llegó un momento en el que pudo más la música.
Empecé ya como profesional, trabajando en orquestas, haciendo jingles para radio y televisión. Tenía claro que quería que fuera mi trabajo, mi carrera, que me quería dedicar profesionalmente a esto. Y, sobre todo, tuve ese apoyo por parte de mis padres y de mi familia.
P. ¿Está ya cansado de que le pregunten si bailar pegados es bailar?
R. Desde luego, para alguien tan patoso bailando como yo, esa canción es perfecta. Yo recuerdo que las pocas veces que iba a la discoteca estaba esperando la canción lenta, el baile pegado de turno, para salir a bailar.
Me siento afortunado de que en su día los autores pensaran en mí y me regalaran ‘Bailar pegados’. Lo que no imaginaba es que pudiera tener esa repercusión, y sobre todo viniendo de un festival como Eurovisión. No te imaginas que una canción así pueda tener una vida tan larga, que pasen generaciones y la sigan cantando.
P. Estuvo en Eurovisión, como acaba de decir. ¿Qué le ha parecido la salida de España del festival este año?
R. Yo creo que habría actuado igual por lo de la guerra. Y luego porque también creo que hay muchas cosas del festival que tampoco me gustan. Está muy bien la producción visual, se ha convertido en un gran espectáculo, pero al final dices: es el festival de la canción y no hay música en directo. Echo de menos también la música en directo.
P. La música italiana nunca pasa de moda.
R. La música italiana siempre ha tenido una presencia muy fuerte aquí. En España hemos escuchado mucho repertorio italiano, siguen viniendo muchos artistas de allí y son melodías que, aunque pasen los años, continúan estando muy presentes.
Para mí era un reto enfrentarme a ese repertorio, porque son canciones que tengo muy interiorizadas y que también están en la memoria de mucha gente. Llevarlas a mi terreno era complicado. No se trataba, ni mucho menos, de competir con aquellos originales, porque eso es imposible, pero sí de hacerlas mías desde el respeto. Lo he disfrutado mucho.
Al final, como pasó con el primer ‘Vía Dalma’, hace 15 años, era también un regalo para esa generación que nos enseñó muchas de esas canciones.
P. ¿A qué sabe Barcelona?
R. Yo creo que ahora mismo sabe un poco a caos. Crecí en Barcelona como profesional. Vivía en Sabadell, crecí en Barcelona, pero rápidamente me fui a Madrid. Estuve 27 años viviendo en Madrid y ahora hace ocho años volví otra vez a mi tierra.
Sigo en la provincia de Girona, en un pueblecito perdido, pero la verdad es que me ha apetecido mucho volver. Sobre todo, volver a vivir en plan rural, en un pueblo, y tener otra calidad de vida. En la vida también vas viviendo etapas y ahora el cuerpo me pedía esa.
P. ¿Qué canción le ha dado más alegrías?
R. Si soy honesto, creo que tanto ‘Bailar pegados’ como ‘Galilea’ han sido canciones muy cantadas en los karaokes, en las fiestas, y ya han pasado los años y siguen ahí.
Luego, con las canciones de ‘Vía Dalma’ ha resultado curioso, porque cuando empecé con aquel primer ‘Vía Dalma’ muchas de esas canciones la gente joven no las conocía. A través de aquellos ‘Vía Dalma’ tuvimos la oportunidad de darlas a conocer, y eso siempre es bueno.
Pero sí, te diría que esas canciones de la primera etapa han sido claves. Las sigo cantando con el mismo cariño porque las hemos ido actualizando precisamente para que no pasara nunca eso de: "Uf, otra vez, qué horror, tengo que cantar esta canción". No, no me lo puedo permitir.

Sergio Dalma, en el sofá de una terraza en Barcelona. / Feran Nadeu
P. ¿En qué odia perder el tiempo?
R. De vez en cuando me gusta perder el tiempo. Yo creo que también es bueno aburrirse. Hay tiempo para todo. Lo que pasa es que soy un tipo inquieto y constantemente estoy haciendo cosas.
Pero me gusta también, de vez en cuando, estar ahí, perder un poco el tiempo. Perder el tiempo en cosas que valgan la pena, en cosas que te hagan crecer como persona, como profesional, estar a gusto con tu gente, con tu familia. Perder el tiempo en cosas que realmente no me aporten nada, eso sí que me preocupa.
P. ¿Qué sensación da cantar en un escenario como el Teatro Romano de Mérida?
R. Es uno de esos escenarios que nunca te hubieras imaginado que podrías pisar. Si no me equivoco, ya estuve una vez y a mí me pareció impresionante. Y más con un show como el mío, como el que llevamos.
A veces dicen los técnicos: "Es que no podemos montar el espectáculo como nosotros queremos". Pero es que el decorado ya lo tenemos. Es un decorado natural y es algo bestial. Es iluminar las piedras y que las primeras notas acompañen, nunca mejor dicho, que aquellas notas bailen pegadas con el recinto.
Es una gran suerte. Me siento afortunado de poder cantar otra vez allí.
P. ¿Qué cosas le unen con Extremadura?
R. Desde hace muchísimo tiempo he estado vinculado con gente de Extremadura que casi ha sido mi familia. Cuando antes me has dicho lo de "las preguntinas", he dicho: "Esto me resulta muy familiar".
La comida, el paisaje... Siempre que he podido me he escapado por esa tierra tan fantástica. Tengo que reconocer que cuando sé que hay concierto por Extremadura me hace ilusión, porque me trae buenos recuerdos.
P. Genial, pues muchísimas gracias. Como dicen en ‘Star Wars’, que la fuerza y la suerte le acompañen. Nos vemos el sábado, si Dios quiere.
R. Seguro que lo vamos a disfrutar al máximo. Gracias, Alberto. Un abrazo fuerte.

Sergio Dalma en una foto de estudio para la promoción de su disco y gira 2026. / El Periódico Extremadura
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