Quejas vecinales
El Acueducto de los Milagros se harta de eventos: vecinos de Mérida preparan una queja formal
Residentes de la zona planifican una protesta al ayuntamiento por la acumulación de baños portátiles, estructuras, ruidos, olores y la pérdida de zonas verdes junto a uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad

Javier Cintas

El entorno del Acueducto de los Milagros ha dejado de ser, para algunos vecinos de la zona, un espacio de convivencia tranquila junto a uno de los monumentos más reconocibles de Mérida. Lo que denuncian ahora es una imagen cada vez más repetida: baños portátiles, estructuras temporales, zonas de restauración, contenedores, ruido, olores y tierra donde antes había césped.
Un grupo de residentes de los alrededores ha comenzado a preparar una carta dirigida al Ayuntamiento de Mérida para expresar su malestar por el uso frecuente del entorno del acueducto como escenario de eventos multitudinarios. La queja, según las fuentes vecinales consultadas, todavía no ha sido registrada oficialmente, pero está pensada para recoger firmas y presentarse por registro o, en su defecto, difundirse públicamente.
El escrito parte de una sensación de hartazgo acumulado. Los vecinos sostienen que la instalación recurrente de grandes infraestructuras temporales está alterando la imagen del monumento y deteriorando su entorno inmediato. Hablan de baterías de baños de plástico, montajes continuados, tránsito de maquinaria y un uso intensivo que, según denuncian, ha acabado dejando zonas verdes convertidas en terreno seco y desgastado.
Un entorno monumental convertido en recinto de uso intensivo
En la carta que preparan, los vecinos expresan su "profunda preocupación por el creciente uso del entorno del Acueducto de los Milagros para la celebración de eventos multitudinarios". A su juicio, la acumulación de estructuras y actividades está provocando "un importante deterioro paisajístico y ambiental" en uno de los espacios patrimoniales más representativos de Mérida.

El entorno del Acueducto de los Milagros, tomado por instalaciones temporales que han provocado el malestar vecinal. / Javier Cintas
El texto señala que en los últimos tiempos se ha convertido en una práctica habitual la instalación de "grandes estructuras metálicas, zonas de restauración, contenedores, escenarios, largas filas de baños portátiles y otros elementos auxiliares". Los vecinos consideran que esta imagen resulta incompatible con la dignidad de un enclave histórico y turístico de primer orden.
La denuncia vecinal no se limita al impacto visual. Los residentes más próximos aseguran que también soportan ruidos hasta altas horas, música, molestias por los montajes y desmontajes, movimiento de vehículos y olores vinculados a los eventos y a los servicios instalados en la zona. Ninguno de los vecinos consultados quiere aparecer por ahora con nombre y apellidos, aunque insisten en que el malestar ha ido creciendo entre quienes viven más cerca del monumento.
"El césped ya no existe, es tierra"
Uno de los puntos que más indignación ha generado entre los residentes es el estado de las zonas verdes. Según denuncian, el entorno ha sufrido un desgaste evidente por el paso continuado de asistentes, maquinaria y elementos de montaje. La frase que resumen entre los vecinos es directa: "El césped ya no existe, es tierra".
Las imágenes que han circulado entre residentes muestran, según describen, una estampa que consideran "lamentable": baños portátiles alineados, infraestructuras auxiliares y espacios ajardinados deteriorados junto al acueducto. Para los vecinos, el problema ya no es un evento aislado, sino una dinámica que se repite y que está convirtiendo el entorno monumental en un espacio sometido a una presión constante.
Los firmantes de la propuesta de carta recalcan que no están en contra de la actividad cultural, deportiva o gastronómica ni del movimiento económico que pueda generar para la ciudad. Lo que cuestionan es que ese modelo se desarrolle de forma reiterada junto a un bien patrimonial de enorme valor, cuando existen otros espacios más preparados para acoger grandes concentraciones.
La queja apunta al Ayuntamiento
La carta que preparan los vecinos solicita al Ayuntamiento de Mérida que revise la autorización y la ubicación de los eventos multitudinarios en el entorno del Acueducto de los Milagros. También pide que se establezcan medidas de protección efectivas para preservar la integridad paisajística y ambiental del monumento y de sus zonas verdes.
Entre las reclamaciones figura evitar la instalación de elementos de fuerte impacto visual, como grandes estructuras temporales, baterías de baños portátiles y áreas de restauración en las inmediaciones del conjunto monumental. Los vecinos sostienen que la ciudad dispone de otros espacios municipales más adecuados para este tipo de actividades, como el recinto ferial u otras zonas habilitadas.
El escrito también reclama un plan de recuperación y mantenimiento de las áreas afectadas por el uso intensivo del enclave. Para los residentes, no basta con desmontar las instalaciones una vez finalizado cada evento: consideran necesario reparar el daño acumulado y fijar límites claros para que el entorno no siga deteriorándose.

El entorno del Acueducto de los Milagros, tomado por instalaciones temporales que han provocado el malestar vecinal. / Javier Cintas
"El progreso también se mide por el cuidado del patrimonio"
La propuesta de carta incluye una frase que resume el fondo de la protesta: "El progreso de una ciudad no debe medirse por el número de eventos que celebra, sino también por el respeto y el cuidado que demuestra hacia su patrimonio histórico y cultural".
Los vecinos defienden que el Acueducto de los Milagros no puede tratarse como un simple espacio para el ocio. En el texto recuerdan que se trata de "un bien histórico, cultural y turístico de valor incalculable" y reclaman una protección acorde con su importancia.
La queja todavía no ha sido enviada, pero el movimiento vecinal pretende abrir un debate sobre el modelo de uso de este enclave. La pregunta que plantean es incómoda: hasta dónde puede tensarse un entorno monumental antes de que la ciudad pague el precio en forma de deterioro, molestias vecinales y pérdida de calidad paisajística.
Por ahora, los vecinos preparan el escrito y estudian los siguientes pasos. Lo que sí trasladan ya es un mensaje claro: el entorno del Acueducto de los Milagros no puede seguir absorbiendo eventos sin que se evalúe su impacto real sobre el patrimonio, el descanso de los residentes y la imagen de Mérida.
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